Mi mujer 🖤 parte 2

905 Words
🖤 Todo se detiene. El hospital deja de existir, Olivia deja de importar y mi madre desaparece como si nunca hubiera estado ahí. Solo queda un vacío afilado en el pecho y una idea que empieza a tomar forma. —¿Dónde está Victoria? Mi voz cambia sin que lo controle. Sale fría, cortante, peligrosa, como si algo dentro de mí ya supiera que esto no es normal. —No lo sé… —dice sollozando. Cierro los ojos apenas un segundo, no para calmarme, sino para no romper algo demasiado pronto. Necesito que hable, necesito entender. —Patito, campeón… necesito que te tranquilices, ¿sí? Respira y trata de acordarte de todo lo que puedas. Voy a ir por ti ahora mismo. —¿Lo prometes? —Lo prometo. El silencio no es completo. Escucho su respiración al otro lado de la línea, rápida, temblorosa, y eso es suficiente para saber que sigue ahí. —¿Y Victoria? ¿La buscaremos? Aprieto la mandíbula con fuerza, obligándome a mantener la voz estable. —Claro que sí. La vamos a encontrar y nos iremos juntos a casa. —Ayer estaba con nosotros… en la fiesta… y luego subimos al auto de él… —su respiración se quiebra— me dormí… y cuando desperté… ella no estaba… El mundo se inclina. No es una metáfora, es una sensación real, como si el equilibrio se rompiera bajo mis pies. —¿Desde dónde me llamas? —La recepción… del hotel… —¿Hay alguien contigo? —S-sí… —Pásamelo. Escucho movimiento al otro lado. Pasos, un roce, una voz desconocida que toma la línea. —Dirección —exijo sin perder tiempo. —¿Quién es usted? —Eros Cross. El silencio cambia de inmediato, más tenso, más cuidadoso. —¿Es familiar del niño? —Eso es obvio. Voy por él. Cuelgo sin despedirme. No hay espacio para cortesías cuando todo empieza a sentirse mal. Marco a Andrew de inmediato, pero la llamada no entra. Apagado. Lo intento otra vez y el resultado es el mismo, un vacío que empieza a transformarse en ruido dentro de mi cabeza. Marco a Miranda. Apagado. Jeff. Nada. El zumbido crece. Busco las cámaras con manos que no responden bien, demasiado rápidas, demasiado tensas. Accedo al sistema, pero la pantalla devuelve lo peor que podía ver. Sin señal. Mi pulso se acelera mientras busco las grabaciones del día anterior. Cargando. Demasiado lento, insoportable, como si cada segundo estuviera diseñado para provocarme. Golpeo la pantalla con los dedos, inútil, pero necesario. —¿A dónde vas? La voz de mi madre llega lejana, como si estuviera en otro lugar. —Patricio está solo en un hotel. Voy por él. —Siempre causándote problemas. La miro por primera vez de verdad. No como mi madre, sino como alguien que no entiende lo que está pasando. —Es un niño, mamá. Mi voz es baja, pero hay algo nuevo en ella. Algo más oscuro. Algo que ni siquiera ella puede controlar. —No sé qué ha pasado. Se supone que Andrew debía cuidarlo. Empiezo a caminar sin esperar respuesta. La puerta deja de ser una salida y se convierte en un punto de quiebre. —Eros, no tienes seguridad. Déjame llevarte. No me detengo. —¿Sabes dónde está Jeff? El silencio dura medio segundo, pero es suficiente para decirme todo. —Tuvo una emergencia. Vino a buscarte. Le dije que podía irse. Me detengo lentamente. Giro apenas la cabeza y la miro, esta vez sin suavizar nada. —¿Hice mal? No respondo. —¿Y sabes quién está cuidando a Victoria? ¿Jeff dijo algo? No respondió. Nada encaja. Nada. —Vamos a hacer una parada en mi departamento. Mi voz baja aún más, más densa, más peligrosa. El trayecto se siente eterno. Cada segundo pesa, cada pensamiento abre una posibilidad que no quiero mirar, pero que no puedo evitar. Sigo llamando. Nadie contesta. Cuando llegamos no espero. Bajo del auto antes de que se detenga por completo y entro corriendo, subiendo sin pensar. El ascensor es insoportablemente lento. Cuando las puertas se abren, el silencio me golpea primero. Ese silencio. El que no debería estar. —Victoria. Nada. Camino más rápido, revisando la sala, el pasillo, las habitaciones, cada rincón que debería tenerla. —Victoria… mi amor… ¿dónde estás? Abro el clóset, los baños, cada espacio. Todo está vacío, pero no completamente. Sus cosas siguen ahí. Su ropa, su perfume, su presencia impregnada en el aire. Pero hay huecos. Pequeños, exactos. Como si alguien hubiera decidido qué llevarse… y qué dejar. Tomo una de sus prendas y la acerco a mi rostro. Su olor sigue ahí, intacto, como si acabara de irse. —¡Victoria! ¿Qué hiciste? ¡¿Qué mierda hiciste?! Mi respiración cambia. No es miedo. Es rabia. El primer golpe no lo pienso. El florero se estrella contra la pared, luego otro objeto, y otro más. La mesa, una lámpara, todo lo que encuentro. Rompo todo. No porque quiera, sino porque lo necesito. Porque si no lo hago… voy a romper algo peor. —¡Mierda! Andrew. Marco su número. Apagado. El teléfono cruje en mi mano. —Eros… La voz de mi madre llega desde la entrada, pero no me giro. —¿Se fue? No contesto. Porque no. Victoria no se va a ir. Victoria va a regresar. Victoria no va a dejarme nunca. Continuará…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD