Capítulo 4: Un Nuevo Chat

963 Words
—¿Entonces. mañana a las ocho, verdad? —Inquirió Mariana mientras acomodaba su mochila. —Si, y acuérdate que si llegas tarde, Julián se queda con tú desayuno —dije, dibujando una sonrisilla. —¡Eso es una patraña! —interrumpió Julián—. Yo compartiría. Tal vez. Mateo rió por lo bajo, una despedida breve. Un “nos vemos mañana”, sin mayor problema. Mariana se marchó, sumergida en su música, con los pies marcando el compás. Julián se dirigió al norte, saludando a unos amigos. Mateo y yo nos miramos un momento antes de que el diera media vuelta y siguiera su ruta. Yo agarré el atajo del parque. Siempre lo usaba. Me gustaba ese receso de cinco minutos, donde el mundillo parecía bajar el volumen. O al menos solía ser así... Casi al final del parque, oí unas voces. —¡Ey! Mira quien anda solo. No me detuve. Ya conocía ese tono; no era saludo, sino advertencia. Apresuré la marcha. —¿Tiene prisa, princesa? —Gritó otro. Los pasos se aproximaban. No quise voltearme. Atravesé la cancha desierta, emergiendo al otro lado del parque, como si un recuerdo ominoso me acosara. Al llegar a mi calle, el corazón martilleaba todavía en mis oídos. Entré a la casa sin un mísero saludo. Cerré la puerta, con fuerza desmedida. —¿Crees que esa es manera de entrar a una casa? —inquirió mi madre desde la cocina. —Lo siento. —Lo siento un carajo. ¿Y ese bulto? ¿No lo vas a poner en su sitio como persona normal? Ah, ya estábamos. Arrojé la mochila cerca del sofá, dirigiéndome a la cocina. —¿Todo bien? —cuestionó mi padrastro Rubén, sin despegar la mirada del periódico. —Sí —contesté, dudando si se dirigía a mí, o al vacío. —¿Seguro? Porque llegaste como si te persiguieran... Sentí un cosquilleo en la espalda. Tragué saliva a duras penas. —Estoy bien, ya. Nos sentamos a cenar. Mi hermano menor hablaba sobre una tarea absurda, recortar frutas de revistas, y mi mamá asentía como si fuera la física cuántica en persona. Pero la tensión era palpable. Latente. Como un cuchillo, sí, sobre el mantel. —¿Y que tal fue el primer día? —preguntó mi madre. —Bien. —¿Solo eso? —Conocí a un nuevo chico. Se llama Mateo. Es un muchacho tranquilo. —Ajá. ¿Y ya es tu amiguito? —preguntó Rubén, como quien no lo quería pero sí. —No lo sé. Apenas lo conocí hoy. —Ojalá que no sea uno de esos tipos raritos —añadió. Mi madre frunció el ceño, mas no dijo nada. Yo tampoco, la verdad. No tenía energia para eso. El silencio, pareció, como un manto frío que se extendió por toda la mesa. Subí a mi cuarto, al terminar. Cerré la puerta con fuerza. Encendí el ventilador. Me acosté boca abajo, deseando desaparecer. De repente, vibró el celular. Mensaje de un número desconocido: Hey, soy Mateo. Mi corazón dio un saltito incómodo. ¿Cómo consiguió mi número? Me senté en la cama, sosteniendo el celular como si quemara. Consideré ignorarlo. Pensé en contestarle con un emoji. Pensé en preguntarle de una vez por qué tenía mi número. Pero todo sonaba mal. Así que hice lo que cualquier persona normal haría en estos casos: escribí al grupo con Mariana y Julián. Yo: Chicos, auxilio. Mateo me acaba de escribir. Mariana: ¿Y eso es motivo de auxilio o de celebración? Julián: ¿Qué te escribió? ¿Te confesó su amor? Yo: Él solo soltó un "Hey, soy Mateo." Aunque ignoro cómo obtuvo mi número... Esa es la parte que me confunde. Mariana: Quizá se lo pidió a alguien eh? No es la gran cosa. Julián: O tal vez te lo birló cuando te quedaste frito en clase. Es un espía seguro! Uno muy sexy, fijo. Yo: Dejen de ayudar tanto, porfa. ¿Qué le digo? Mariana: Sé tú mismo. Aunque a veces da miedito, ya lo sé. Julián: Escríbele algo rollo "Cómo conseguiste mi número, stalker?" Con emoji de detective. Yo: ¿Y si se ofende? Mariana: Entonces no es tu gente. Respiré profundo. Regresé al chat con Mateo. Tecleé: ¿Cómo obtuviste mi número? (sin emoji, por si las moscas) Tres puntos suspensivos… que iban y venían. Volvieron a aparecer. Desaparecieron de nuevo. Yo estaba por lanzar el celular y largarme del país, hasta que por fin respondió: Se lo pedí a Julián. Creyí que estaba bien. Perdón, si fue raro. Bueno, no era tan disparatado. Volví al grupo. Yo: Julián, ¿fuiste tú quien se lo dio? Julián: Ups… sí. Me dijo que quería darte las gracias por hoy. Creí que te caías bien. Yo, claro que sí. Solo fue inesperado. Regresé al chat de Mateo. Todo bien por aca. Simplemente me sorprendió. ¿Cómo te fue al terminar el día? Mucho mejor de lo que esperaba gracias a ti. ¿Y tu? Lo observé un segundo. Entonces escribí. Igual que tú. Aún que casi me da un infarto hoy en el parque pero, bueno, esa es otra historia. ¿Qué pasó? Gente gritando, lo normal. Espero que te sientas bien. Si necesitas que te acompañe mañana, avísame. Me sonrojé, solo en mi habitación y sonreí como idiota. En ese preciso instante, mi madre toco la puerta. Lucas, no te duermas muy tarde que mañana deben elegir grupos para los talleres, recuérdalo. Sí, ya se. Cerré el chat, miré al techo, y respiré profundamente. Mañana, elegir grupo, clase nueva, probablemente ver a Mateo más seguido, o quizás no, no lo sabía. Lo que sí sabía es que este año sería diferente. Y tal vez...no queria ir tan derecho esta vez.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD