-Ceci- él se rió nervioso- Por supuesto que puedo darte un consejo, ven aquí y siéntate- le invitó con amabilidad. Ella entró y la castaña tenía las mejillas bastantes coloreadas, Mónaco no sabía si era por vergüenza o si sólo se había pasado un poco de colorete. -Verá, padre, yo… Me siento muy apenada por tener que decirle esto- dijo con una risita. -Bien, ahora sí me estás preocupando, Ceci, ¿Necesitas algo?- preguntó empezando a dudar de si era o no una buena idea. Ella respiró hondo. -Seré precisa, lo siento, sé que usted debe estar ansioso por irse pronto, yo…Yo tengo una pareja, mi novio. Ramsés- acomodó un mechón de cabello tras su oreja- Tenemos cuatro años juntos, padre Mónaco y admito que es un hombre excepcional. No tengo quejas, en ningún sentido- agregó con una pequeña ris

