Capítulo 8: El Ensayo Prohibido
El fin de semana en el campo, su santuario a las afueras de Londres, siempre estaba destinado a ser un refugio de la ciudad, de sus obligaciones académicas y, sobre todo, de Lenna Lyne. Había llegado buscando el silencio para anclar su mente, pero la paz se había evaporado incluso antes de que el fuego de la chimenea alcanzara su máxima potencia.
Estaba en la biblioteca, con el aroma a cuero viejo y turba llenando el ambiente. La pila de exámenes de presentación de la asignatura de Literatura,se alzaba como un muro entre él y la tranquilidad. Por pura manía metódica, Arthur había decidido ordenarlos alfabéticamente.
Había corregido con una atención casi automática,
allí estaba. Chéjov, Katrina Raquel.
La presencia de su nombre en la página, en una caligrafía limpia y decidida, interrumpió su pulso. El ensayo no era simplemente una hoja de papel era un fragmento de la joven, puesto intencionalmente bajo su criterio. Dejó los demás trabajos a un lado, tomó el de ella y lo abrió. Sentía una punzada de culpa profesional que se mezclaba con una oleada de curiosidad malsana. Se recostó en el sillón de cuero, subió los pies a la mesa auxiliar y comenzó a leer, las palabras de Katrina entrando en su mente como una invasión dulce y calculada.
"Me llamo Katrina Raquel Chéjov, nunca pongo Raquel, no me gusta."
Arthur sonrió. Una sonrisa genuina. Era el primer desafío a la formalidad, un indicio de la personalidad irreverente y audaz que ya conocía.
"Nací en Valaquia, Rumania. Un lugar muy hermoso- Usted lo conoce verdad?, supongo que si, usted es un hombre de mundo-"
La descripción de sus gustos—"caminar bajo el cielo estrellado o nublado... leer y escribir. También bailar"—lo transportó a una imagen bucólica que contrastaba con el ambiente denso y oscuro que a menudo rodeaba sus encuentros.
"¿ Lo qué más me cuesta? Hacer amigos, desde que llegué he conocido muy pocas personas... La más amable? El señor Ronald... Bueno, y a usted, aunque, me hubiese gustado haberlo conocido en otras circunstancias. No así, porque la edad no es nada, pero, usted... Usted tiene una vida con su vida, yo..estoy aquí de paso, y no,...no me gusta jugar con los sentimientos de nadie, menos con los suyos. Porque, usted, me ayudó a su forma cuando llegué aquí, aunque me hubiese gustado que lo hubiese hecho de otra manera."
Arthur se tensó. El ensayo dejaba de ser inocente.Era una declaración moral envuelta en papel que lo dejaba al descubierto. La edad era una trivialidad, pero la diferencia en sus vidas lo era todo: él tenía un andamiaje completo —Lenna, la Academia, la reputación— y ella estaba de paso, honesta y sin ataduras. El pinchazo de la culpa fue agudo. Ella se preocupaba por sus sentimientos, lo cual le pareció una ironía devastadora, pues él solo se había preocupado por su propio placer y la discreción.
La frase sobre haberla ayudado "de otra manera" le recordó a Arthur los primeros días de su llegada, la tensa profesionalidad que intentó mantener y el momento exacto en que falló. La había ayudado, sí, a integrarse, pero de un modo que solo había complicado las cosas, no solo para ella, sino para él.
"Una meta? Recibirme, poder ser profesora de Arte, volver a mi Valaquia que tanto extraño, aunque sea de visita. Un sueño? Aunque tengo quince años, en un futuro quisiera formar una familia, o conocer a alguien que esté libre....para poder amarlo a mi manera. ¿ Si no hubiese estudiado Arte qué hubiese estudiado? , no lo sé nunca lo pensé. La edad le cayó encima como una losa. Ella hablaba de un futuro, de una familia, mientras él le ofrecía el presente furtivo, las migajas de un hombre ocupado. La frase sobre "alguien que esté libre" era un golpe directo a su compromiso con Lenna.Arthur era su profesor, su amante, y su obstáculo.
"Gracias por la salida de la otra noche, pude conocerlo desde otra perspectiva, y si me fui....no lo hice a propósito, solo quería que sintiera lo que sentí cada noche que usted se iba después de estar conmigo. ¿ Qué cambiaría de mi vida? Lo que sucedió a mis padres, ese accidente me marcó muchísimo..."
Arthur dejó el ensayo. Ella le había devuelto el golpe,su partida lo había humillado y ahora él entendía que había sido una lección calculada. Lo que sintió en aquel momento no fue rechazo, fue una punzada de soledad y frustración que reflejaba la misma soledad que él le imponía a ella.
Volvió a leer, con la respiración entrecortada.
"Yo tampoco puedo olvidar la noche que vivimos, perdón esto no tiene nada que ver con el ensayo, pero me dolió como me trató en el departamento. No me gusta pelear ni discutir, me hace mal,.me retrotrae a cosas del pasado. Un color? Sus ojos, me gustan las gamas de los grises azulados, es un secreto.
