đź©· POV Victoria Cameron
El frĂo es lo primero que siento.
No es suave. No es ligero. Es ese frĂo que te arranca del sueño como un golpe seco.
Abro los ojos despacio, con la mente todavĂa atrapada en la niebla. Todo está borroso. El techo. La luz. El silencio.
Me muevo. Despacio.
Siento algo duro a mi lado. Mi mano toca piel. Un cuerpo.
Eros.
La idea llega antes que la razón. Automática. Instintiva. Como si mi cuerpo lo reconociera incluso cuando mi mente aún no despierta.
Mi pecho se aprieta. Me levanto de golpe.
ÂżMe encontrĂł? ÂżVolviĂł a encerrarme?
No quiero mirarlo. No quiero sentirlo. AsĂ que me muevo, me hago a un lado, salgo de la cama.
La sábana se enreda en mis piernas. Pierdo el equilibrio y…
Caigo.
El golpe contra el suelo me roba el aire.
—¡Mierda!
El frĂo ahora es real. Brutal. Y estoy desnuda. Completamente desnuda. Por un segundo me siento sucia.
¿Qué me hizo? ¿Volvà a acostarme con Eros?
El corazón empieza a latirme demasiado rápido mientras me incorporo, torpe, desorientada… buscando algo que me cubra. Algo que me dé control.
Y entonces lo veo. Cabello claro. No oscuro. No es Eros. Es Andrew.
Se está levantando al mismo tiempo que yo, confundido, todavĂa a medias dentro del sueño. Se da la vuelta y yo reacciono por instinto.
Jalo la sábana de la cama y me envuelvo en ella con desesperación… pero en el movimiento lo dejo completamente expuesto.
Desnudo. Se gira boca arriba. Y veo lo que no deberĂa ver…
El mundo se detiene un segundo.
—¿Qué… qué pasó? —mi voz sale más alta de lo que esperaba, cargada de algo que no sé si es miedo o pánico.
Reacciono sin pensar.
¿Cómo llegué aqu�
Andrew se queda quieto. Demasiado quieto. Abre los ojos completamente. Me ve.
Sus ojos bajan por mi cuerpo… pero se obliga a deberse y vuelve a levantar la vista.
Luego agarra una almohada y se la pone encima, cubriéndose de golpe.
Silencio.
Pesado.
IncĂłmodo.
—Andrew… —doy un paso atrás—. ¿Qué pasó? ¿Nosotros…?
No termino. No puedo.
Él no responde.
No niega. No afirma. Solo se queda mirando al techo.
El vacĂo en mi cabeza empieza a llenarse a golpes.
El departamento. Su casa. El bar. El beso. Mis manos tocando su cuerpo. Sus manos apretando mi cintura.
Mierda.
Mi estĂłmago se contrae.
No debo tomar tanto.
—No… —susurro—. No creo que hayamos llegado a tanto…
Salgo corriendo.
El baño me recibe con una luz demasiado clara. Demasiado honesta.
Me miro en el espejo y por un segundo no me reconozco.
Mi cabello desordenado. Mi piel expuesta. Mi respiraciĂłn inestable.
Soy yo.
Pero no la misma. Mis manos recorren mi cuerpo con urgencia. Rápidas. Inseguras. Buscando señales.
Dolor. Marcas. Algo. Pero no hay nada. Nada.
No duele. No se siente como si…
Trago saliva. El alivio llega de golpe. No pasĂł nada.
Salgo del baño envuelta en la sábana, sosteniéndola con fuerza contra mi pecho, como si eso pudiera mantenerme entera.
Andrew sigue en la cama. Sentado. Con la almohada sobre él. Callado.
Me acerco. Paso a paso.
Sintiendo cada latido como si fuera a romperme por dentro.
—Andrew… —mi voz baja, pero firme—. ¿Qué pasó?
đź’›POV Andrew Winchester
No digo nada.
Ni una palabra.
Porque sinceramente… no sĂ© quĂ© decir. Me gustarĂa estar como ella. Sin recuerdos. Sin memoria.
Pero lo recuerdo todo. No solo lo que pasó con ella. El beso. También lo que vino después.
