Se llevó a cabo la cena de despedida para Haru y Atlas, todos disfrutaron el momento de compartir juntos una vez más antes de marcharse a la cama para el día siguiente separar sus caminos por primera vez sin certeza alguna de volverse a ver en un futuro incierto.
También organizaron un festín de postres por el cumpleaños de los dos hermanos, algo que estos agradecieron un montón ya que debido a su arduo entrenamiento no les dejaban consumir muchas cosas que afectaran su rendimiento físico.
Al anochecer, todos los seres celestiales se marcharon a sus respectivas habitaciones a dormir, algunos preferían simplemente merodear por la isla y dormir en cualquier sitio que fuese de su agrado, al final esta isla era un lugar de paz y relajación para todos.
Haru salió del Santuario y emprendió su camino hasta la costa, bajando aquella pequeña montaña de tierra que limitaba la arena con la plataforma donde vivían, se quitó sus sandalias y comenzó a caminar por la arena lentamente arrastrando sus pies hasta llegar al borde del océano, la olas que venían hacían que el agua llegase hasta los pies de la chica de ahora dieciocho años. Recordaba todos los momentos que vivió en ese mismísimo lugar, todas las bromas que le hizo a Atlas, a sus padres e incluso a su tía Astraea, sin duda alguna iba a extrañar cada pequeña cosa que pudo disfrutar en el reino de Syna.
Estaba preparada para cualquier cosa, más aún para una responsabilidad como era llevar la corona del reino de Caelus, y aunque sabía que no subiría al poder de inmediato, quería conocer a su tía Alyssa de la cual su padre habló mucho. Estaba animada por conocer la historia acerca de su abuela Cirila, como esta se convirtió en la primera Diosa mujer en ser reina de un continente en Eros, todo esto la fascinaba y la hacía poner la piel de gallina de emoción.
La chica siguió caminando hasta adentrarse en el agua, dándose un chapuzón y comenzando a bucear a esas horas de la noche. Aunque no importaba si fuese de día o fuese tarde, Haru podía hacerlo cuando quisiera ya que su habilidad de nacimiento era esta, su conexión y su control con el agua, a la par que todos los seres marítimos la veían con amor y respeto. Continuó buceando hasta que todo en su alrededor comenzó a estar oscuro, dándole señal de que se encontraba en un lugar bastante hondo. Cabe resaltar también que Haru puede respirar bajo el agua, aunque tampoco fue una tarea fácil ya que temía que pudiese ahogarse pero con arduo trabajo logró acoplarse a su técnica de nacimiento.
Haru cerró los ojos, concentrándose, flotando en la mitad del océano giró su cuerpo junto con sus manos creando un pequeño remolino dentro del agua, haciendo que el océano se sacudiera por completo en esa zona. Gracias a esto, gran parte de su alrededor se iluminó, todo esto gracias a la bioluminiscencia creada por las algas. Inició un paseo nocturno rodeada de esa luz brillante de color azul que a los ojos de cualquier hombre resultaba asombrosa.
No había cosa que hiciese más feliz a esta chica que disfrutar de una buena noche de buceo, su mente se relajaba, su cuerpo igual, recuperaba energías de esta manera. Al ir avanzando se encontró con un montón de especies de peces, al igual que delfines con los cuales jugó un largo rato antes de volver a marcharse a la superficie. Así que con gran velocidad ascendió hasta que su cuerpo entero salió disparado por los aires, manteniendo la postura se dio cuenta que había ido tan alto que podía ver todo el Santuario, un lugar hermoso sin duda, su hogar durante muchos años al cual debía decirle adiós en unas horas.
Al descender, puso su pie derecho en el agua flotando en ella, una vez lo logró bajó su pie izquierdo para mantener el equilibrio y caminar hasta la orilla. Muy concentrada y aún perfeccionando su arte, logró llegar hasta la arena donde finalmente se relajó y con una sonrisa en la cara se sentó, cruzando sus piernas y admirando el paisaje.
- Siempre es lindo observar la bioluminiscencia cuando haces tus buceos nocturnos — susurró Nero acercándose lentamente a su hija
- ¡Papá! Perdóname, sé que no te gusta que bucee de noche — Haru respondió exaltada y excusándose de inmediato
- No te preocupes, estás mayor ya y te puedes defender de cualquier cosa — respondió acariciándole la cara y sentándose a su lado
Haru se dejó caer en el hombro de su padre, este la abrazó y contemplaron el océano bajo la luz de la luna por un largo rato en silencio.