- Ay Katrina, no juegues con fuego damita, nos quemaremos los dos- ¿ Un sabor?, me lo guardo para mí..."
Katrina,un alma que era a la vez dulce y despiadadamente honesta. La confesión sobre sus ojos, tan íntima, tan fuera de lugar en un ensayo, encendió algo en Arthur. La sangre le latió en las sienes. El hecho de que ella hiciera esas revelaciones lo hacía desearla más, un deseo que iba más allá de la piel. "Cálmate Arthur, cálmate", se dijo, sintiendo la tensión física. El ensayo no era un trabajo, era una confesión erótica y moral.
"Lo que más extraño? A mí madre... Amo el mar, en Valaquia me la pasaba descalza corriendo por la playa, aunque el frío de los Balcanes es terrible, me encanta sentirlo en mi piel. Pero también amo la naturaleza verde, los animales, sobre todo los caballos."
Continuó leyendo, la voz de ella resonando en su cabeza.
"...Y a su pregunta de esa noche, no....no me arrepiento porque fue diferente a otras veces. Y no, no me espera nadie ni nada en Rumania, Igor solo fue un " amor" adolescente, con usted conocí el sexo, la necesidad de aferrarme a alguien o algo. Hay veces que para no sentirme sola toco el violonchelo, ese que usted me prestó. Algún día me gustaría tener el mío propio. Gracias por la oportunidad de darme a conocer así... usted no me produce asco, pero....si es prohibido lo que hacemos y eso no me gusta, tal vez por mi edad o porque somos de diferentes culturas."
Ella le había dado lo más valioso: su verdad s****l y emocional. El violonchelo era un hilo que los unía, un regalo que él le había hecho. La frase final lo dejó en estado de shock: ella no lo rechazaba a él, sino a la transgresión. Era una declaración moral que le recordaba a Arthur su propia hipocresía.
La Interrupción de la Realidad
Arthur tomó el vaso de whisky En ese instante, la luz del celular en la mesa, que había intentado ignorar, parpadeó. Era Lenna.
— ¿Dónde estás?
Arthur contestó de forma automática, con la irritación de quien es interrumpido.
— En mi lugar en el mundo, ese que no te gusta compartir conmigo.
— No es que no me guste, prefiero la cuidad. Solo eso.
— Estoy corrigiendo, si no te molesta apagaré el celular para corregir tranquilo.
— Ok, cuándo regresas
— El lunes por la mañana, pero iré directamente a la Academia. Te veré a la hora del almuerzo ese día.
— Arthur, tenemos que hablar.
Su respiración se cortó. No era el tono habitual de rabieta, sino uno de extraña gravedad. Arthur sintió un escalofrío, asumiendo que era la "misma charla" de siempre sobre compromiso o aburrimiento. Su ceguera ante el verdadero problema era total.
— Lo sé, hasta el lunes.
Arthur apagó el móvil. No podía lidiar con Lenna ahora, no después de leer a Katrina. Necesitaba el fin de semana para procesar la bomba de honestidad que acababa de explotar en sus manos.
La Decisión Innegociable
Mientras tanto, en Londres, Lenna y Rebeca seguían tomando café.
— ¿Se lo dijiste? — preguntó Rebeca, su rostro una mezcla de preocupación y cansancio.
— ¡No pude, Rebeca! Cómo decirle que estoy embarazada de él por w******p? -¿Estás loca?
— Lenna, tal vez este sea tu boleto para llevarlo al altar. Piénsalo bien.
— Ya lo decidí. No lo tendré. No me veo criando un pequeño, cambiando pañales y despertándome a la madrugada para que tome la teta.
— ¡No digas eso, Lenna! ¿Sabes lo que es abortar? Perder una parte de ti.
— No sé, tal vez más adelante, pero ahora no. Arthur siempre busca una excusa para dejarme sola, así es siempre. Y esto sería peor.
— Te hubieses cuidado entonces. Bueno, tengo que irme, George me llevará a Eric, no quiero llegar y ver reproches de su parte...
— Ves? Es lo que me esperaría si tengo este bebé.
— Pero es diferente porque Arthur quiere ser padre, y en mi caso, mi relación con George no funcionó, pero... no me arrepiento de Eric... es un pequeño tan listo.
— Pues como sea, es mi cuerpo, mi decisión. — Lenna sorbió su café con rabia.
— Y es el hijo de Arthur. ¿Quieres un consejo? No le digas que estás embarazada. Rompe con él y aborta tranquila. Jamás te perdonará que le cuentes que quieres abortarlo.
— ¿Cómo tener un hijo con un hombre que me ha puesto los cachos desde que lo conocí?!
— ¿Pues por qué seguiste con él?! Mira Lenna, no seré parte de esto, debo irme, mi niño me espera. — Rebeca tomó su cartera y se fue, dejando a Lenna sola, enfrentada al peso de su innegociable decisión.