—Nadie escapa de los Cross…
Su voz…Miranda. Mi cuerpo se queda rĂgido.
El recuerdo entra como un golpe. El pinchazo. Mi mano arrancando la aguja. VacĂa. Sus ojos…
—Miranda…
Mi visiĂłn fallando. Su voz temblando.
Aprieto los dientes.
No me muevo. No reacciono. Pero por dentro… todo se está acomodando demasiado rápido. Demasiado mal.
“No quiero fallas”
Esto no es una coincidencia. Esto es una trampa.
—Victoria, debemos irnos.
Ella asiente. Me levanto. No me importa que me vea. Ya me vio.
Y en ese instante… todo encaja. Demasiado bien. Demasiado claro.
Mierda.
Esto… ellas lo hicieron.
Me levanto de golpe, olvidándome de la almohada, de la desnudez, de todo.
—Tenemos que irnos. ¡Ahora! Alguien vendrá. Estoy seguro…
Mi voz sale baja. Urgente.
No explico. No hay tiempo.
Busco ropa con la mirada, moviéndome rápido por la habitación.
Pero no hay nada. Solo una falda. Un brasier.
—Toma, póntelo. Busca algo. Rápido.
Ella asiente y se va al baño.
Encuentro un pantalĂłn. Parece mĂo. No sĂ© si lo es.
No importa.
Estoy buscando bajo la cama cuando el sonido de la puerta me congela.
—Servicio a la habitación.
Levanto la cabeza de golpe.
Lo sabĂa. Pero querĂa creer que no lo harĂan.
Miranda. Amanda.
¡Maldita sea!
Esto no es ningĂşn servicio a la habitaciĂłn.
No en este motel de mala muerte.
Miro hacia la puerta. Luego a Victoria. Ella también lo sabe.
No es tonta.
—¿Qué hiciste? —pregunta —¿Quién está afuera?
—Victoria… yo no tengo nada que ver. Te lo juro. —Ella niega.
—Algo sabes… ¡Dime quién hizo esto! —pregunta
—¡Abran la puerta!
La voz atraviesa todo. Eros. Lo sabĂa. Mi sangre se enfrĂa.No necesito verlo para saber quiĂ©n es.
—Andrew… dime. Dime ahora todo lo que sabes…
Todo pasa demasiado rápido. La puerta vibra. Primer golpe.
La madera cruje.
Victoria se queda quieta. Yo también. Pero por razones diferentes. Porque ahora sà lo entiendo. Todo.
Esto no es un error. Este era el motivo por el que ella me ayudĂł.
—Andrew… —su voz tiembla apenas.
—No puedo decir nada ahora. No estoy seguro de nada—le corto en voz baja.
Otro golpe. Más fuerte.
—¡Túmbala!
Otro golpe
—Victoria, ve al baño. Yo me encargo.
Ella niega.
—Va a matarte…
Y entonces… Se rompe. La puerta cede con un estruendo seco.
Y él entra. Eros Cross.
Nos mira. Un segundo. Y lo veo. Ese dolor. Ese dolor que solo existe cuando la persona que amas te destruye.
No duda. No observa. Se lanza. Directo hacia mĂ.
No tengo tiempo de reaccionar. El golpe llega primero. Seco. Brutal.
Me estrella contra la pared antes de poder defenderme.
—¡¿Qué hiciste?!
Su voz no es humana. Es rabia pura. Ciega. Lo empujo en un intento desesperado de evitar esta pelea. Intento. Pero no lo consigo. Vuelve. Más fuerte. Más rápido.
—¡Eros, detente!
La voz detrás.
Amanda.
FrĂa. Controlada. Este era su plan. Y ahora solo tiene que ejecutarlo sin cometer errores.
No importa.
Nada importa.
Porque él no está viendo. No está pensando. Solo está sintiendo.
Y lo que siente… Es suficiente para destruirlo todo. Para destruirme a mĂ.
Aprieto la mandĂbula, bloqueando el siguiente golpe como puedo.
Pero no es suficiente. No respondo.
Solo… soporto.