El todopoderoso caminó entre los dos jóvenes y se puso en dirección hasta donde se encontraba Nero cruzado de brazos observando la aparición de este. Nero al percatarse que el anciano se acercaba, puso una de sus rodillas en el suelo y agachó la cabeza para demostrar devoción.
- De pie Nero, ambos somos Dioses no hay necesidad de pleitesía amigo mío — le indicó el todopoderoso cuando se paró frente a él
- Bienvenido de vuelta señor, han pasado muchos años desde la última vez que nos vimos
- Sí, y veo que el reino ha crecido mucho desde su creación
- Hemos creado un lugar que sea digno de habitar por el resto de nuestras celestiales vidas
- Eso veo, se asemeja mucho a mi palacio — dijo caminando hacia las escaleras del Santuario — ¿Podemos platicar un momento Nero?
- Sí mi señor, siga adelante, posiblemente Myla esté adentro
Ambos entraron al santuario, dentro de este se podía notar los pilares de mármol enormes que iban hasta el techo del mismo, adornado con flores y candelabros gigantes que hacían que el lugar estuviese bien iluminado, a la par que los ventanales que iniciaban desde el suelo de los laterales hasta lo más alto de las paredes dejaban entrar la luz que desde afuera provenía. En el extremo final de aquel salón estaba Myla sentada puliendo su espada con una roca lisa.
- No hay necesidad de eso querida Myla, la guerra ha terminado — manifestó el todopoderoso al acercarse hasta la concentrada mujer
- ¡Señor! — exclamó sorprendida por la presencia del anciano en el santuario, se arrodilló y rindió nuevamente una reverencia — Es un placer tenerlo de vuelta en el reino de Syna.
- Ugh, ustedes dos son igual de tercos, ¿Olvidan que soy deidades como yo? ¡De pie! — volvió a exclamar el viejo para acercarse a Myla y darle un abrazo
Nero sonrió al ver la cara asustada de Myla la cual apenas se reincorporaba para devolverle el abrazo al todopoderoso.
- Syna… Buen nombre para este reino — comentó el viejo Dios caminando por los alrededores del salón
- Sí, el reino de la Unión — contestó Myla colocando su espada al lado del trono en el que se encontraba sentada
- Suena muy bien y se acopla a lo que realmente es, los estabilizadores entre dos reinos
- Disculpe mi señor, ¿a qué debemos su presencia? — preguntó Myla algo intrigada
- ¡Oh! ¡Cierto! — exclamó desviando su mirada nuevamente a la Diosa Myla — Es el cumpleaños número dieciocho de Haru, ¿no es así?
- Así es mi señor
- Está ya en edad de marcharse a Caelus, Nero, ¿cierto? — dirigió su atención ahora a Nero que se estaba ahora mirándole
- Sí mi señor, según nuestros lineamientos esa es la edad mínima que un gobernante tiene para comenzar a dirigir su pueblo — replicó sentándose en los escalones que llevaban al trono
- ¿Y Atlas? ¿Tiene un año menos verdad? — siguió indagando el todopoderoso
Myla y Nero asintieron con la cabeza mientras se miraban alternativamente entre sí.
- Ambos están en edad de ir a conocer sus reinos, sin duda alguna
- Pero mi señor, Atlas aún resta un año para esto
- Podemos enviarlo con un protector para que lo siga guiando en las cosas que le faltan por aprender
- Aun así, no sabemos quiénes son nuestros sucesores
- Veo que no han llegado las noticias, a lo mejor es el precio que deben pagar por poner la paz entre Caelus e Inférnum… La desinformación — dijo mientras seguía caminando por el salón hasta dirigirse hasta los escalones que llevaban al trono — ¿Puedo? — preguntó señalando el trono pidiendo permiso para sentarse
- Adelante, este es su hogar también — replicó Nero permitiéndole dicha acción
- Permítanme contarles lo sucedido cuando se creó el reino de Syna.
