Luego de desmantelar todo el campamento, procedieron a enterrar el cuerpo de Marcus en el mismo lugar donde murió, después de correr las noticias hasta la aldea de las ninfas estas vinieron a ayudar a terminar de arreglar aquella zona de campamento que se encontraba destruida. Con sus poderes mágicos hicieron que el lugar fuera un pequeño jardín el cual rodearía la tumba de Marcus, el cual a pesar de ser un traidor y asesinar a una de sus compañeras, hizo parte de las ninfas cuando fue adoptado por estar cuando niño, como todos merecía una sepultura digna.
El cuerpo de Maya fue llevado de vuelta a las ninfas, donde se le realizó un funeral. Allí mismo fue enterrada junto con su arco como la guerrera que era, se le construyó un pequeño altar donde se le vendría a presentar sus respetos por entregar su vida en la batalla que las liberó de los ataques constantes por parte de los forajidos.
Al culminar el sepelio, Danae se quedó junto con Vulcano y Danae al pie de la tumba de rodillas. El cielo se nubló dejando caer un par de gotas de lluvia que luego pasarían a ser un montón, empapándolos en su totalidad pero esto no fue impedimento para mantenerse ahí.
- Estás llorando, Haru — dijo Danae observando al cielo y dejando que la lluvia le golpeara en el rostro
Haru estaba aún consternada luego de ver como Maya fue asesinada, no habían pasado muchas horas pero esta chica fue muy amable con ella entregándole su arco el cual mantenía cerca de su pecho mientras las lágrimas bajaban por sus tersos pómulos.
- Maya era una buena chica, no merecía acabar así — sollozando Haru habló
- Dio la cara por nuestro pueblo, fue valiente
- Sí que lo fue Haru, lloramos hoy pero estoy seguro que Maya no quisiera verte así — dijo Vulcano consolando a Haru
- Ríndele tributo usando su arco, eres la única persona que se quedó con una de sus pertenencias — manifestó Danae acariciándole la espalda
- Así será Danae, la recordaré siempre
Danae se levantó del suelo no sin antes agachar su cabeza mostrándole respeto a Maya, para luego darse la vuelta y regresar a su cabaña.
Vulcano rodeó su brazo por el hombro de Haru y la abrazó. El guerrero intentaba consolar a la princesa pero esta no paraba de llorar, golpeaba el suelo manchándose la mano con la tierra humeda.
- Haru, debes acostumbrarte a estos desenlaces — Vulcano le dijo en voz baja indicándole que a esto se enfrentaría comúnmente
- No quiero que haya más violencia
- Es lo que aún nos rige, aún seguimos resolviendo las cosas de esa manera
- Debemos hacer que eso cambie Vulcano
- Dudo mucho que eso suceda, tenemos muchas batallas por enfrentar aún
- Desearía que estuvieses a mi lado cuando tome la corona de Caelus
- ¿Por qué yo? — preguntó Vulcano girando su mirada a la chica
- Eres la persona que más entiende de esto, muerte y batallas
- Y tu deseas paz
- Al igual que tu deseas paz, ¿crees que no lo veo en tus ojos?
Vulcano agachó la cabeza y dirigió su mirada nuevamente a la tumba de Maya.
- Espero que en futuro pueda lograr esto para todos, la paz
- Estaré contigo, Haru — dijo aceptando la petición de Haru
Haru se giró sorprendida mirando a Vulcano a los ojos
- ¿Lo dices en serio? — Haru preguntó con emoción
- Sí, has demostrado que eres valiente y tus intenciones son más que buenas
- Gracias Vulcano
- También decidí que serás mi alumna, mi aprendiz — confesó mientras le acariciaba nuevamente la espalda
La chica devolvió su mirada a la tumba de Maya, sonriendo para si misma.
- Ahora vamos a cambiarnos, nos marchamos mañana a la cabaña del viejo
Haru se levantó junto a Vulcano y se dirigieron a la cabaña para cambiarse la ropa mojada. Pasaron la noche dentro de esta debido a la lluvia, recibieron un par de visitas de Danae la cual es trajo comida caliente y te. Platicaron un par de veces acerca de Haru y lo que hacía con sus padres en Syna, Vulcano se atrevió a contar su historia con Danae frente a Haru, algo que esta intentó evadir ya que no era propio para los oídos de la chica escuchar esas historias.