- Papá — dijo en voz baja Haru
- Dime hija, ¿qué sucede?
- Háblame de mi abuela — pidió Haru con algo de pena
- ¿Y esa intriga tan repentina? — respondió Nero algo sorprendido por la petición de su hija
- Deseo conocer más de ella, conozco muy poco de nuestra familia
Nero aclaró su garganta y acomodó su postura, dejando la cabeza de Haru en su regazo y acariciando su largo cabello.
- Cirila, la Diosa de las Rosas. Tu abuela fue la primera reina mujer que gobernó Caelus, una mujer bondadosa, dulce, muy atractiva por cierto. Fue conocida por su buena fe y buenos actos con el pueblo de Caelus, siempre estuvo dispuesta a ayudar a los más necesitados — dijo Nero contando parte de la historia de su madre, con la mirada fija en la luna — También es conocida por ser la mejor guerrera que existió, ganando batalla tras batalla, incluso se dice que jamás fue herida en combate a pesar de siempre estar en la primera línea con su ejército. — siguió contando Nero a su hija que escuchaba atentamente.
- La abuela Cirila sí que era una Diosa — dijo Haru bastante animada al escuchar la historia
- Sí, creo que ninguno de nosotros ha podido llegar a tocarle los talones en ningún aspecto. Una Diosa que no tiene comparación con nadie, al menos por ahora. — dijo Nero haciendo incapie en dejar las posibilidades abiertas
- ¿Por ahora? — Haru se intrigó aún más por ese comentario
- Sí, por ahora
- ¿Por qué lo dices papá?
- Porque tengo la certeza de que me superarás fácilmente y luego de eso, lograrás ser más que tu abuela — manifestó con seriedad y firmeza en sus palabras
- No creo poder ser más que mi abuela, eso es imposible, ¡Ella es asombrosa! — exclamó Haru negándose a la teoría de su padre
- Mi madre siempre me visita en mis sueños y en distintas ocasiones siempre la veo contigo — Nero confesó mirando a Haru a los ojos sin dejar de acariciarle el cabello
Haru escuchó con atención, sorprendiéndose de lo que decía su padre acerca de sus sueños.
- Debido a la clarividencia que tenemos por herencia, eso significa algo… Pero yo no perfeccioné mi técnica así que no puedo decirte
- Posiblemente mi tía Alyssa pueda decirme, ¿no? — preguntó animada de saber que significaban los sueños de su padre — Ella es experta en clarividencia, me lo contaste
- Sí, podrías preguntarle a la tía Alyssa que significa — agregó Nero acariciándole el cabello a Haru — ¿Continuamos la historia?
La chica asintió con la cabeza con una sonrisa de oreja a oreja.
- Hay una leyenda acerca de su espada, se decía que para Cirila era como sostener una flor de lo ligera que podría llegar a ser, pero una vez en una batalla en contra del ejercito de Raijin, fue desarmada por Xhin, que es conocido como el último espadachín del rayo — continuó contando con emoción mientras su hija seguía atenta a la historia — En ese instante cuando Xhin logró desarmarla, la espada de este se rompió instantáneamente, estallando en el aire dejándolo también sin arma alguna, en un acto de rapidez tomó por el mango la espada de Cirila que al principio pudo levantar, pero cuando fue a usarla en contra de ella, esta se puso tan pesada llegando a torcerle la muñeca a Xhin y por consecuencia la espada cayó nuevamente al suelo y recuperada por Cirila.
- ¿Qué sucedió después de esto? ¿Xhin murió?
- No, Cirila en un acto de honor le perdonó la vida y ambos se marcharon del campo de batalla. Actualmente se desconoce el paradero de Xhin, pero todos lo conocemos como el único hombre que pudo desarmar a Cirila.
- ¿Y la espada? ¿Alguien más la pudo llegar a usar?
