Q U I N T O .

1584 Words
Capítulo cinco. Me gire con lentitud, un sentimiento de vergüenza filtrándose en mi interior, algo de culpa lo acompañó en un cóctel que me dejó anclada en mi lugar. ¿Por qué carajos sentiría culpa?, no sabia en que hospital trabajaba su maldito novio, no es como si lo hubiese hecho a posta. Sacudí la cabeza, mirándola con una ceja alzada, ¿El muy cabrón había venido corriendo a contarle?, después de acorralarme en su maldita oficina como si no fuera la hermana de su novia. —Los chismes viajan rápido. Se rió, no había nada de humor en el sonido, más bien cinismo. —No puedo creer que hayas corrido al hospital donde trabaja mi novio, ¿Sabes que no recibirás favores de su pareja, verdad?. Veneno puro destilando de sus palabras, tube que apretar los puños para contener la creciente rabia en mi interior. —No necesito ningún favoritismo para escalar hasta donde estoy. Tienes mis notas para darte cuenta y si te deja más tranquila, no sabía que él trabajara allí. —Si claro… Rodó los ojos, dándole otro trago a la copa en sus manos. —Por si no lo sabes, es el mejor hospital del estado querida, fueron mis profesores quienes hicieron la recomendación, fue el hospital quien me llamó para ser parte del personal. No me interesa estar cerca de tu novio. Escupí las palabras más alto de lo debido, me importaba un pimiento si nuestros padres se despertaban, aunque no quería tener otra discusión con mi progenitora cuando ni siquiera me había dado el sermón por el espectáculo del fin de semana. —¿Quieres que piense que esto es una coincidencia?, estar en el mismo hospital podría ser, ¿Pero formar parte de su equipo?, no. Baje unos escalones el enfado carcomiendo mi interior, quería agarrar el maldito vaso de cristal y tirarle el contenido en la cara. Estaba cansada de Jessica y sus actitudes, no podía esperar a conseguir un nuevo apartamento, viviría debajo de un maldito puente con tal de no volver a verla. —¿Te estas escuchando siquiera?, ¿Qué maldita conexión tengo yo para hacer una movida así?. —Tenemos dinero y mucho. Los sobornos no son poco comunes. Me fulminó con la mirada, en lo único que podía pensar era en la estupidez de toda la situación, el nivel imaginativo de mi hermana al armar semejante historia. —Corrección, querida. Nuestros padres tienen dinero, y sabes que no he tocado ni un centavo desde que salí de la secundaria. Su expresión cayó, todo lo que tenía hoy en día era producto de mi trabajo duro, ropa, materiales, coche, todo lo había comprado con turnos dobles en cualquier trabajo que se me apareciera enfrente. Lo único que me proporcionaban mis padres era el alimento, un techo donde dormir. Aunque odiaran mi actitud. Usar su dinero, significaba el control de mi madre sobre mí, y de ese no quería ni un maldito gramo. —¿Para qué fuiste a su oficina hoy?. Su voz me sacó de mis pensamientos, la mire con una ceja alzada, incrédula ante sus palabras. Bueno, bueno, al parecer Killian no le había contado nada, mas bien mi hermana parecía tener alguien dentro del hospital espiando a su chico. —¿No me digas que tienes a alguien informandote lo que hace?.. – Tuvo la decencia de sonrojarse, se me desencajó la mandíbula. —Estás enferma, Jessica Me di la vuelta, dispuesta a marcharme. Un fuerte golpe lo evito, mire la copa de cristal hecha añicos en el suelo, la expresión desquiciada de mi hermana. ¿Qué carajos estaba pasando?. —No me cambies de tema. – Alzó un dedo acusatorio en mi dirección. — ¿De qué coño hablaron?. —Pregúntaselo a tu novio. Sisee furiosa, subiendo las escaleras, metiéndome en mi habitación. Cerré la puerta con el seguro, realmente no sabía qué esperar de mi hermana. *** En medio de la bruma del sueño, unas manos amorosas me sacudían con lentitud. Abrí los ojos, clavando la mirada en la ventana de mi habitación, el sol aún no salía. Suspire aliviada, no llegaría tarde a mi segundo dia de trabajo. —Cariño, ¿Me escuchas?. Contuve un bostezo, girando la cabeza en dirección a mi padre. Las suaves líneas de su rostro me dieron la bienvenida, haciéndome sentir cálida. Papá era un ángel, un hombre demasiado dulce para su propio bien. —Te escucho. —Bien, no se que pasó entre tu hermana y tu ayer en la noche. Tronchatoro te espera en el comedor, lista para echarte la bronca. Me reí sin poder contenerlo, entre agradecida, por la advertencia y molesta al darme cuenta que Jessica volvió a jugar sucio. —Me marcharé por la puerta de atrás entonces. – Le di un suave beso en la mejilla, su aroma tan característico me reconforto. — Eres el mejor padre del mundo. Se fue sin decir más, sus hombros tan caídos como siempre, preso de una nostalgia que nunca supe de dónde venía. Tengo recuerdos de la infancia, donde una sonrisa siempre le adornaba el rostro, era un hombre feliz, amoroso. Mientras más pasaron los años, y la actitud de mi madre lo venció, se convirtió en un hombre lúgubre, un alma en pena andante, quien nunca quiso admitir que lo había llevado a ser de esa forma. Negué con la cabeza, levantándome de la cama. En menos de una hora ya me encontraba lista, cafe en mano, dentro del coche y haciéndole la culebra a mi madre para que no me echara la bronca, al parecer este dia comenzaria de perlas. Aunque el sentimiento duró muy poco, ni bien llegue al estacionamiento del hospital, un cuerpo enorme se encontraba apoyado en un impecable coche de alta gama. No tenía ningún superpoder, sin embargo, a unos metros de distancia supe quien era. Killian, me estaba esperando. Apoyado en su coche, una cazadora de cuero aferrándose a su hermosa anatomía, realmente estar tan bueno tendría que ser considerado un pecado capital. Dando un largo suspiro baje del coche, si su cara era indicativo del tipo de conversación que tendríamos, madre mía, no me esperaba nada bueno. —Buenos días, doctor. ¿A qué se debe esta emboscada?. Fui la primera en hablar dejándolo, al parecer, pasmado en su sitio. Aproveche esos segundos de estupefacción para beberme su belleza, y encasillarla en una caja de “Prohibido tocar” en lo más recóndito de mi cerebro. —Sabes, jamás me he metido en la clase de relación enfermiza que tienen con tu hermana, pero te has pasado de la raya, Lara. Bueno, bueno, al parecer hoy no había un “Sirena” para mi. Procese sus palabras, muerta de curiosidad por saber que novelita se había montado mi hermana ahora. —Ilumíname, Killian, ¿Qué se supone que le he hecho a su majestad ahora?. No pase por alto el brillo que se adueñó de sus ojos cuando pronuncie su nombre, realmente no sabía cómo descifrar las señales contradictorias que me mandaba y realmente no tendría que ponerme a pensar en eso. —Sabes de lo que te estoy hablando. Se le apretó la mandíbula mientras me repasaba de pies a cabeza, ante su tono acusatorio el humor se esfumó de mi interior, siendo reemplazado por una rabia abrazadora. —No, amigo, claro que no lo sé. Estoy bastante acostumbrada a las fábulas de Jessica, y es tan creativa que no sé a qué atenerme en este momento. Nos miramos con intensidad por unos segundos, hasta que KIllian se impulsó con sus piernas, parándose en su metro largo de altura, haciéndome sentir minúscula como una hormiga. Su aroma delicioso me golpeo los sentidos como un latigazo, su calor, su presencia enorme, me dejaban drogada de lujuria. Lastima que sus ojos me lanzaran dagas, lastima que su cuerpo estuviera tenso por la emoción equivocada. —Odio a las mujeres embusteras, nunca pensé que fueras una de esas, Lara. Le dijiste que te llame a mi oficina, que intentarás seducirme hasta robarme. Se me desencajó la mandíbula, la rabia dándole paso a una incredulidad monumental. La muy perra me estaba haciendo la vida a cuadros, y seguramente seguirá así hasta que decidiera irme del hospital. —¿Qué coño… —No intentes mentirme. – Se acercó hacia mí, casi rozandome el cuerpo. Irradiando tensión por cada poro. — No vas a tenerme, como tuviste a su anterior pareja. ¿Que deberia haberme molestado mas de esa oración?, las mentiras incluidas. Nunca esperé que ese “No vas a tenerme” me doliera en el fondo de mi pecho, madre mía, claramente no iba a tenerlo, porque no podía, no porque no lo quería. Dando un paso hacia atrás recompuse mi expresión, colocando la máscara más fría que encontré, intentando que los trozos astillados de mi interior no fueran visibles que la decepción no fuera visible. —Pobre de ti, que tan mal vas a caer cuando te des cuenta la mujer que tienes al lado. — Acomode el asa del bolso en mi hombro, incapaz de quedarme quieta. —No voy a defenderme, porque todo tarde o temprano se sabe. Abre bien los ojos Killian, Jessica no es quien parece ser y espero que te des cuenta antes de que sea demasiado tarde. No lo mire a la cara, cargada de sentimientos amargos, me encamine al hospital, dispuesta a que el trabajo por delante borrara las palabras clavadas en mi corazón.
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