Al cesar la lluvia, Danae salió de la cabaña y comenzó a darse un pequeño paseo por la aldea despejando su mente. De un momento a otro se giró para darse cuenta que estaba siendo acompañada por Haru.
- ¿Sueles hacerlo a menudo? — preguntó Haru acercándosele por detrás
- Sí, cuando me siento agobiada y con saturación mental
- Es buena terapia
- Sí que lo es
Siguieron caminando por un rato más, escuchando el canto de los grillos. La luz que los hongos y las flores generaban iluminaban el camino que recorrían, unas enredaderas caían de los arboles las cuales tenían una especie de focos que brillaban a medida que caminaras. Al llegar a una pequeña ruina de piedras ambas se detuvieron.
- ¿Qué es esto Danae? — preguntó observando las rocas esparcidas
- Son las ruinas de una enorme roca que aquí yacía
- ¿Qué le sucedió a la roca?
- Te sorprenderías si te cuento la historia — dijo sonriéndole
- Soy todo oídos
Danae sonrió y comenzó a caminar alrededor de las ruinas, observándolas atentamente.
- Hace muchos años atrás, un hombre con el deseo de perfeccionar sus técnicas se acercó a la aldea buscando ayuda — dijo agachándose y tomando una de las pequeñas piedras en su mano — Yo me ofrecí a ayudarlo, así que luego de un arduo entrenamiento espiritual lo traje aquí, junto a la gran roca de la aldea.
- ¿Con qué propósito lo trajiste?
- Su prueba final era romperla con su técnica, la cual era la electricidad. Este hombre podía controlar el rayo pero no había perfeccionado su poder, por ende cada intento que hacia lo dejaba agotado o simplemente causaba un daño desmedido
- Veo que logró romperla por lo visto
- Sí, al final logró su cometido luego de un largo tiempo intentándolo. Un hombre perseverante, jamás se rindió hasta lograr lo que quería.
- ¿Quién era este hombre? ¿Aún vive?
- Tu puedes responder esa pregunta, Haru
- No entiendo
- Aquel hombre era Nero, tu padre
Haru levantó su mirada y esbozó una sonrisa mirando a Danae.
La ninfa desenvainó una de las dagas que traía en su cinturón, clavándola en medio de las ruinas. Esto captó la atención de Haru la cual no entendía que estaba haciendo Danae, pero segundos después lo entendió luego de que cayera un rayo que pulverizó la daga y dejó a todas las rocas restantes saltando chispas, la estática del lugar se elevó causando que Haru diera un paso atrás.
- ¡Wow! — exclamó sorprendida
- Es el poder residual de Nero, lo dejó acá por si en algún momento éramos atacadas
- ¿Nunca lo usaste?
- No, no me atrevo a usarlo. Posiblemente muera en el intento
- No sabía que mi padre había visitado tu aldea
- Hay muchas cosas que tu padre mantiene en silencio, es un hombre muy cauteloso. No le gusta que todos sepan lo que hace
- Sí, de eso te puedo dar fe. Mi padre no es una persona que le guste que sus actividades sean relatadas por el mundo
- Nero fue un rey excelente, vivimos en paz por muchísimo tiempo hasta que hubo conflicto con Inférnum
- No estoy muy enterada de eso, tristemente solo se me el final de esa historia
- Es algo muy confuso, todo comenzó con la muerte extraña de Cirila al igual que la de Nox, su contraparte.
- ¿Crees que hay algo que no se ha contado o no se conoce todavía?
- Sí, sin duda alguna. Pero entre más he investigado más historias escucho por ende termino aún más confundida
- Mis padres nunca hablaron al respecto, al menos no frente a mí
- Estoy segura que ellos tienen la misma sensación que yo
- ¿Qué sensación?
- Que toda la guerra fue desatada por acciones de algo o alguien que está por encima de nosotros
Haru escuchaba atentamente las palabras de Danae, todo este tema de la guerra entre Inférnum y Caelus que causó que sus padres renunciaran a los reinos creando uno que sería el intermediario de ambos era algo que la llenaba de dudas que deseaba resolver, su curiosidad iba más allá de los límites y sabía que podría ser algo peligroso pero no descansaría hasta entender que sucedió.
- Danae — dijo Haru en voz baja
- ¿Sí? — respondió dándole toda su atención a Haru
- Me gustaría que me tomaras como tu aprendiz
- Pero Haru, ¿no debes retornar a Caelus?
- Sí, pero vendré ocasionalmente a visitar así que en esas ocasiones me gustaría aprender a controlar mi elemento
- Siempre serás bienvenida en mi aldea, fuiste nuestra salvación junto Vulcano
- Gracias a ti por salvarme de entrar a la boca del lobo
- Sólo hice lo que cualquiera hubiese hecho
Danae se puso de pie nuevamente, regresando a la aldea junto con Haru. El camino se hizo corto y al llegar a su destino se dieron un abrazo.
- ¿Cuándo se marcharan?
- Al amanecer, Vulcano me tomó como su aprendiz así que debo hacer lo que me pida
- Eres afortunada, aprenderás mucho de Vulcano estoy segura
- Gracias Danae, que descanses
Ambas procedieron a marcharse. Haru retornó a su cabaña donde podía escuchar a Vulcano roncar desde el exterior, Danae notó esto y soltó una pequeña carcajada antes de entrar a su hogar. La chica se metió en su cama cubriéndose con la manta que allí tenía, suspiró y cerró los ojos para intentar dormir.
Haru al conciliar el sueño comenzó a soñar, en este sueño ella podía observar como el cielo se quebraba como si fuese un cristal, de él descendían unas criaturas con alas, para nada eran humanos y mucho menos seres celestiales, sólo lograba ver la silueta oscura de estos descender de los cielos en grandes cantidades, podía sentir como su cuerpo se tensaba ante la sensación de peligro. Al despertarse se encontraba acompañada de Vulcano el cual la sostenía de los dos brazos.
- Por los Dioses Haru, ¿estás bien? — Vulcano preguntó mientras la tenía de los brazos
- Sí… sí, estoy bien
- ¿Qué estabas soñando?
- Una tontería, no sé porque me alarmé tanto
- Estás sudando frío, ¿estás segura que estás bien?
- Sí sí Vulcano, no te preocupes — dijo intentando calmar la preocupación de su maestro
- Está por amanecer, debemos marcharnos así que descansa un poco más antes de irnos
La chica asintió con su cabeza y volvió a colocarla en la almohada, suspiró y pensó en como este sueño había logrado que se tensara tanto, no había peligro pero al mismo tiempo su cuerpo y mente lo tomaba como algo peligroso, al fin y al cabo estaba despierta y liberada de esa pesadilla.
Pasaron un par de horas hasta que amaneció por completo, Haru y Vulcano salían de la cabaña junto con sus pertenencias y un poco más, par de regalos de las ninfas y comida. Haru se despidió de cada una de ellas al igual que Vulcano, caminaron hasta la salida de la aldea donde los estaba esperando Danae junto con dos caballos.
- Bonitos caballos Danae — Haru le dijo acercándose a estos y acariciándolos
- Gracias, son un regalo para ustedes
- ¿En serio?
- Sí, pertenecían a los saqueadores así que los hemos traído acá. Construiremos un establo para ellos así estarán a salvo
- ¿Sabes montar a caballo, Haru?
- Puedo intentarlo
- Les hemos puesto unas sillas, así que están listos para montar
Haru puso su pie en el soporte y con ayuda de Vulcano terminó de subirse, el caballo se mantuvo tranquilo cuando la chica lo acarició.
- Al parecer no me va a tirar al suelo — manifestó Haru sonriéndole a Danae
- Le agradas, eso está muy bien
Vulcano procedió a montarse en el suyo no sin antes despedirse de Danae, a la cual le dio un fuerte abrazo al igual que un cálido beso en los labios.
- También te amo, Danae — dijo Vulcano agachándose un poco para susurrárselo en el oído a la dríade
- Pensé que nunca lo dirías
- Me toma tiempo, ya lo sabes
Danae le dio una palmada al caballo haciéndolo galopar entre los árboles. Lo mismo hizo con el de Haru a la cual le dedicó una sonrisa de despedida.
- ¡Espero regreses pronto!
- ¡Lo haré, gracias por el hospedaje! — gritó Haru de vuelta mientras se alejaba entre los arboles
El caballo de Haru alcanzaría al de Vulcano y comenzarían a avanzar a un paso lento dictado por el corcel que montaba el guerrero. No pasaron más de dos horas hasta arribar a la cabaña del viejo maestro de Vulcano, allí dejarían descansar a los caballos después de un largo viaje.
- ¿Pescamos? — preguntó Vulcano acercándole una de las cañas de pescar que estaban al pie de la cabaña
- Perfecto
- Mañana volveremos al entrenamiento común, haremos de ti la guerrera más temible de Eros