- No mi cielo, la espada está escondida en lo más alto del Monte Cirila en Caelus, donde sólo tenemos acceso aquellos que tenemos un vínculo de sangre con la gran Diosa
- ¿Intentaste usar esa espada? — preguntó Haru llena de curiosidad gracias a las historias de su padre
- Por supuesto, al igual que tu tía Alyssa pero ambos fallamos en el intento
- Pero no tiene sentido, son sus hijos, la espada debería saber eso ya que siento que tiene vida propia
- Posiblemente no somos los elegidos — dijo Nero en tono serio — sin embargo, si tu tía Alyssa te lleva al Monte Cirila a entrenar, puedes intentar usarla tu
- Y terminar con la muñeca rota como Xhin, no papá, gracias
- Bueno, sólo lo sabrás cuando comiences tu entrenamiento del modo Dios
- ¡¿Modo Dios?! — exclamó sorprendida y aún más confundida
- Eso es algo de lo que te platicaré luego, mientras tanto vamos a dormir que ya es tarde — sentenció Nero dejando de acariciarle el cabello a su hija para levantarse
Nero y Haru se levantaron de la arena, la chica pegó un breve salto rodeándole el cuello a su papá desde la espalda al igual que sus piernas por su cintura. Este la recibió y con sus manos la aseguró por la espalda, llevándola cargada hasta el Santuario. El último paseo de caballito como padre e hija.
- Ya pesas bastante Haru — comentó Nero quejándose
- No peso nada, tu estas viejo papá — dijo Haru burlándose de su padre
- ¡Hey! ¿Y esa falta de respeto?
Haru soltó una carcajada mientras iba con su padre hasta el Santuario pero fueron detenidos por Astraea, la cual salía del salón.
- ¿Qué hacen tan tarde afuera?
- Papá me estaba contando la historia de mi abuela Cirila, ¿la conociste?
- Sí por supuesto, en el templo siempre se habló de ella y lo grandiosa que fue
- ¿Y tú que haces tan tarde afuera Astraea? Creí que estabas durmiendo
- No puedo dormir, salí a tomar algo de aire — respondió estirando sus brazos hacia arriba — por cierto, antes de entrar ¿Puedo hablar un momento con Haru?
Nero se agachó dejando que Haru se bajara de su espalda, asintió con la cabeza y se dirigió al interior de su hogar dejando a las dos chicas afuera a solas.
- Haru, hay algo que quiero regalarte también antes de que te vayas
- ¿Qué cosa tía Astraea?
- Cuando comencé a hacer parte de tu entrenamiento, vi que tienes un talento innato con el arco y quisiera recompensarte por el trabajo duro que hiciste durante todos estos años
Haru se llevó la mano a la boca, sorprendida.
- En la casa de árbol se encuentra tu regalo, puedes buscarlo si gustas — le indicó Astraea a la chica que se encontraba muy animada
Esta corrió tan rápido como pudo y subió por la soga que aún de allí colgaba. Una vez arriba se fijó que estaba el arco de oro y una bolsa llena de flechas junto con frascos pequeños para realizar hechizos.
- ¡Tía esto es increíble, muchas gracias! — exclamó asomando la cabeza por la pequeña ventana de la casa del árbol
Astraea esbozó una sonrisa y se sentó en los escalones que llevaban al santuario esperando que la chica bajara. Una vez esta descendió con el arco y la bolsa de flechas, corrió hasta donde estaba su tía y la abrazó muy fuerte.
- ¡Gracias, gracias, gracias! ¡Esto siempre lo quise tía Astraea! — seguía exclamando con emoción gracias al regalo
- Cuando terminaste tú entrenamiento supe que sería un regalo que te vendría de mucha ayuda a la par que aquella piedra que te obsequié.
- ¡Oh sí, mira! — dijo Haru sacándose el collar que tenía debajo de la ropa mostrándoselo a Astraea — adjunté la piedra a una cuerda para llevarla siempre conmigo
Astraea le dio un abrazo de vuelta a Haru, no pudo contener la emoción y las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas. La emoción de ver a Haru crecer y ser tan buena le llenaba el corazón de una manera inconmensurable. Al separarse Haru le limpió las lágrimas y comenzaron a reírse.
- Espero que nos volvamos a ver en algún momento tía Astraea
- Yo igual, aunque no te preocupes — susurró mirando de lado a lado — en cualquier momento me escapo y te visito — terminó la frase guiñándole el ojo a la chica
Ambas entraron al santuario para así intentar conciliar el sueño, ya que mañana sería un día bastante difícil de asumir y debían estar descansados para tal cosa.