Allí el todopoderoso comenzó a contar toda la historia de ambos reinos luego de la desaparición de sus actuales regentes.
Luego de abandonar a los Dioses que recién creaban aquel enorme océano que dividió a los dos continentes, se dirigió hasta Caelus días después, presentándosele al consejo de gobierno en el momento que se estaba debatiendo que hacer ahora que Nero había desaparecido. Una vez allí les informó que debían elegir un nuevo gobernante ya que Nero había sacrificado parte de su poder junto con Myla para poder crear el océano que ahora dividia ambos reinos.
Alyssa, la hermana menor de Nero se levantó de la mesa y preguntó si su hermano se encontraba vivo, el todopoderoso contestó que sí, pero que las posibilidades de volverlo a ver eran casi nulas. Esto entristeció a Alyssa ya que su hermano mayor era todo para ella, su única compañía ya que luego de la muerte de su madre Cirila, ambos tuvieron que darle la cara al pueblo de Caelus y dirigirlo juntos para que siguiese prosperando.
El consejo de gobierno tomó la decisión que Alyssa sería la nueva reina de Caelus, ya que era la más apta para este puesto a la par que era lo más sensato. Ante los ojos del todopoderoso, Alyssa aceptó el cargo y abandonó la sala de inmediato, quebrándose en llanto fuera de ella. La idea de perder a su hermano la destrozó, este siempre fue su pilar principal y ambos eran muy unidos pero ahora todo esto la ponía en una posición donde no sabía si iba a realizar bien su trabajo.
El todopoderoso abandonó la sala del consejo y se dirigió hasta donde se encontraba Alyssa, reconfortándola y dándole ánimos.
- Serás una buena reina como Cirila, tienes la fuerza de tu madre, me recuerdas mucho a ella — le dijo el todopoderoso tomándole firmemente el hombro
- ¿Mi hermano está bien? Es lo único que me interesa ahora mismo — se giró para preguntarle al viejo Dios
- Sí, Nero está bien, está junto a Myla en un nuevo reino que ambos crearon su sangre para detener la guerra — contestó explicándole a detalle lo que había sucedido
- Entiendo — dijo limpiándose las lágrimas y levantándose — espero realizar un trabajo tan bueno como el de mi hermano, sé que en cualquier momento volverá y estará orgulloso de mí — continuó hablando con decisión y acomodando su vestido para caminar hasta la sala del consejo nuevamente — Muchas gracias mi señor, por su visita y por aclararme el estado de mi hermano.
El todopoderoso asintió con su cabeza y se levantó de igual forma, viendo como la mujer volvía hasta la habitación donde estaban todos reunidos continuando la asamblea, donde duraron horas planteando el plan de gobierno y como se distribuirían las responsabilidades entre sí.
Días después, todo el pueblo de Caelus fue citado a la entrada del Templo que se encontraba en el centro de la ciudad. Allí fue coronada Alyssa, como la nueva gobernante de todo el reino de Caelus. La gente aplaudía y lanzaba pétalos de rosa blancos al aire, el pueblo estaba contento con la decisión de que esta fuese su nueva reina. El regocijo de la gente, el cantar de los pájaros y la unión del pueblo hicieron que Alyssa se sintiera bastante bien por haber aceptado el tomar las riendas de Caelus.
El viejo Dios también viajó a Inférnum con sus poderes de tele transportación, encontrándose con una situación bastante diferente a la de Caelus. El guerrero Damian había tomado la corona sin necesidad de un consejo de gobierno o unas votaciones, algo que le causó bastante curiosidad al todopoderoso así que decidió indagar directamente con el nuevo Rey, llevándose la sorpresa de que Myla le había designado como protector del reino debido a su estatus como el mejor guerrero que jamás existió en el reino de Inférnum, también por ser la mano derecha de la Diosa reina en su mandato, claramente era algo que no necesitaba una reunión de consejo o algo por el estilo, simplemente debía suceder.
