Mientras Glen ya tenía su plan bien trazado, Andrew e Isabella disfrutaban por así decirlo de una exquisita cena. Él estaba decidido a agasajar y conquistar a su esposa así que había reservado con anticipación una mesa en donde tenían intimidad y cuya ubicación les hacía tener una vista privilegiada del mar. A pesar de estar reticente con respecto a ese viaje, Isabella estaba intentando ponerse a la altura de las circunstancias. Según su mirada, se lo debía a Andrew, una vez más el agradecimiento y el cariño que le tenía a su esposo, pesaban más que sus sentimientos reales. Para la especial ocasión, había elegido ponerse un sobrio pero elegante vestido en color n* gro, que dejaba ver la hermosa figura de la cual era dueña, se maquilló lo mejor posible para cubrir su bello pero demacrado

