C U A R T O .

1699 Words
Y aquí estábamos nosotros, analizándonos como un depredador a su presa. Yo me sentía más presa que depredador, pero jamás admitiría algo así. —¿Necesita algo, Doctor O'Malley? La comisura derecha de su boca se elevó un poco, conteniendo una sonrisa que no llegó a iluminarle los ojos. Mi interior se retorcía de nervios. Killian realmente tenía un efecto fuerte en mí. Cuando decía que no podía estar en la misma habitación que él, no exageraba. —¿Vamos a tratarnos así?, ¿Como si fuéramos desconocidos? Apreté la mandíbula con frustración, recargándome en la puerta, deseando que la madera pudiera absorber aunque fuera una minúscula parte de mis sentimientos. —Es mi primer día, mi primer hospital. ¿En qué posición quedarían si supieran lo que eres para mí? Me pareció ver que se le oscurecía la mirada. Un parpadeo después y ya no estaba tan segura. —¿Y qué soy para ti? Su voz ronca no fue más que un afrodisíaco para mis sentidos. Los vellos de mi brazo se me erizaron. Si los hombres supieran que esa voz, de locutor sensual, nos ponía a las mujeres más que cualquier cara bonita, estaríamos perdidas. ¿Qué eres para mí? Todo lo incorrecto, todo lo prohibido, todo lo que deseo y no puedo tener. El pensamiento me sacudió con tanta fuerza que mi cuerpo se estremeció. Nunca podría admitirle esas cosas, jamás de los jamases. Así que en vez de darle la respuesta que deseaba, cuadré los hombros, alcé la barbilla y lo miré, con la clara huella del desafío brillando en mis ojos. —Eres mi cuñado, Killian. Y estoy segura de que no necesitas un recordatorio para saberlo. Nos medimos en una guerra de miradas, a la que ninguno dio el brazo a torcer. Me pregunté dónde estaba el hombre juguetón que siempre intentaba sonsacarme alguna palabra, aunque fuera un insulto. En esta oficina, repleta de diplomas y reconocimientos, no era nada más que un hombre imponente, llenando las malditas cuatro paredes con una presencia que prometía asfixiarme. Nos miramos por un minuto, dos, tres, tantos que por un segundo pensé rendirme. No pude, no cuando lo observé elevarse en toda su esplendorosa altura, rodear el escritorio y acercarse hacia mí. Me apreté tanto contra la puerta que no supe cómo no nos fundimos en uno. El aire dejó de entrar en mis pulmones por unos segundos cuando él no dejó de avanzar en mi dirección, no hasta que unas pocas pulgadas separaban nuestros cuerpos, no cuando alargó uno de sus brazos, apoyando su mano en la madera por encima de mi cabeza, se inclinó, bajando el rostro a unos pocos centímetros del mío. —No puedes estar en mi equipo, ni en mi quirófano. Sus palabras me calaron con lentitud. Lo único en lo que podía pensar era en su cercanía, su aroma, lo malditamente bien que se veía en bata blanca, y en lo jodidamente real que era la idea de que la mayor parte del personal femenino quisiera llevárselo al huerto. —¿Por qué? —Porque eres una maldita distracción. – Gruñó, su tono medianamente enfadado. — Te trasladaré al equipo de un colega muy bueno. Tuve que parpadear, una cantidad anormal de veces, para darme cuenta de lo que hablaba, para salir del hechizo que me nublaba la razón. El enfado comenzó a correr por mis venas. —Jodidamente no, no vas a echar por tierra todos los años que me he partido el culo para llegar hasta aquí. —Esa boca… Fruncí el ceño, observando cómo el azul de sus ojos se convertía en una tormenta oscura. —Esta boca tiene mucho que decir y una de esas cosas es que no te atrevas a trasladarme a ningún otro lugar, no dejarás nada más que una mancha en mi expediente. Sabes lo difícil que es llegar hasta aquí, y mucho más sin el m*****o masculino entre las piernas. —Sirena… Le puse un dedo en los labios, callándolo, sin darme cuenta del error cometido. En el momento en que toqué la piel blanda de su boca, madre mía, una corriente eléctrica me recorrió de pies a cabeza. La boca se me secó, y deseé cosas que no eran moralmente correctas, cosas que me enviarían a un vórtice de autodestrucción. Las alarmas de mi cerebro se encendieron en el momento en que Killian sacó la lengua, remojando sus labios, tocando con esa punta húmeda la piel sensible de mi dedo. Contuve un gemido. —No voy a irle con el chisme a mi hermana de las mujeres que se te quieren colgar encima en el hospital, no soy una boca floja. Puedes trabajar con tranquilidad. ¿Por qué otro motivo sería una distracción para él?, esa era la única opción que podía pensar. ¿Quién en su sano juicio querría trabajar cerca de su cuñada?, pues nadie. —¿Las mujeres que se me quieren colgar? Frunció el ceño. No pude contener el bufido que salió de entre mis labios. La cercanía de su cuerpo me estaba volviendo loca, emanaba tanto calor que me pregunté qué tan caliente podría llegar