«Esa hembra me come con la mirada cuando cree que nadie la ve. Yo, encantada. Sobre todo porque ella también tiene un cuerpo de tentación y no hace más que ocultarlo. Fui yo la que la llevó a comprar un mini bikini, ¿ya lo usó? —Esta mañana. —¡Bueno! Más vale tarde que nunca, lo tiene desde hace semanas. ¿Y qué tal? —No le cubre nada —respondí a regañadientes. —Ya estás entendiendo. Esas tetazas merecen respirar libres. ¿Las amasaste como a mí? —¡Claro que no! —Sus pezones debieron ponerse duros, duros —rio pícaramente—. ¿Y traías la pija como ahora? Mi erección no se había calmado, gracias a que ella había vuelto a poner manos a la obra tan pronto pudo para evitar que se relajara. Sus uñas recorrían el tallo de mi m*****o apenas rozándolo y no hacían más que provocarme palpitacione

