Cómo Eros no creyera a Gwen acerca de que a ella no le importaba si él era rico o pobre, le lanzó una propuesta.
Siempre se dice en los proverbios de la vida que uno nunca debe tomar sus decisiones en momentos de rabia, y es así como se sentía Eros, lleno de rabia, de desconfianza.
Sabía que Gwen no era la novia con quién le habían comprometido, y era cuestión de ir a desenmascararla ante toda la familia, así alejarse de ellos, pero por alguna razón, Eros quería a Gwen cerca, sea para lo que fuera, humillarla o para sacar provecho a su cuchara.
Pero este día, Eros cometió el error de no creerle a Gwen y a base de eso proponer a Gwen casarse con él de inmediato.
—¡Cásate ahora mismo conmigo si no te importa vivir en pobreza! —dijo Eros.
Ante su propuesta, Gwen respondió; —esta bien señor Graham, déjame decirle que no viviremos como un par de pobres, teniendo buena salud, trabajaremos muy duro para ganar nuestro sustento diario.
Ante sus palabras, a Eros le dió por reírse, pero a Gwen no le importó su actitud, ella se dijo “es el shock de perderlo todo y ser un pobre que lo pone en ese estado.”
—Mañana ven a verme lista con tus documentos de identidad, no olvides —Eros casi parecía dar orden a Gwen.
—¿Cómo, no vamos a tener una boda decente?
—¡No! —respondió Eros, pues todo lo que quería era humillar a Gwen por que le creía falsa, interesada en el dinero, creía que ella solo mostraba una fachada.
—Bien señor Graham, pero mañana no podrá ser, tengo que estar en el trabajo.
—¡Excusas! —respondió Eros.
—Señor Graham, tal parece que yo no le agrado y aún cuando le hablo con honestidad, a usted no le importa y le debo decir lo siguiente …
—Para empezar, un matrimonio es sagrado, y segundo, se supone que usted está enfermo, ¿que estaría haciendo casándose conmigo en una sala de hospital?
Eros hizo silencio, no supo debatir ante tal argumento ella tenía razón.
Gwen se dispuso a abandonar la sala de hospital.
Al irse, Nancy entró enseguida a la sala, vió que su jefe hoy estaba más irritado que otras veces.
Ella no dió ninguna opinión, solo estaba pensando en si porqué su Jefe ya quería casarse con la joven sabiendo que no era la misma persona con quien lo habían comprometido, y sabiendo que la familia de ella estaba en una crisis económica.
—Señor Graham, aquí está el cheque de la joven.
—¿Es falso, no hay fondos? —reprochó como si estuviera seguro.
—No, al contrario, el dinero está reflejado allí.
—¿Que pretende esa mujer conmigo? —se quejó.
—¿A mí en lo personal, ella me agrada, me parece alguien honesto —Eros chasqueó la lengua y dijo.
—Tenga miedo de lobos disfrazados de ovejas.
—Jefe, veo que usted no soporta a la joven entonces, ¿porque no rompe con ese compromiso?
—A usted le saldría más barato pagar por penalización por romper con el compromiso que casarte con ella y dejarle una buena cantidad de dinero al divorciarse de ella en el futuro.
—¿Quién dijo que habrá divorcio después? Casado conmigo, solo la muerte podría separarla de mi, ella me va a pertenecer desde el día que firme nuestra unión.
—Pero usted odia a esa mujer —dijo Nancy.
Eros miró a Nancy con descontento y luego dijo algo que dejó más sorprendida a su jefa de seguridad.
—Ni yo sé si la odio o... me gusta —esta confesión puso en jaque mate a Nancy, creía que lo conocía bien, pero no era así.
La jefe de seguridad del hombre solo se limitó a abrir grande la boca, pues estaba anonadada de haber escuchado una confesión por parte de su irritante jefe.
—Creo que deberías parar con esto señor Eros —dijo Nancy después de un momento de silencio.
—¿Porque habría de hacer eso? ¡No quiero! —la actitud de él había sorprendido de nuevo a su jefe de seguridad.
—Busca como convencerla de casarnos así en esta cama de hospital, no quiero que ella desista de la dea, si se casa aquí en estas condiciones, es por que es una persona desinteresada. —engulló en palabras lo que pensaba.
—Investiga más sobre su vida —dijo Eros levantándose de la cama y deteniéndose en la puerta.
—Investiga su vida, desde que nació, quiero saber todo de esa mujer con quien me casaré en unos días.
Nancy resopló, luego dijo:
—Ya lo hice, aquí está su información —lo dejó sobre la cama y salió ella de la habitación.
Enseguida Eros tomó el folder con los documentos, revisó enseguida como los tomara entre sus manos.
«« Nombre: Gwen Maena, edad actual, 21 años, estudios avanzados, solo le falta este semestre para concluir la carrera de economía y finanzas, soltera sin compromisos »»
En el rostro de Eros se dibujó una sutil sonrisa que rápido se borró.
También tomó la lonchera y se sonrió un poco, todo esto, Nancy su guardaespaldas de confianza, lo estaba viendo desde la puerta entreabierta, Nancy solo sonrió un poco al ver a su jefe caer en las trampas del Amor.
"En la Empresa de Cosméticos Baena"
El director Shane Wilson estaba en el teléfono, cuando llegó Gwen, él hablaba con un inversionista desconocido le estaba contactando para hablar de un jugoso trato, él no sabía de quién se trataba, la persona en el otro lado de la línea, pero estaba muy contento con la propuesta.
Cuando vió llegar a Gwen, el hombre sin colgar la llamada, cargado por la emoción, olvidó cortar la llamada, e hizo el siguiente comentario a su asistente Gwen.
—¡Gwen!, bueno, señorita Gwen, vamos a tener a un nuevo inversionista para nuestra empresa, ahora sí podrá crecer el negocio y yo podré pedir a tu padre en matrimonio —Eros era ese desconocido inversionista que escuchaba al otro lado de la línea.
Lo primero que Eros pensara, era que Gwen le había puesto esa condición a ese tipo, pero su malestar iba mas allá de su furia, se sentía iracundo e irracional.
Empezó a tirar de todo cuanto tenía a su alcance, su rabia era tanto que ni la propia Nancy supo que lo había provocado así.
En aquella oficina, Gwen quien de buenas a primera oyera las palabras de su jefe, el director, respondió con el ceño fruncido.
—Lo siento señor Wilson, no me casaré contigo solo por el hecho de que usted tenga contratos jugosos en su empresa, no va a pasar eso. —dijo Gwen, dejando desinflar al señor Shane enseguida.
—Yo… jeje, este, me emocioné y hablé de más —dijo el director Shane Wilson.
Enseguida Gwen se retiró a su escritorio, había un par de mujeres trabajando ahí que detestaban a Gwen.
Ellas pensaban que Gwen se hacía la difícil o la chica actuaba indiferente con el jefe para luego con su estrategia dejarlo caer redondo a sus pies a estos hombres, sin embargo, no conocían tan bien como debieran conocer a Gwen, antes de tener un juicio de Gwen debían al menos saber su carácter.
Gwen era así, espontánea y transparente con todo y todos, pero obviamente esas mujeres no lo sabían.
—Señorita Maena, el jefe la llama a su “oficina”—dijo Rosaura al salir de la oficina del señor Shane.
Gwen asintió y se levantó enseguida. Era eficaz en su trabajo, pero hasta eso le molestaba a sus compañeras.