a ser en otros ámbitos. Sacudí la cabeza y lo empujé suavemente por el pecho, ignorando el cosquilleo en mis palmas. Killian se resistió un poco, pero terminó devolviéndome mi espacio personal con un gruñido. De espaldas a mí, lo observé pasar una mano por el cabello, despeinándolo. Se veía afectado… —No te hagas el humilde conmigo, simplemente tratémonos como desconocidos y listo. Quiero este trabajo, Killian. No puedes arrebatármelo por ser el novio de mi hermana. Volvió a suaescritorio, su rostro volviéndose una máscara vacía de emociones. —¿Y si tus compañeros descubren nnuestroparentesco?. Rodeé los ojos, aferrando una de mis manos al picaporte, deseando que esta reunión terminara lo más pronto posible. —Esta mi curriculum y mis calificaciones para ver que soy buena en mi trabajo, simplemente llevemos la fiesta en paz. No espere que me respondiera, incapaz de permanecer un segundo allí, salí por la puerta dejándolo con las palabras en la boca, seguramente. De camino a mi locker, solo pudo lanzar una maldición al firmamento, quien no dejaba de mandarme pruebas que me harían perder la cordura. Lo sucedido se reprodujo en mi mente, como un disco rayado, no pude evitar analizar cada palabra, cada movimiento de su cuerpo. ¿Acaso era normal la forma en la que me había acorralado?, ¿La forma en la que sus ojos se oscurecieron?. Negué con la cabeza, mandando lejos los pensamientos involuntarios. Killian O'Malley estaba totalmente pillado por mi hermana, jamás me vería con otros ojos, nunca me desearía. O al menos eso es lo que me dije, intentando extinguir la brasa de esperanza y excitación que se instaló en mi cuerpo. De camino a mi coche, con mi primera jornada laboral acabada, mi teléfono sonó. Todos esos pensamientos salieron por la borda cuando el nombre de Savannah brilló en mi pantalla. —Hola, hola a la sexy enfermera Lara Callaghan. No pude evitar sonreír, subí al coche, coloque el teléfono en su soporte y salí a la carretera antes de responder. —Hola, cariño. —Mmmh y dime, ¿Qué tal ese primer día?, ¿Muchos compañeros sexys para llevarse al armario de servicio?. Una carcajada estridente se escapó de entre mis labios. —Me parece que alguien está viendo demasiada televisión… CAnturre por lo bajo, prestando atención a al atestada carretera-. —Patrañas. – Chasqueo la lengua. — Larga la sopa, Lara….¿Hay alguna carne de exportación o no?, creo que has pasado demasiado tiempo sin remojar el mochuelo. —Asquerosa… – Frene en un semaforo, clavando la mirada en la pantalla. — Bueno, si hay alguien, pero esta prohibido… —Joder, ¿Casado?. Me mordí el labio, esperando el cambio de luces. —Algo así…– Suspire. — De novio, con mi hermana. Segundos de silencio, varios, tantos que tuve que mirar la pantalla mas de una vez para asegurarme de que Sav seguía del otro lado. —Madre del amor pornoso, ¿No me digas que… —Sí… – Gemí. — Estoy en su equipo médico, joder. Es cirujano jefe de mi cuadrilla, básicamente mi superior. —¿Estás de coña, verdad?. —Ojala… Le conté todo lo ocurrido, desde el momento en que entró a ese quirófano, estuvimos hablando hasta que entre en la mansión y aparqué en el garaje. —Bueno, nena ¿qué quieres que te diga? En mi opinión es el destino dandote unas palmaditas en la espalda y diciendo ; chica, adelante, toma a ese toro por los cuernos, o por el mástil, donde quieras primero. Sonreí, sintiendo la calidez recorriéndome el pecho, amaba a Sav con mi vida. —Gracias por escucharme-. —Siempre para ti mi Reina, jamás lo dudes. —Lo sé y lo mismo digo, te amo perra. orte la llamada, bajando del coche, demasiado perdida en mis pensamientos entre a la casa, sin prestarle atencion a mi entorno. Me encontraba a punto de subir las escaleras, rumbo a mi habitación, cuando una voz me llamó. —Lara. Gire en seco, observando a mi hermana en la mesa del comedor, sentada, un vaso de alcohol en sus manos. Lo único que pude pensar al mirarla a la cara fue lo que pasó en esa oficina. Lo que sentía por el desgraciado de su pareja. —¿Qué quieres, Jessica?. Endurecí mis facciones, deseando que no pudiera ver a través de mi. Después de todo, la última conversación, colgaba entre nosotras amenazante, nunca olvidaría sus palabras y no fingir cordialidad, no era esa clase de persona. —¿Cómo estuvo tu primer día de trabajo?. Fruncí el ceño, ella me taladro con una mirada profunda. ¿Era normal esa pregunta de su parte?, jodidamente no, a Jessica le importaba un pimiento cómo iba mi día. — Cansador, no tengo ánimos de pelear contigo, Jess. Así que si me disculpas, me voy a la cama. Retome el andar, sin embargo, su voz volvió a romper el silencio, interrumpiendo mi ascenso. —¿Se siente bien trabajar al lado de, Killian?. Aquí vamos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD