La luna aún no había alcanzado su punto más alto cuando Luciana, con una capa robada y pasos sigilosos, se escabulló por los pasillos del palacio. Dos guardias borrachos jugaban a los dados en la entrada trasera de los aposentos reales. Gracias, incompetencia imperial.
—De verdad... ni en mi otra vida me la ponían tan fácil —susurró mientras se deslizaba entre las sombras.
Sabía exactamente a dónde quería ir. Lo había deducido a partir del mapa que Liana le consiguió horas antes: tres pisos, dos escaleras ocultas tras tapices con ángeles dorados, y una puerta sellada con un candado rúnico que abría... con un empujoncito bien dado.
Tanta magia y ni una cerradura decente.
Y ahí estaba: la Biblioteca de las Sombras. O eso decía una placa oxidada que colgaba torcida sobre la puerta principal. Las estanterías eran más altas que los techos de muchas casas, y el olor a papel antiguo, cera y polvo encantado llenaba el ambiente.
—Bueno, biblioteca asesina, veamos qué secretos guardás.
Tomó una lámpara de aceite y comenzó a recorrer los pasillos. Los primeros libros eran de lo más aburrido: tratados políticos, genealogías, normas protocolares... y al menos tres tomos dedicados a los sombreros reales.
—Ni muerta —gruñó, empujando el carrito de libros hacia una zona más oscura.
Después de una hora de búsqueda, algo llamó su atención: un pequeño estante, medio cubierto por una alfombra enrollada y una silla rota. El cartel polvoriento decía “Criaturas y supersticiones”. Bingo.
Revisó los títulos: Bestiario de Mitras, Demonios del Norte, Nueve lunas: criaturas esclavas del cielo, El canto de los cambiapieles... y ahí estaba.
“La Sangre del Lobo: Jerarquía y legado de los Licántropos”.
Cubierta de cuero desgastado, letras grabadas a fuego. Solo tocarlo le provocó un escalofrío.
Se sentó sobre la alfombra y lo abrió. Y entonces, los secretos comenzaron a revelarse.
***
Extracto del Libro: La Sangre del Lobo
“No hay estructura única entre los hijos de la luna, pero toda manada responde al instinto de su sangre. Los licántropos, criaturas bendecidas —o malditas— por la luna, se organizan siguiendo el orden natural de los lobos salvajes.”
Jerarquía Mítica de los Licántropos:
Alfa: El líder. El corazón y la mente de la manada. Fuerte, temido, o amado. Hombre o mujer, su dominio se impone por poder, conexión espiritual y sangre.
Beta: Mano derecha del alfa. Estratega, confidente, ejecutor. Mantiene la cohesión del grupo y la disciplina.
Gamma/Delta: Guerreros. Cazadores. Protectores. Los dientes de la manada. Se dividen en subcategorías: rastreadores, guardianes, y escuderos.
Ómega: El margen. El marginado. El que ríe cuando otros rugen. Puede ser el alivio o el caos interno. Su rol es invisible, pero necesario.
Elders (Antiguos): Los fundadores. Los sabios. Los inmortales. Aquellos que recuerdan el primer aullido.
“En tiempos antiguos, los licántropos puros —nacidos, no convertidos— dominaban los clanes. En ellos habitaban espíritus primigenios, conocidos como los LOBOS ANCESTRALES, entidades conscientes, salvajes e inmortales que no podían ser domesticadas. Solo un vínculo absoluto con su luna podía calmarlos...”
"El Lobo de Kilian – Fragmento Perdido:"
“Una historia sobrevive entre susurros y colmillos. Habla de un licántropo nacido en una noche sin luna, bajo una tormenta de sangre. Su nombre no fue dado, sino reclamado por el espíritu que lo poseía: el Lobo Blanco, el Alfa de Alfas. El Original.
Este lobo ancestral duerme en el corazón del rey Kilian. Es paciente, pero cada luna roja lo agita. Si su luna —su alma gemela— no lo encuentra antes de la décima sangre lunar… tomará el cuerpo de su huésped y arrasará con todo ser viviente.”
Luciana tragó saliva.
Cerró el libro despacio, como si este pudiera morderla si lo hacía rápido.
—Entonces es cierto... —susurró—. Kilian tiene un demonio dentro. Un ser más antiguo que la historia misma. Y soy la única cosa que puede detenerlo.
Dejó el libro sobre su regazo. Su mano temblaba.
Si no se unían antes de esa última luna, él perdería el control. Sería consumido por su lobo ancestral. Y el mundo entero pagaría el precio.
Pero ahí no terminaba el texto.
Había un último párrafo en tinta roja, casi borrado.
“Aquella que despierte la sangre del Alfa, deberá también cargar con su eco. Porque cuando el Alfa ruge, su luna sangra. El vínculo no es salvación. Es sacrificio.”
Luciana se quedó helada.
—Genial. No solo tengo que salvar al mundo… tengo que atarme a un hombre lobo poseído por un lobo más grande. Y sangrar mientras tanto.
Suspiró. Cerró el libro. Y sonrió con ironía.
—La parte divertida será contarle a Kilian que yo soy su calmante emocional.