Capítulo 2
–Ayleen la pelirroja – me encogí de hombros
–Ayleen, mmm lindo nombre – Fredy se lamio los labios – ella es muy guapa es exótica.
“eso lo sé” pensé para mí mismo
– ¿Tendrá novio? – se preguntó para sí mismo José
–Una chica como ella debe tener a muchos hombres en su mano – respondió Caleb – de igual manera se ve que es una chica, algo intimidante.
Eso es cierto, ni siquiera le devolvió la mirada a masón hoy, solo le lazaba frías miradas, que al parecer el ignoraba por completo
–Me gusta lo difícil – sonreí
– ¿Intentaras algo con ella? – pregunto con asombro José
–claro, ¿alguna vez me has visto dudar? – José negó con la cabeza – pero solo será para follarla y pasar un buen rato.
Todos asintieron.
Ellos me conocen saben que no soy de relaciones serias, me gusta pasarla bien, disfrutar el momento, y ella solo será otra más en mi cama, yo no soy igual que masón, yo no persigo a las chicas, ellas me persiguen a mí.
(…)
Estábamos en clase de deporte, mi favorita, buscaba entre la gente a Ayleen, pero no estaba, aun no llegaba, la clase aun no comenzaba, pero sus hermanas ya se encontraban aquí.
Y uff se veían increíbles con el uniforme de deportes, un pantalón de algodón corto color gris que cubría al menos sus hermosos traseros trabajados, las camisetas de color gris y blanco se ajustaban a cada una de sus curvas, que como imaginaran llamaba la atención de todos los chicos incluidas chicas que nos encontrábamos en el gimnasio.
Ellas conversaban tranquilamente, no podía dejar de observarlas, eran hipnotizante su belleza, sus cuerpos. Nadie se atrevía acercarse a ellas, por miedo hacer rechazados, mire a Caleb el cual miraba a María con la boca abierta, de aquí se podía ver como se le cae la baba, sonreí mientras moviendo mi cabeza.
–Bueno chicos, hoy practicaremos, unas técnicas de defensa personales – hablo el maestro mientras caminaba mirando, un cuaderno, se detuvo frente a todos y nos miró– vamos a campo abierto así que tomad las colchonetas pequeñas para que no se lastimen.
Cada uno tomamos una colchoneta, y caminamos al campo abierto, donde entrenábamos para los juegos.
Ordenamos las pequeñas colchonetas en el suelo, formando una enorme cama para amortiguar la caída.
Nos sentamos todos en las gradas, mientras el maestro miraba su cuaderno, para ver quien comenzaba primero.
Todos estaban hablando y riendo. Yo le sonreí a una chica que se había acercado a coquetearme. Pero de pronto todo quedo en silencio, mire a mis amigos, quienes estaban con la boca abierta, en realidad todos estaban con la boca abierta.
Gire mi cabeza, ahí venia ella caminando como una maldita diosa, pero no eso no llamo la atención, fueron sus tatuajes que cubrían un brazo completo, mientras que en el otro solo había algunos, en su muslo derecho tenía un tatuaje de unas flores con una serpiente que llegaba hasta su rodilla.
Estaba maravillado en este instituto nunca había, habido una mujer llena de tatuajes era algo Taboo ya que la mayoría son niñas de papi y con dinero ellas se cuidaban mucho la piel, pero Ayleen, wow.
Sus pantalones, le quedaban bastantes ajustados en sus gruesos muslos, su camiseta mostraba algo de su plano abdomen, mientras se ajustada a su pequeña cintura, traía su cabello tomado en una cola de caballo alta.
–Señorita Montecinos, llega 15 minutos tarde – el maestro hablo con voz temblorosa, al parecer él también había quedado encantado con ella
–Tuve un inconveniente – hablo fríamente, sin siquiera darle una sonrisa.
Busco entre las gradas, cuando fijo su mirada en mí, le di una sonrisa, el cual ella frunció el ceño. Encontró a sus hermanas quienes estaban tres asientos más abajo que yo, se sentó dándome la espalda, y pude apreciar dos pequeños tatuajes más en su cuello, uno detrás de su oreja, y el otro bajo su nuca. No se podía ver muy bien lo que decían, pero eran unos números y una frase escrita en otro idioma.
Ella se acerco a Astrid la morena, le susurro algo al oído, Astrid se giró para mirarme, para luego mirar Ayleen y solo asentir ¿hice algo mal?
–bueno, empecemos, ¿alguien quiere ofrecerse como voluntario? – pregunto el maestro
–Yo –siempre quiere ser el centro de atención, si era masón.
Él era muy bueno en boxeo, artes marciales y defensa personal, no tanto como yo ya que varias veces lo vencí en campeonatos. Éramos iguales en peso, estatura y musculatura ambos, pero él era sádico, si así se podría decir.
Aunque las mujeres caían antes sus encantos nunca lo volvían a buscar, ya que tenía fama de ser algo agresivo con ellas, incluso más cuando ellas no le daban lo que él quería.
–bien, como fuiste voluntario, puedes escoger a tu oponente.
–Ayleen Montecinos – hablo, sentí como mi cuerpo se tensó lo miré el, la miraba con algo de malicia
–masón, tienes que escoger a alguien de tu mismo sexo – rodo lo ojos el maestro
–bueno, en ese caso elijo ha…-
–yo lo hare– hablo Ayleen interrumpiendo a masón, el cual la miro sorprendido
–señorita Ayleen, tienen que estar en igual de condiciones.
– ¿Me está queriendo decir que por ser mujer no puedo con él? – su voz sonó profunda, logrando que todos hicieran un silencio sepulcral, he intimidara al maestro
–bue…bueno no, pero es por su seguridad – logro pronunciar el maestro
–No soy una delicada flor – exclamo molesta, mientras le entregaba su teléfono a Astrid
El maestro estaba algo intimidado, era un hombre corpulento, y alto, nunca lo había visto a si de intimidado y menos por una adolescente de diecisiete años, pero la presencia de Ayleen intimidaba.
El maestro solo asintió, Masón estaba con una gran sonrisa, sé que el solo la eligió para poder correr mano, es un maldito pervertido.
–tranquila, princesa ser cuidadoso – masón le guiño el ojo
Ella lo miro, con una mueca en su rostro
– ¡vamos bebe! ¡Tú puedes! – grito María aplaudiendo
Ayleen la miro para luego guiñarle.
Se pusieron en posiciones de defensa, masón encorvo un poco su espalda y abrió un poco sus piernas, mientras levantaba sus manos al aire.