—¿Siempre se sientan aqui ustedes? —preguntó Mateo, mientras mordisqueaba una empanada que obvio no le fascinaba, aunque actuaba como si sí, ¡por buena educación!
—Si, este es nuestro territorio neutral— contesté, me estaba recostando en la silla—. No es que tengamos una bandera ni himno, pero al menos evitamos la tortura de escuchar reguetón con la boca llena.
—Todo es muy democratico, ¿eh?
—Vas a ver, que en esta escuela hay más jerarquías que en una telenovela mexicana. Y ya que estamos aqui, te voy a presentar. La división.
—¿La qué dices?
—La división social del almuerzo. ¡Algo así como la ONU escolar! Mira.
Señalé con discreción la mesa más cercana a la puerta.
—Mesa 1: los veganos involuntarios. Solo comen fruta y pan porque nadie recuerda sus alergias. Son buena onda, aunque con el hambre constante.
Mateo se rio suavemente.
—Mesa 2: el club de anime. No opino, pero el otro día uno trajo sushi y ¡usó palillos como si fuera un ritual! Nivel otaku legendario.
—Mesa 3: las influencers en progreso. Se fotografían todo lo que comen, incluso si es agua.
Su guía espiritual, es Carla, esa misma con 14 mil seguidores y tres odiadores declarados.
—Mesa 4: Los estudiosos intensos. Calculadoras a mil, libros por todos lados, y diálogos tipo "¿Cómo obtuviste un 97 y no un 10?". Solo con verlos me sube la ansiedad.
—Mesa 5: Los que se creen en una serie gringa. Hablan en inglés sin venir a cuento, soltando "bro" a cada instante, como si vivieran en Riverdale. Spoiler alert: no.
—Mesa 6: La nuestra. Sin clasificaciones. Sin dramas. Sin normas. Solo. Nosotros.
Mateo me lanzó una mirada inquisitiva.
—¿Es bueno o malo eso?
—Depende del día. Hoy, es bueno porque estás aquí.
No tengo ni idea de por qué solté eso. Pero, el sonrió. Tal vez no fue tan extraño, al final.
Después del recreo, salimos por el pasillo principal. La gente parecía un desfile espontáneo. Fue ahí cuando le solté:
—Y ahora…los tres grandes.
—¿Esto es como los distritos de Los juegos del hambre, o qué?
—Peor. Aquí te juzgan por tu mochila.
Le apunté al grupo cerca del auditorio.
—En el puesto tres: los de teatro. Se hacen llamar “La Compañía del Alma”, pero yo, les digo Los Dramáticos.
Va a ver, es todo un dramón. Pues, ¡si se les acaba el gel pa'l pelo, lloriquean! Además, si alguien llega tarde al ensayo...¡a llorar!. Y si llueve, tambien lagrimas. Sin embargo, todo con un toque poético.
—Me agradan ya —dijo Mateo, divertido.
—Número dos: Las Barbies. Oficialmente, se llaman “Las Estrellas del Ritmo”, son porristas, ¿Sabes? Siempre sincronizadas, perfumaditas, mismamente, te miran como si tu camiseta fuera un horrendo crimen de moda. ¡Demasiado brillo pa'tan poco cerebro!
—¿Y el numero uno?
—Los de baloncesto. Formalmente, son del equipo de la escuela. Siempre con sus mochilas enormes, con suéteres que llevan el nombre del insti y una confianza que ni se compra en sss. Ellos mandan en el patio, en la cancha, ¡incluso en la fila del almuerzo! Los meros reyes de la escuela. Aunque más bien, cómo los reyes de un reality show.
—¿Y tú?, ¿en cuál grupo estabas antes?
—Siempre he sido espectador yo. Hasta este año nomás.
—¿Y este año, pues?
—No se. Quizás ya me cansé de mirar desde la distancia.
Mateo calló. Mas, se acerco a mí.
Y por primera vez en mucho tiempo, no me sentí tan fuera de lugar.