XII

4517 Words
Marinette     Recorrimos la estancia con la mirada, pero no vimos a la dueña de la voz.       Una mujer que conocía a la perfección salió de detrás del escenario. Su sonrisa era claramente perceptible y su mirada atravesaba el cuerpo de Adrien para desembocar en mí.       —¡Pero qué grata sorpresa, Señorita Dupain!—dijo, fingiendo una falsa alegría —¡No creí verla de nuevo tan pronto! ¿Acaso viene a ver como las cartas terminan de leer su futuro?—en ese momento, su mirada se posó divertida sobre Adrien.—Porque me pareció que la historia se había puesto de lo más emocionante.       —Lo siento, pero tengo mejores cosas que hacer en lugar de dejar que una vieja se meta en los asuntos de mi vida—espeté. No me molesté en medir mis palabras, en realidad, cuanto más daño le hiciese a aquella mujer, mejor.—Como por ejemplo liberar a la pobre gente que tienes prisionera.       Soltó un pequeño grito y se llevó una mano a la boca, fingiendo indignación.       —¿Cómo cree, muchacha?—dijo—. Esa personas son mis empleados, yo les ofrezco un trabajo digno.       Adrien soltó una carcajada socarrona.      —Sí, ya. Muy digno, señora—soltó con sorna.—Tratándolos como monos de feria.       Sus palabras captaron la atención de la mujer, que inmediatamente lo miró con curiosidad.       —Tú debes de ser Chat Noir ¿Me equivoco?—preguntó, mirándolo de arriba abajo—. Nunca me imaginé en un criminal de tu calaña pudiera ser tan apuesto.       —Sí, y por eso, procuraré no estar muy cerca de usted. No vaya a ser que se me pegue la cara de perro que tiene—soltó él.       La mirada de la mujer se oscureció y si las miradas atasen, Adrien ya estaría muerto y enterrado.       —Ella está contigo ¿Verdad?—le preguntó—. La bailarina que se fugó, huyó al bosque.       Fruncí el ceño.       ¿De qué  bailarina hablaban?       —No sé de qué me está hablando—dijo Adrien, haciéndose el desentendido.—Pero si es un poco lista, habrá hecho lo posible para estar lo más lejos de usted.       —No seas tímido conmigo, muchacho—dijo,—y por tu bien y el de ella, será mejor que nos digas donde está.        Adrien la miró desde abajo, mostrándose frío y distante.       —Ya se lo he dicho.—Le espetó.—No tengo ni puta idea ¿lo ha escuchado mejor? ¿O necesita que se lo deletreé?       La mujer sonrió ampliamente, una sonrisa que escondía todo tipo de sentimientos retorcidos y calculadores.       —Muy bien—dijo.—No importa, si ella no aparece, tendré que buscarme una sustituta.       Justo al decir aquellas palabras, sentí como unos brazos fuertes me agarraban por detrás, inmovilizándome por completo. Me removí con fuerza, procurando liberarme, pero al parecer sus fuerzas eran superiores a las mías.       Me giré hacia Adrien.       Uno de los hombres que me seguía aquella mañana lo agarró por detrás, igual que a mí. Lo que me dio la clara pista de que el otro gemelo debía estar sujetándome a mí.       Adrien era muy alto  y sin duda muy fuerte, pero aquel tipo le superaba por una cabeza y la musculatura era extrema, quizás desconcertante y anormal. Sin embargo, la fuerza no podía compararse con la astucia y agilidad de Chat Noir.       Con una habilidad sorprendente, Adrien dio una voltereta hacia atrás que hizo que aquel tipo saliese disparado por los aires hasta caer sobre un tonel de agua que explotó debido a su peso.       Aturdido, el hombre se llevó una mano a la cabeza y sin esperar un segundo para recuperarse, se abalanzó hacia él.       Aprecié la sonrisa divertida de Adrien esperando la llegada de aquel tipo para esquivarlo y humillarlo de la forma que solo él sabía hacer. El hombre parecía una bestia desbocada, y cada vez que sus golpes eran esquivados o detenidos, su enfado aumentaba y su rostro se volvía más rojo y colérico. Llegó un momento en el que Adrien logró inmovilizarlo en el suelo y fue allí cuando llegó su turno de devolverle los golpes. Comenzó a golpearlo una y otra vez, sin remordimiento alguno, hasta que sus manos comenzaron a mancharse de su sangre.       Mientras tanto, yo me removí con fuerza, procurando liberarme de aquella prisión humana. Sin embargo, el tipo que me tenía prisionera contemplaba la escena donde su hermano era vencido por el mejor bandido de la historia.       —¡Suficiente!       De repente, la mujer del tarot se posicionó delante de mí con una navaja en mano y la acercó a mi garganta de tal forma que sentía como su filo se incrustaba poco a poco sobre mi piel.      Solté un pequeño grito de sorpresa ante la repentina amenaza.       —¡Si no quieres que me manche las manos con la sangre de tu amiga, será mejor que te detengas, muchacho!—exigió ella sin apartar la navaja de mi cuello.       En ese momento, Adrien levantó la mirada y se encontró con mis ojos, que le suplicaba que no se detuviese, porque si lo hacía, tanto él como yo estaríamos perdidos.  Su cuerpo se quedó completamente paralizado y la tensión que había en sus hombros se disipó en cuando me vio a merced de aquella mujer.       Ella sonrió victoriosa y en ese momento vi como el tipo, que pensé que estaba fuera de combate aprovechó su distracción para agarrar a Adrien del cuello y golpearlo antes de empujarlo contra la pared con una b********d que me dejó sin respiración.      —¡No! ¡Por favor, ya basta!—supliqué en cuando vi que Adrien había comenzado a perder el conocimiento. —¡Dile que pare!       El gemelo, le dio un último puñetazo en el estómago y Adrien cayó de rodillas, tosiendo con fuerza con la esperanza de sacar un poco de aire.       La dueño del circo levantó su mano derecha, haciendo un clara señal de que ya era suficiente.      —¡Hay que ver que brutos son los hombres de hoy en día ¿no cree, Marinette?!—dijo ella mirándome con sorna.—Bueno, ahora que ya estamos todos más calmados, podremos hablar de negocios.       No le presté la más mínima atención, pues lo único que lograba captarla era Adrien, a quien agarraban con brusquedad de la pechera y lo inmovilizaban para que no pudiese moverse.       Fruncí el ceño y encaré a aquella mujer que había comenzado cansarme.       —Lo siento, pero yo no hago tratos con gente de su calaña—espeté.       Ella soltó una risotada socarrona.        —¿Dice que no quieres hacer tratos con nosotros y luego te ves a escondidas con el criminal más buscado de la ciudad?—inquirió, con un tono de voz que mostraba que todo aquella situación le divertía.—Me temo que no logro comprendedla, señorita.       —Creo que en estos momentos, todos vosotros sois más criminales que él—defendí, intentando zafarme de los brazos que me sujetaban.       —Nosotros no somos criminales, querida—aseguró, analizándome con sus ojos oscuros. Negros como el carbón—Somos gente de negocios. Solo nos buscamos la vida como cualquier comerciante de esta plaza. La única diferencia es que nosotros sí sabemos dar productos de calidad, porque al fin y al cabo nuestros clientes terminan siendo esos productos.—levantó una de sus manos y agarró un mechó de mi cabeza azabache, acariciándolo y mimándolo con cuidado.—Y tú, pequeña reina vas a formar parte de mi espectáculo.        —No...—dijo Adrien con un tono de voz débil.—Eso no lo voy a permitir...       —Tranquilo—se giró hacia él con diversión.—No te pongas celoso, guapo, para ti también tengo planes.      Jugueteó con los brazaletes y anillos de su mano, meditando sus planes.       —La futura reina de París podría ser el anzuelo perfecto para cazar al rey y chantajearlo por una suma muy considerable—dijo.—Aunque por otra parte... he perdido a una de mis bailarinas, y para colmo una de las que más ganancias me traía.—Se acercó a mí y me agarró la mandíbula con brusquedad haciendo girar mi rostro de un lado a otro.—Y tú también eres muy hermosa , más que ella incluso. Serías la sustituta perfecta y además me darían mucho dinero de la corona francesa.       La forma de tratar a las personas como si fuesen sus marionetas me ponía enferme. Aquella mujer se creía superior a la r**a humana y eso era simplemente despreciable       —Aparta sus asquerosas manos de mí, bruja— dije, con todo el odio contenido en mi interior.       —Si bien eres hermosa, también eres condenadamente deslenguada, jovencita—me espetó con recelo.—Pero eso se puede arreglar. Supongo que una bailarina no necesita hablar para volver locos a los clientes y si llega el caso supongo que en una cama sería una ventaja que no hicieses mucho ruido.—Me dio dos palmadas en la mejilla como si yo fuese una mascota.—Tú,  vas a una perfecta muñequita de porcelana en mi show.       —Eso está por verse—. La amenacé.       Me lanzó una última mirada de superioridad y se giró hacia Adrien y el gemelo que lo tenía inmovilizado.       —Y tú, reconozco que me has dejado sorprendida, muchacho.—Dijo mirándolo de arriba abajo.—Eres muy bueno en el combate y sin duda tu rostro es como el de un ángel.       Adrien esbozó una débil sonrisa.       —Pues de ángel tengo poco, señora—le soltó, pero su sonrisa se vio interrumpida por una muca de dolor.       —He oído que el rey y su panda de besugos de buscan—prosiguió ella.—Nadie ha conseguido atraparte hasta ahora, ni mucho menos acabar contigo. Sería un verdadero lujo para mi circo, mostrar a todo el mundo quien fue la única capaz de destruir al famoso Chat Noir, enseñando tu bonita cabeza a todos mis invitados.       Mis ojos se encontraron con la audaz mirada de una pequeña a la que ya había visto antes.       —Pues me temo que va a tener que ponerse a la cola, porque mi cabeza se rifa más que la pelota de dos críos—dijo Adrien.        —No tientes a la suerte, joven—lo amenazó la mujer.       Seguí cada uno de los movimientos de la niña, observándola acercase poco a pocos hacia nosotros con sigilo.       Esbocé una sonrisa cómplice y le indiqué con la mirada que se acercase por las espaldas del hombre que me tenía sujeta. Después mis ojos divisaron una antorcha enorme que colgaba de la parte más alta de la carpa, junto a la piscina de vidrio.       «Si consigo cortar esa cuerda, la antorcha caerá y todo quedará envuelto en las llamas»       Le hice una señal a mi pequeña ayudante, dándole la clave para que atacara a mi agresor.       En ese momento, la niña le dio una patada en la espinilla y el tipo soltó un grito estridente que me dejó en libertad al instante. Aprovechando la distracción, me abalancé sobre aquella horrible bruja, agarrándome a los trapos que ocultaban su cabello para tirarla al suelo.       Logré arrebatarle la navaja y antes de que el gemelo volviese a por mí se la lancé a Adrien para que la cogiese.      —¡Chat Noir!—le grité, para que captase mi señal.     No hizo falta decirlo dos veces. Agarró la navaja y con un movimiento seco y a la vez ágil le clavó la navaja en un costado al tipo, haciendo así que cayese al suelo, retorcido por el dolor.       Escuchó un grito de guerra detrás de mí  y justo cuando iba a girarme, vi como el hermano gemelo ileso se abalanzaba hacia mí con sus manos extendidas; sin embargo, no llegó a tocarme un pelo, pues Adrien ya se había lanzado hacia él, alejándolo varios metros de mí.        Me acerqué a Camille, la niña que acaba de salvarnos y me arrodillé para quedar a su misma altura.      —Lo has hecho muy bien ¿vale?—dije, mirando a mis espaldas para comprobar que nadie nos atacaba—Pero tienes que hacer algo más por nosotros.      Ella asintió.       —Avisa a todos tus compañeros—le advertí.—Diles que tienen que salir de aquí lo antes posible, porque dentro de poco esto va a estar en llamas.       Camille volvió a asentir y en cuando tuvo la oportunidad salió corriendo en busca de sus compañeros esclavizados.       Me giré sobre mí misma, comprobando que Adrien estaba distrayendo a los dos tipos malheridos, mientras que la bruja no estaba por ninguna parte.       «Habrá huido»       Examiné la estancia completa, divisando dos escaleras paralelas que permitían el paso a la piscina prismática de la parte de arriba. Desde ese lugar no sería muy complicado cortar la cuerda que se sujetaba a uno de los pilares.      Corrí ellas y obviando el vértigo que suponía escalar tan alto comencé a subir uno tras otro hasta llegar a una pequeña plataforma de madera sujeta por el poste principal del circo. La cápsula de cristal estaba rebosante de agua, y supuse que aquello serviría para otro cruel espectáculo.       «Bien... ahora... ¿Cuál es la cuerda correcta?»       Había al menos cinco o seis nudos de diferentes que  convergían en un mismo lugar.       Me mordí el labio inferior y saqué de mi pequeña bolsa el cuchillo de cocina que había cogido.     «Al final sí que será útil»      Me fijé en cada una de las cuerdas y las direcciones que cada una tomaba.      «Creo que es esta»      Corté la cuerda y al instante vi como una viga de madera del techo se caía al suelo, encima de uno de los gemelos que peleaba con Adrien.      «Uy. Error»      El pilar que sostenía aquella plataforma tambaleó levemente, solté un pequeño grito de sorpresa y me agarré a él con fuerza hasta que más o menos volvió a estar en equilibrio.     Suspiré y cerré los ojos.      «Usa la cabeza, Marinette»        Fruncí el ceño y tanteé cada una de las cuerdas, pensando y adivinando cada una de sus direcciones.      Escuché el grito de dolor de Adrien que se escuchó desde abajo y todo mi cuerpo se tensó.      «Así el circo se venga abajo voy a probar con esta»      Cerré los ojos y corté la cuerda, no muy segura de lo que acaba de hacer.       Un sonido metálico captó mi atención y pronto contemplé como la grana tocha caía al suelo provocando un estruendoso sonido.       En ese momento la lona y el escenario de madera comenzaron a prender fuego.       —Bingo—dije con una sonrisa satisfactoria.      Busqué a Adrien con la mirada, deseando que el impacto no le hubiese afectado y justo cuando planeaba bajar de aquel lugar unas manos me agarraron por detrás provocando mi caía.      Solté un quejido de dolor y cuando mis ojos volvieron a abrirse se toparon con unos ojos más negros que el carbón.       —¿Crees que puedes acabar con mi circo y luego salir ilesa?—dijo la mujer con una mirada enloquecida—. Pues no, señorita, no.       Volvió a abalanzarse sobre mi y está vez me agarró de un brazo, arrastrándome por la superficie endeble hasta llegar a la piscina, que rebosaba de agua. Todo se tambaleaba, pues la sujeción había disminuido cuando corté aquella cuerda y tenía la sensación de que todo se iba a caer en poco tiempo. Todo lo que había bajo nuestros pies estaba en llamas y era cuestión de minutos que nosotras también lo estuviésemos.       —¿Conoces este turco de magia?—preguntó ella.—Consiste en meter a alguien en el agua durante un tiempo, si se hace bien, la persona sale completamente ilesa, pero si no, el aire se puede terminar hasta que la deje sin respiración.     En ese momento me agarró del cuello y sumergió mi cabeza en el agua.     Veía la imagen borrosa de su rostro difusa por burbujas del agua, pero su sonrisa malévola era claramente visible.     No podía respirar. Me faltaba el aire y por más fuerza que hacía por defenderme era inútil.       «Adrien. Lo único que esperaba era que él hubiese logrado salir de aquí, que hubiese conseguido reunirse con Camille y escapar con esa pobre gente»     Tenía ganas de toser, pero la falta de oxigeno me lo impedía.      Una sensación horrible que te impedía realizar algo tan esencial como poder tomar un poco de aire.      Notaba como las fuerzas me abandonaban y la imagen borrosa de aquella espantosa bruja se iba volviendo cada vez más opaca y negruzca.       «El agua. Quizás al final si iba a ser lo que lograse acabar conmigo. Un miedo que creía superado se había vuelto a alzar sobre mí. Un miedo que creí haber superado gracias a Adrien»      De repente, dejé de sentir como me sujetaba del cuello.      Unas manos se colaron en el agua, agarrándome con fuerza y sacándome de aquella pesadilla.      Volví a entrar en contacto con el aire y mis pulmones parecieron volver a la vida.      Comencé a toser con fuerza, escupiendo todo el agua que había tragado, dejando el el oxigeno volviera a entrar en mí.     Unos brazos me rodeaba con firmeza y una mirada esmeralda me miraba con preocupación.     —¿Estás bien?—me preguntó Adrien apartando de mi cara algunos mechones de cabello mojado que se me pegaban.     Tosí nuevamente y me aferré aún más a sus brazos, sintiendo la protección de su cuerpo contra el mío, porque con él el agua jamás podría hacerme daño.     Adrien se torció su mirada y se dirigió hacia la mujer que trataba de ponerse en pié con torpeza.     —No os dejaré vivir... No la dejaré vivir—amenazó.—Ha destrozado mi circo... Me ha destrozado mi vida ¡Y juro por todos los espíritus del más a allá que acabaré con vosotros!     En ese momento, sin el menor remordimiento ni consideración, Adrien sacó de su cinturón su pistolete y apretó el gatillo, disparando una bala que se incrustó en el pecho de la mujer.      —Espero que tus cartas hayan predicho esto—dijo él.      Todo nuestro alrededor estaba en llamas, y se iba desmoronando poco a poco.       La mujer se llevó una mano al pecho, viendo como su mano se teñía de su propia sangre escarlata. Sus piernas flaquearon y sus pies tropezaron.     —Ese es...—dijo señalando a Adrien—Ese es el muchacho cuyo corazón quedará destrozado.      Su mirada quedó perdida y su mano temblaba desmesuradamente.     —Su destino está en las cartas... Y nada podrá cambiarlo.      Aquellas fueron sus últimas palabras, porque al terminar su cuerpo cayó hacia atrás topándose con la inmensidad de las llamas.      Todo mi cuerpo temblaba e inevitablemente me abracé con más fuerza a Adrien, como si de alguna forma pudiera protegerlo de las palabras de aquella bruja.     Al parecer, él también quedó confundido, pero aún así pudo corresponder a mi abrazo y hablar con firmeza.      —Tenemos que irnos de aquí.—Aseguró, separándome levemente.     —La niña... y el resto de la gente de este circo...—dije buscándolos a todos con la mirada.     —Ya están lejos. Tranquila, están todos bien—me aseguró mientras se quitaba la chaqueta y me la colocaba en los hombros, empapados por el agua.—Ahora nosotros tenemos que hacer lo mismo que ellos.      Me tomó en volandas y nos adentramos por un sendero repleto de llamas que terminaban de devorar el terrorífico circo.      «No es la primera vez que habíamos peleado  con fuego» ○•○•○ Marinette      Cuando abrimos la ventana de mi cuarto, Adrien me depositó en el suelo cuidadosamente, asegurándose de que no perdía el equilibrio y volvía a caer.       Aún estaba muy débil y me faltaban las fuerzas. La falta de oxígeno durante tanto tiempo se había llevado todas mis defensas.       Después de lo ocurrido, ninguno de los dos se atrevía a decir nada y en el camino de regreso, lo único que se escuchaban eran las maldiciones de Chat Noir, arrepintiéndose de apretar el gatillo de la pistola.       —Entonces... ¿Te asegurarás de que los trabajadores del circo estén a salvo?—le pregunté agarrando con fuerza la chaqueta que me había prestado.       —Tranquila, los condujo por la parte norte del bosque, seguramente terminen encontrándose con Miraculous—me aseguró.—Estarán bien, ya lo verás.       Sonreí levemente y me abracé a mí misma, mientras clavaba mis ojos en el suelo.       —Aunque haya sido una auténtica locura, me alegro de qué estuvieras ahí—me dijo él—. Yo solo no hubiese podido con ellos.       —Reconoce que al final mi cuchillo de cocina ha servido para algo—afirmé orgullosa.       Adrien soltó una risotada y negó varias veces con la cabeza.       —Bueno, supongo que algo bueno tenía que tener—dijo con una sonrisa burlona.       —Ha sido un trabajo en equipo—dije emocionada.—¿Ha sido muy diferente a cuando atracas algún lugar con Nino y el resto?       Se quedó pensativo durante varios segundos y finalmente se encogió de hombros.      —Con ellos es más fácil, porque no tengo que estar pendiente de si se meten en un lío—aseguró burlón.—Contigo es un trabajo doble.       —¡Oye, recuerda que gracias a mí, pudiste liberarte de ese grandullón!—le espeté molesta.       —Y gracias a mí, no estás nadando con los peces—se acercó un paso más a mí y me encaró con la mirada.—Que no se te olvide, que has estado a punto de morir, Marinette. Otra vez.       —Pero no lo he hecho—murmuré cabizbaja.—Porque tú estabas conmigo...       Lo escuché suspirar ruidosamente.       —No... Marinette no empieces con eso otra vez—se quejó.—Precisamente por mi culpa tú has estado metida en todo esto, yo me fui de la lengua y siempre mis asuntos te salpican.       —Siempre terminamos en el mismo punto que comenzamos—dije molesta.—Pensaba que... lo que habíamos vivido esta noche podría haberte dicho algo.       —Y me lo ha dicho—me aseguró. Y percibí como se formaba una tierna sonrisa en su boca.—Has sido muy valiente, y eso me gusta, al menos me quedo un poco más tranquilo por si el hijo puta de tu prometido se sobrepasa contigo.       No pude evitar soltar una pequeña risotada.       Levanté con timidez la mirada y me encontré con sus afilados ojos verdes que me observaban atentamente.       —Tengo que irme...—susurró dando dos pasos hacia atrás.        —¿Cuándo podemos volver a vernos?—pregunté, sin pensar apenas lo que acaba de decir.       Lo agarré de la manga de su camisa, impidiendo así que saltase por mi ventana.      Mis palabras también lo dejaron un poco sorprendido, pues durante unos segundos no dijo nada.       —Marinette... ya te dije que es mejor...      —¡Solo una vez! Por favor...—lo interrumpí.—Y no te lo estoy pidiendo como un encuentro de enamorados... Quizás como amigos... o compañeros.—le dediqué una pequeña sonrisa y lo mire expectante.—Si quieres... la última vez.        Permaneció en silencio, y pensé que me rechazaría como los últimos días, pero entonces volvió a acercarse a mí.       Noté como mi cuerpo se tensaba ante su proximidad y mis piernas temblaron levemente.       —A la entrada del bosque, al medio día—me susurró al oído.       Pestañeé varias veces, confundida. Un acto que lo hizo sonreír, después se inclinó y besó mi frente con dulzura justo antes de salir por la ventana.       Mis ojos permanecieron fijos en esa ventana, aún con la mente procesando sus palabras.      «Me había aceptado. Había aceptado encontrarse conmigo»      Me llevé una mano a mi pecho y me mordí el labio inferior. Sentía una sensación extraña en mi estómago, como un hormigueo que me hacía cosquillas.       Me abracé a mí misma, aprovechando el tacto de su chaqueta y me dejé caer sobre la cama, sin obviar la sonrisa de mi cara, soñando despierta.       Era egoísta, pero quería ser egoísta por una vez, al igual que él conmigo.       No deberíamos encontrarnos, debería estar prohibido, y aún así habíamos aceptado hacerlo, al menos como una última despedida.       No podía dejar de pensar en el tacto de sus labios sobre mi frente, en su forma de mirarme y abrazarme cuando estaba en peligro.     Maldita sea. Jamás lo había olvidado, nunca pude hacerlo y en su lugar, lo único que conseguí fue enamorarme aún más de él.       «Ese es el muchacho cuyo corazón será destruido»      «Le romperás el corazón a la persona que amas con locura»      La voz de aquella mujer se reprodujo en mi cabeza una y otra vez.       Supongo que quizás permanecer separados fuese lo mejor, quizás el me protegía de los peligros que lo rodeaban y yo le protegía de romperle el corazón.       Pero aún así, nadie podía negarnos aquel último encuentro.      No lo permitiría.       Las puertas de mi cuarto se abrieron de golpe chocando con b********d contra la pared. Escuché de fondo la voz de Marlene que suplicaba algo por el pasillo y de pronto vi como mi padre aparecía por la entrada con una mirada desencaja y el látigo de la mula en mano.    —Papá— Inmediatamente me incorporé para poder mirarlo.     —¿Cómo te atreves, maldita loca a deshonrar mi casa de esa manera?—dijo.      —No, señor. Por favor déjela, seguro que ha estado por aquí cerca dando un paseo—Marlene intentó calmarlo y por su tono de voz aterrorizado, sabía que papá estaba enfurecido a niveles extremos.      —¡Eso es mentira!—gritó mi padre.—¡Y cállate!      —¡¿Por qué siempre tengo que tener la culpa de algo, papá!—le espeté molesta.       Su mirada desembocó en la chaqueta que cubría mi cuerpo.        La chaqueta de Adrien.      —¿Qué haces con esa ropa?—inquirió acercándose a mí.—¿Y qué haces mojada?      Inmediatamente me deshice de la chaqueta y la dejé a un lado.       En ese momento, sentí el miedo correr por mi sangre.       —¿Por qué no hablas?—insistió.—Lo sabía...—sentí como su respiración se entrecortaba por la ira y la rabia se apoderaron de su razón—Lo sabía... Has estado con un hombre ¡¿De dónde venías?!—me apuntó con el látigo, exigiéndome explicaciones.      Lo miré aterrada, sin ser capaz de decir palabra alguna.     —¡¿Quien es ese hombre?!—me gritó.—¡¡Contesta!!     Su mirada estaba perdida, dejada por la ira.      —Vas a pagar por esto... Vas a pagar...     Fue entonces cuando mi cuerpo recibió el primero de los muchos golpes que recibiría aquella noche.     La noche que creía un sueño hecho realidad, terminó siendo una completa pesadilla.  ○•○•○•○•○•○•○•○•○
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