Otro día más llegaba en la vida de Atlas, su vida en secreto junto a Julius el panadero el cual le había ofrecido su casa como estadía así ocultándolo del régimen asesino de deidades del rey Damian, durante su estadia pudo evadir a todos los guardias que allí entraban a merodear o investigar ya que cada vez se escuchan los rumores de que el hijo de Myla había llegado a Inférnum pero por más búsqueda que hicieron nunca lograron encontrarlo.
Su trabajo como panadero fue una buena opción, Julius lo había ayudado de una manera desinteresada y a este le debía su vida. Atlas no la tuvo fácil ya que no podía casi salir de la cabaña a no ser que fuese acompañado de Julius y cubierto hasta la cabeza. En distintas ocasiones intentaron detenerle pero logró escaparse de manera exitosa pero sabía que en cualquier momento no lograría hacerlo y seria capturado. Los guardias buscaban a una deidad la cual no sabían cómo lucia, Atlas se había teñido el cabello, este pasó de ser de un color cobrizo a n***o, su brazalete de Nox estaba guardado en una caja debajo su cama, junto con todas sus pertenencias de valor sentimental.
Atlas bajó las escaleras encontrándose con Julius platicando con alguien desde la puerta, se le escuchaba algo agresivo pero el panadero se mantuvo firme y amable, no quería problemas y era algo que siempre dejaba claro a todos los clientes. Este era un lugar pacifico donde compartir y proveer a las demás familias de la ciudad como cualquier otro.
El chico a notar la actitud rara de la persona que amenazaba a Julius subió con rapidez a su habitación, agachándose y sacando la caja donde estaban todas sus cosas, entre estas estaba la daga que su tía Astraea le había regalado, le pasó el dedo levemente por la hoja realizándose un corte leve cerciorándose de que estuviese afilada, acto seguido cerró la caja y la devolvió a su sitio para así bajar las escaleras nuevamente con la daga en su espalda sostenida por su mano.
Aquel hombre el cual amenazaba a Julius había entrado a la panadería y buscaba bastante desesperado algo hasta que se topó con Atlas, el cual le clavó una mirada directa a los ojos haciendo que el hombre diera un paso atrás calmando su ansia.
- Buenos días, no hemos abierto aún mi señor — Atlas dijo desde el pie de las escaleras a su habitación con una sonrisa en su cara
El sujeto caminó hasta Atlas y lo observó de cerca, el chico se mantuvo firme ocultando su daga pero comenzaba a sentirse incómodo y amenazado por este hombre que se mostraba algo desesperado y agresivo.
- ¿No serás tú la rata que Myla envió a Inférnum o sí? — preguntó el sujeto mirándolo a los ojos y olfateándolo
Atlas le siguió mirando a los ojos intimidándolo un poco haciéndole dar nuevamente un paso atrás.
- No, preferiría morir antes que ser hijo de una deidad — dijo Atlas sin despegarle la mirada haciendo su frase más creíble
- Bien dicho mocoso, larga vida al asesino de dioses
- Larga vida al rey Damian — respondió haciendo un gesto con su cabeza
Debido al silencio que allí abundaba, aparte de que era muy temprano en la mañana. El sonido de un goteo comenzó a hacerse presente levantando la alerta de este sujeto que desviaría su mirada nuevamente buscando de dónde provenía esto.
- No es nada señor, posiblemente un balde de agua que está roto
El hombre asintió con la cabeza y antes de marcharse miró al suelo dándose cuenta que era una sustancia oscura la que caía detrás de Atlas. Sangre, sangre oscura goteaba sobre el suelo proveniente del pequeño corte que se realizó para probar el filo de la daga.
- ¡Lo sabía, basura! — se dio la vuelta para comenzar a correr a la salida
Atlas tomó al hombre por el hombro girándolo antes de que corriera y le atravesaría la daga por la garganta, la sangre comenzaría a brotarle por la boca y bajaría por su cuello ensuciándole toda la ropa. El chico le sacó la daga y dejó que este cayera al suelo dándose un golpe seco con él.
- ¡Mi señor! — exclamó Julius cerrando la puerta de la panaderia
- Lo siento Julius, era su vida o la nuestra
- Mi señor está herido, ¿qué sucedió? — manifestó mirándole la mano manchada de sangre de Atlas
- Un corte tonto por buscar mi daga, debo tener más cuidado — replicó para no preocuparle más
- Vamos a cubrirle antes de que sangre más
- ¿Qué haremos con el cuerpo? — preguntó Atlas observando el cadaver
- Tendremos que deshacernos de él
- Espero no sea un guardia de Damian — dijo mientras con su pie giraba el cuerpo inerte del sujeto
- No lo es, es un fanático religioso de Damian. No es de gran importancia
- No lo echaran de menos entonces
- Quizá, pero debemos tener mucho cuidado
Julius le entregó a Atlas unas pequeñas vendas para así cubrirse su dedo, luego tomaron el cuerpo y lo llevaron al segundo piso, limpiaron el suelo y continuaron con su jornada laboral como de costumbre hasta que la noche cayó. Todos regresaban a sus casas y Julius se encontraba sentado en las afueras de su panadería esperando que todo estuviese solitario como de costumbre, solo los guardias de Damian patrullaban las calles, estos serían sus únicos obstáculos.
- Psss, psss mi señor Atlas, ya podemos irnos — susurró desde la puerta
Atlas salió con el cuerpo del sujeto en sus hombros por la puerta de la panadería con cautela, mirando a todos lados. Comenzarían a pasearse por todas las callejuelas y atajos posibles para llegar hasta uno de los bares más conocidos de la ciudad donde dejarían el cuerpo del hombre justo detrás de este.
- Pensarán que fue una pelea por prostitutas, al menos — Julius dijo riéndose un poco
- Vámonos de aquí de Julius, no podemos permitirnos estar acá
La marcha de los guardias se escuchaba cada vez más cerca, al voltearse un poco Atlas se dio cuenta que estos estaban más cerca de lo que creían, el chico empujó a Julius a uno de los callejones oscuros colocando su espalda contra la pared de piedra.
- Cierra los ojos y no respires — le indicó Atlas
Mientras los guardias pasaban estos se mantuvieron tal como Atlas indicó, al sentir que se habían alejado bastante volvieron a tomar aire para así continuar su camino de vuelta a la panadería, entrarían con mucho cuidado y cerrarían la puerta con aún más cautela.
- ¿Es a esto lo que se enfrente todos los días mi señor?
- Así es Julius, es eso o que me asesinen — Atlas dijo sirviéndose cerveza en un vaso
- Qué régimen tan injusto, todos deberíamos ser tratados por igual
- No puedes implantarle esa idea a una persona que odia a los Dioses
- ¿Crees que si hablas con él puedas hacerlo cambiar de opinión?
- Quizá, pero aún no puedo tomar un riesgo tan grande como ese — dijo Atlas después de terminarse de beber su vaso de cerveza — Por ahora vamos a dormir Julius, gracias nuevamente por ayudarme
- No se preocupe mi señor, simplemente soy un fiel sirviente
- No eres un sirviente Julius, eres mi única esperanza y salvación en este pueblo, te agradezco por adoptarme en tu casa
Julius sonrió y entró a su habitación, Atlas continuó subiendo las escaleras hasta llegar a su cuarto, sacaría la daga de su cinturón y la dejaría encima de la mesa de noche. Se quitaría las botas y dejaría caer su cuerpo en la cama relajándose. Al cerrar sus ojos se sumió en un profundo sueño.
Atlas normalmente soñaba con su familia, con aquellos momentos donde compartía con sus padres, su hermana, su tía y los demás seres celestiales que habitaban Syna durante su estadía allí. Extrañaba esto, no había noche donde una lagrima no fuese derramada de nostalgia al querer estar allá y no oculto, sobreviviendo ante un rey que quería muerto a cualquier ser celestial que entrara en Inférnum.
En esta ocasión, tendría el mismo sueño que tuvo su hermana Haru. El cielo se quebraba y descendían unas criaturas extrañas de él, pero Atlas logró ver que estas tenían una piel grisácea, observó que tenían un poder sumamente destructor, no tanto por lo que vio en su sueño si no por su sensación, cada hueso de su cuerpo se sentía perturbado. No aguantó más hasta que se despertó de un golpe sentándose en su cama.
Giró su cabeza y observó a través de la ventana si lo que estaba soñando era real pero no, el cielo se mantenía intacto como siempre. Confundido respiró profundo y bebió un sorbo del agua que allí tenía en su mesa. Jamás en su vida había tenido una pesadilla de ese tipo, a la par que había un mensaje encriptado en él.
Atlas regresó a dormir con esa interrogante en su cabeza pero no perdería su tiempo buscando una respuesta, fue un simple sueño pensó, nada más que eso, un sueño.
En la otra punta del pueblo, sentado en su trono se encontraba el rey Damian junto con el comandante de su guardia, platicando acerca de las actividades de patrullaje en la ciudad.
- ¿Cómo van los patrullajes Kreuz? — preguntó Damian dándole un sorbo a su vino
- Muy bien mi señor, la ciudad se encuentra tranquila
- Y que hay de nuestro espía, aquel que enviamos a la panadería esta donde se hospeda el chico nuevo de la ciudad
- No he escuchado nada de él, al amanecer lo buscaré para obtener respuestas
- De ser ese nuevo chico el tan hablado hijo de Myla lo quiero muerto si opone resistencia o en su defecto tráemelo acá para que muera por mi propia espada — sentenció dejando la copa de oro en la mesa de su derecha
- Entendido mi señor — respondió Kreuz arrodillándose y retirándose del salón