CAPÍTULO VII: LA BANDA

1115 Words
​Días después, las clases habían comenzado con una tensión palpable en el aire. Katrina se alistó para bajar a los salones, intentando borrar la noche de Londres de su mente. Sin embargo, la imagen de Arthur, su aliento en la nuca y su mirada cristalina, se aferraba a ella como un perfume persistente. La primera materia del día era Literatura, y, para su horror, el profesor era Arthur. Él entró en el salón con su habitual aura de dominio, la barbilla levemente levantada y las manos en los bolsillos del pantalón. ​—¡Buenos días, alumnos! ​—¡Buenos días, profesor Gerard! —respondió el coro de voces al unísono. ​Katrina estaba sentada en la segunda fila, un lugar que había elegido para pasar desapercibida, pero la fila no importaba. Arthur tenía un radar para ella. A su lado, un muchacho afroamericano, alto y con una sonrisa fácil, se inclinó. ​—Mi nombre es Jandey, Jandey Matamba, soy mitad neoyorquino y mitad angoleño. ​—Katrina, Katrina Chéjov, rumana de Valaquia. ​El susurro no fue lo suficientemente discreto. Arthur miró hacia su dirección con una ceja levantada, su mirada buscando solo a Katrina. ​—¿Qué pasa? ​—Perdón, fue mi culpa, señor. Me estaba presentando con ella —intervino Jandey, su tono desenfadado sin un ápice de miedo. ​—Señor Matamba, ¿verdad? —Arthur se dirigió a él con una formalidad fría—. Preste atención, y usted también, señorita Chéjov. Quiero que sepan los nuevos, que quienes no cumplan con la materia... —Arthur bajó su dedo pulgar, un gesto de desprecio. ​—Perdón, profesor —dijo Katrina. ​—Yo que usted, tomaría nota, y mucha. Aquí quien no promocione, no tendrá un lugar para después de las vacaciones de invierno —la mirada de Arthur era un puñal, clavado directamente en ella. ​—Lo sé, profesor. ​—Parece que no, así que le explicaré, señorita Chéjov, y a todos. Hoy es 5 de septiembre, el 23 de diciembre comienza el receso invernal. Quienes no superen con promedio siete al menos, deberán audicionar de nuevo. Y en literatura, se rinde todo el cuatrimestre. ​—Ya lo sé —la voz de Katrina era apenas un susurro. ​Arthur continuó hablando, pero ella ya no prestaba atención. Agachó la mirada, sintiéndose descolocada y vulnerable. Jandey lo notó y le dio una palmadita en la espalda. ​—Oye, muñequita, no te pongas mal. Es duro, pero es muy buen profesor. ​—Lo sé, no me hables. No quiero que me llame otra vez la atención. ​Arthur hablaba con sus manos metidas en sus bolsillos, su mirada fija en ellos. —Bien, el primer trabajo que entregarán ahora, será un ensayo. ¿Para qué? Para presentarse a mí. Ustedes podrán presentarse en el recreo. ¿De acuerdo? ​—Sí, profesor —respondieron todos. ​—Bien, en sus ensayos me contarán qué les gusta, qué los trajo aquí, en fin... sus gustos, desafíos, miedos, etc. ​La clase terminó a las diez menos diez. Katrina tomó sus cosas y salió rápidamente del salón. Jandey salió detrás de ella. Él, con su paso largo y despreocupado, la alcanzó. ​—¡Espera, muñequita! ​—Disculpa, Jandey, pero debo ir a mi clase de teatro. ​—También voy para allá. Oye... tranquila, ya se le pasará. Por cierto, para tu tranquilidad —Jandey se encogió de hombros, con una sonrisa sincera—, soy gay. Mi novio Sergi Sergueth, estudia aquí, él es de Bielorrusia,si está Academia es cosmopolita. Ven, vamos al buffet. Te presentaré a la banda. Katrina se detuvo, sorprendida y aliviada. —La banda, ¿qué banda? ​—Sí, la banda, muñequita. La banda de la Academia como nos dice la profesora Rebeca Kirtz, ella es la directora de la banda,deberías audicionar, eres una genia con el violonchelo. Arthur se había quedado mirando la escena por la ventana. Observó a su "damita" caminando de la mano de otro que no era él, aunque fuera solo por unos instantes. El puño en su bolsillo se apretó. Aquella imagen le recordó la noche inolvidable en Londres, donde había sentido por primera vez ese deseo de posesión sobre ella. Jandey la llevó hasta el buffet, una zona ruidosa y llena de vida, un contraste brutal con el silencio opresivo del salón de Literatura. —¡Hey, banda! Les presento a mi nueva amiga, Katrina. Todos la saludaron con entusiasmo.- Sergi Sergueth, somos casi coterráneos, soy el novio de Jandey. ​—Soy Monique Lisabetta Sandoval, pero todos me dicen Molly. ¡Un placer! ​—Y yo soy Maximilian Van Dijk —dijo un muchacho rubio y apuesto, con una sonrisa encantadora—. Sobrino del Vicedirector, para tu desgracia —bromeó. ​ —Y yo soy su novia, Judith Clerk. Una muchacha francesa, elegante y con un aire de superioridad, se levantó e hizo una leve reverencia. —Mi nombre es Marie Josephine Decorté.—dijo con un marcado acento francés, sus ojos se detuvieron un instante en el rostro de Katrina, pero su mirada tenía un brillo secreto. La francesa se movía con la confianza de quien ya había sido testigo del poder de Arthur Gerard. De repente, una voz profunda llamó la atención de todos. ​—¿Y a mí no me presentas? Era Kevin Quin, un muchacho con ojos penetrantes y una sonrisa descarada. Se acercó a Katrina, la miró de arriba abajo y le ofreció su mano. ​—Kevin Quin. Un placer, Katrina Chéjov. Créeme, no te he olvidado desde la audición. Katrina sintió una extraña mezcla de halago e incomodidad. Kevin se sentó a su lado, tan cerca que su pierna rozaba la de ella. ​—Así que, ¿te unirás a la banda? Jandey río. —¡Atrás, Kevin! Ella es mi amiga, no la asustes. ​—Solo la estoy invitando a unirse a la banda. Ven con nosotros a los ensayos. El corazón de Katrina latía con fuerza. El interés de Kevin era tan abierto, tan directo, que la abrumaba. Se dió cuenta de que ese era un mundo nuevo y que tenía dos caminos: uno, el de Arthur, oscuro, peligroso y familiar; el otro, el de Kevin, lleno de luz, de vida, y con la promesa de una escapatoria. ​—Me encantaría —murmuró, la decisión ya tomada. No iba a dejar que Arthur la intimidara. La música sería su refugio. Kevin sonrió con picardía, como si supiera que la había ganado.O al menos, era lo que él, creía en ese momento.
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