- Entonces los reinos están en buenas manos, mi señor — comentó Myla levantándose de los escalones y parándose a la derecha de su esposo
- Al parecer sí, una vez cada cierto tiempo viajo para cerciorarme de que todo vaya marchando como debe marchar
- ¿Y si nos negamos a que nuestros hijos abandonen el reino de Syna?
- No hay negación en estas situaciones, son cosas que deben hacerse Nero
Nero miró a Myla con preocupación pero esta le devolvió una mirada de comprensión, acariciándole la mejilla.
- Si estas personas son las que están a cargo de nuestros reinos, estoy de acuerdo en que sean enviados a convivir con los suyos — dijo Myla aceptando que sus hijos fuesen enviados a sus respectivos reinos heredados
- Pero Myla… — interrumpió Nero poniéndose enfrente de ella
- Nero, tu hermana Alyssa cuidará bien de Haru, en cuanto a Atlas enviaremos a Diana para cuidarlo, no te preocupes — susurró Myla lo más bajo que pudo intentando detener a Nero de alguna queja
Nero dio un paso atrás, pasándose la mano por la cara y luego de un largo suspiro asintió con la cabeza confiando en la palabra de su esposa, al final ella era la más sabia de los dos.
En ese breve instante entraron Haru y Atlas al santuario corriendo como de costumbre y siendo perseguidos por su tía Astraea.
- ¡Deténganse ya, estoy cansada! Chic… — venía exclamando Astraea hasta que se fijó que estaban ante la presencia del todopoderoso y en ese momento se detuvo quedándose totalmente inmóvil
- Un poco inquietos, ¿no? — comentó el anciano levantándose con dificultad del trono en el que se encontraba sentado
- Son muy disciplinados, están en su hora de descanso mi señor — dijo intentando defenderlos para evitar que les llamasen la atención
- Tú eras así de pequeña Astraea, no lo olvides
Astraea se había criado en el palacio del todopoderoso junto con todos los seres celestiales que allí habitaban. Esta fue elegida para habitar el reino de Syna ya que era la más responsable y habilidosa de todos en el templo, siendo una buena adición al nuevo continente creado para estabilizar la situación entre Inférnum y Caelus.
- Muy bien, ya que están acá quisiera preguntarles algo a ustedes dos — manifestó el todopoderoso ya de pie y con sus manos cruzadas debajo de su abdomen.
Haru y Atlas se mantuvieron en silencio parados lado a lado mirando al anciano que allí se encontraba, a pesar de no tener muy presente al Dios de Dioses, sabían muy bien que estaban ante la presencia de un ser superior y debían escuchar atentamente.
- ¿Tienen claro para lo que están destinados y para lo que se han estado entrenando?
Ambos asintieron con la cabeza y se mostraron contentos al respecto.
- Hoy estamos celebrando vuestro cumpleaños, pero mañana deberán partir cada uno a vivir una nueva vida, la vida para la que han nacido — dijo el anciano bajando las escaleras lentamente — así que disfruten de su último día como unos seres celestiales ordinarios, ya que mañana comenzarán a vivir como Dioses y formarse para recibir la corona que los proclame reyes de sus reinos.
Haru y Atlas se sintieron conmovidos y llenos de poder con las palabras del todopoderoso, aunque sabían que tendrían que marcharse en algún momento no esperaban que fuese tan rápido y de una manera tan repentina. El hermano menor fue el que se sintió con más miedo, luego de vencer la dependencia que tenía por sus padres, aún en su corazón tenía ese temor de abandonarlos posiblemente para siempre.
- No olviden, ustedes son los protectores del mundo, en ustedes depende el futuro del planeta Eros — sentenció el todopoderoso para luego despedirse con una seña y desaparecer entre su resplandor representativo
Un silencio torrencial invadió el salón del Santuario, Astraea miraba alternativamente a Myla y Nero buscando una respuesta, pero como ella, estos también estaban algo consternados, de igual manera Haru y Atlas que estaban experimentando sentimientos encontrados en ese instante.
- Eso quiere decir que debemos separarnos — dijo Haru girándose para mirar a su madre
- Sí pequeña, es hora de marcharse — contestó Myla con algo de tristeza en su voz
- No hay otra opción, fue bastante firme el anciano en decir eso — agregó Atlas pasándose los dedos por los ojos secándose las lagrimas
- No, este es su destino, el gobernar los dos más grandes reinos de Eros — Nero dijo para luego subir las escaleras hasta el trono algo cabizbajo
Nero se marchó hasta su habitación la cual se ubicaba detrás del trono, en silencio todos abandonaron el Santuario a excepción de Myla, que siguió a su esposo hasta sus aposentos. Al entrar a este pudo ver a Nero abriendo uno de sus cofres sacando un par de cosas de él, Myla se sentó en el borde la cama esperando que este hablara pero no lo hizo.
- Puedo sentir tu tristeza Nero — Myla percibía las emociones de su esposo gracias a sus habilidades y no dudó en decirselo
- Lo sé, al igual que yo puedo percibir la tuya detrás de esa coraza que siempre sueles usar para mostrarte fuerte
- Debemos mostrarnos fuertes ante nuestros hijos, de otra manera se marcharán tristes y pensando que estamos destrozados
- No podemos ocultarlo Myla, son nuestros hijos y estoy segura que sienten lo mismo que nosotros
- Hay que ser fuertes Nero, nuestros niños ya no son niños y sabemos que estarán bajo gran cuidado
- ¿Y qué hay de Atlas? ¿Aun tienes en mente enviar a Diana con él?
- Sí, pero debemos hacerlo en silencio
- ¿Por qué lo dices Myla? — soltó el cofre para preguntarle a su esposa mirándola a los ojos
- Hay algo que no me da una buena espina de esto Nero, y sucedió desde la primera vez que el todopoderoso se nos presentó
Myla procedió a acercarse hasta Nero, hablándole al oído para que nadie escuchase lo que estaba diciéndole, este escuchó atentamente entendiendo todo lo que su esposa le decía.
Mientras tanto, en las afueras del Santuario, más específicamente en la costa se encontraban Astraea, Haru y Atlas sentados en la arena observando las olas del océano moverse de izquierda a derecha.
- Hay algo que quiero regalarles ya que cabe una gran posibilidad de que no nos volvamos a ver en muchos años — dijo Astraea metiendo la mano en su bolsillo
Al sacar la mano, en ella tenía dos piedras brillantes forjadas en el mismo palacio del todopoderoso, una era azul y la otra era roja. La azul era para Haru, representaba el agua, esta piedra mágica tenía un poder especial el cual era reforzar las habilidades acuáticas de su portador y así poder alcanzar el punto máximo de sus conocimientos. La piedra roja representaba el fuego, al igual que la piedra de Haru, esta también reforzaba las habilidades con el fuego, pero tenía la particularidad de que gracias a que Atlas controlaba el fuego oscuro esta piedra lo haría convertirse en un maestro de este arte. Se las entregó a cada uno en sus manos.
- Úsenlas de manera correcta, son unas piedras especiales fabricadas únicamente para ustedes — comentó Astraea luego de entregárselas
- ¡Gracias tía Astraea! — exclamaron Haru y Atlas abrazándola y haciéndola caer en la arena
- ¡Hey hey basta basta que me van a ensuciar más!
Los tres rieron un rato mientras se tiraban arena encima bromeando para luego salir corriendo hasta el agua y seguir jugando allí. Astraea había creado un vínculo especial con estos chicos como se podía ver, a tal punto de llamarla tía. Su partida le haría sentirse algo triste pero sabía que tarde o temprano sus caminos volverían a cruzarse y para ese entonces ya estarían hechos todos unos adultos.
- ¡Es hora de comer! — gritó Myla desde una pequeña montaña de tierra la cual separaba la arena del jardín del Santuario
Los chicos y Astraea dejaron de jugar en el agua para salir de ella y dirigirse al Santuario.