—¿Qué harás si mi teoría resulta ser verdad? —preguntó Oscar.
No contesté, no tenía nada que decir. Pasé toda la noche pensando en todo lo que dijo y por más que le di vueltas al asunto no pude pensar en lo que haré. Lo único que quería era que ella estuviera bien, al fin encuentro a mi mate y ya esta en peligro.
Pero de algo estoy seguro, no dejaré que la utilicen para su conveniencia, haré lo que sea con tal que mi mate esté a salvo.
Bajo la mirada a Emma que está profundamente dormida en mis brazos con su pulgar en su boquita, sonreí por lo tierna y linda que se ve.
—Hemos llegado —informó Oscar.
El auto se estaciona frente a la casa e inmediatamente bajo del vehículo, camino hasta la puerta y cuando levanto la mano para tocar esta se abre dejando ver a una anciana vestida como pordiosera, arrugo mi rostro al verla.
—Hola, somo...
—De la manada Black Moon, lo sé —interrumpió la anciana dejando sorprendido al idiota de mi amigo, como se ve que no esta acostumbrado a las brujas—, como también se a que vienen.
—¿Cómo es que...?
—Soy una bruja hijo, yo lo sé todo —dijo ella dejando aún más sorprendido a Oscar.
—Bien, no perdamos más tiempo y vamos al punto —expresé serio, ella abrió por completo la puerta dejándonos pasar.
Examiné el lugar que se encontraba en malas condiciones, habían telarañas, las paredes sucias y llenas de moho. En el centro del lugar había una vieja mesa con cosas, entre ellas algunas hierbas, unas ollas, frascos con extraños líquidos de colores entre verde y n***o.
—La niña —señaló a mi mate con un gesto extraño en su rostro.
—Esta vieja no me da confianza —expresó Declan inquieto.
—Tampoco me da confianza —admití.
—Solo te aviso que si hace algo raro o intenta tocar a mi mate le arrancaré la cabeza —espetó con cierto tono de molestia.
—Ella —alargó la palabra sin quitar la mirada de Emma.
—A lo que vamos bruja, no me hagas perder el tiempo —exigí, nada de esto me daba confianza.
—Quiere saber si es una anunciadora de la muerte, la mate del Alpha —fruncí el ceño.
La vieja caminó hasta la mesa murmurando cosas que alcanzaba a escuchar, por mi oído desarrollado, pero no a entender.
Al estar de pie frente a la mesa, aun murmurando cosas sin sentido, comenzó a hechar en una olla varias de las cosas que tenía sobre la mesa, vi como de una canasta sacaba un murciélago y le cortaba la cabeza para después exprimir la sangre de su cuerpo en la olla de la cual salía humo n***o, hechó varias hierbas y ramas secas, unos polvos raros, hasta tierra llegó a agregar.
En efecto, esto no me da buena espina, lo mejor será salir de aquí cuanto antes. Nunca me han dado confianza las brujas, tenemos tratados con algunos clanes pero aún así me mantengo alerta por si llegaran a intentar algo en contra de la manada.
—Vámonos Oscar, hemos venido a perder el tiempo nada más —ordené, pero cuando iba a salir la voz de la bruja me detuvo.
—Una anunciadora de la muerte es —habló, pero no era su voz. Se escuchan varias voces que hacían eco en el lugar.
El ambiente se había vuelto frío derepente y parecía que el aire no corriera.
Al voltear veo a la bruja con los ojos blancos y su piel de un tono casi violeta, su cabello estaba flotando en el aire mientras ella levitaba entre una gran cantidad de humo que salía de la olla.
—Cuando la luna de sangre esté en su mayor altitud, la muerte la reclamará, su alma perderá, y el mundo sobrenatural caerá —me quedé congelado ante sus palabras al igual que Oscar, su mirada reflejaba el miedo.
Íbamos de regreso a la manada después de ver a la bruja, que en vez de ayudar confundió más las cosas.
No tenía idea de lo que dijo, parecía una rima o que se yo, eran palabras sin sentido. Pero lo que si sabía y tenía claro era que mi mate estaba en peligro, y debía protegerla.
Desde que salimos Oscar ha estado extrañamente callado, en todo el tramo que hemos recorrido no ha dicho una palabra, solo se mantiene serio y pensativo mientras conduce. Al parecer la bruja lo dejó impactado, yo ya estoy acostumbrado a relacionarme con ellas, solo que esta al contrario de las otras me daba desconfianza.
Solo fui porque me la recomendó el alcalde ya que no conozco alguna bruja y necesitaba llevar a Emma con una urgente.
Al llegar a la manada y estacionar frente a la mansión Oscar salió corriendo entrando en ella a toda prisa como si su vida dependiera de ello. Pobre, en verdad lo sorprendió esa anciana.
Ya había anochecido, el viaje era largo que tuvimos que salir muy temprano para no regresar tan tarde y aun así llegamos en la noche. Me dirijo a mi habitación donde entro y dejo a Emma en su cuna, ayer mande a que le compraran todo lo necesario y lo instalaran en mi habitación.
Veo a mi nena dormir tranquilamente sin saber nada de lo que ocurre en torno a ella, tan solo es una bebé y la quieren utilizar para el mal. Tenía que impedir que pusieran sus sucias manos en ella.
Suavemente paso mi mano por su mejilla —juro por la diosa Luna que te protegeré.
Dejo un beso en su cabecita para mirar por última vez su angélical rostro y salir de la habitación en dirección a la cocina.
Le he pedido a mi nana que se encargue de ella, no puedo dejar que se enteren que mi mate es tan solo una bebé.
Después de todo no puedo encargarme al cien por ciento de ella, tengo mucho trabajo en el que ocuparme, además, casi no me mantengo en la mansión. Por eso decidí dejarla al cuidado de nana que en unos días regresará de sus vacaciones y se ocupará de Emma, todos pensarán que es su nieta y no sospecharan nada.
No me separaré de mi mate ya que nana me ayuda con cosas en la mansión así que vive aquí, pero tendré que contarle todo lo que pasa relacionado a mi pequeña Emma si se encargará de ella.
También tengo que pensar en que les diré a Izan y Andrea.
Saco del refrigerador una botella de jugo y me sirvo un poco en un vaso, hoy no podré dormir pensando en lo que dijo la vieja bruja, sigo sin entender nada de sus palabras de las cuales aun resuenan en mi cabeza.
Solo le pido a la diosa Luna que no sea nada malo ni involucre a Emma.
—¿Tampoco puedes dormir? —volteo hacia la voz encontrándome con Andrea.
—No —contesto desviando la mirada de ella a la nada.
—Mmm, que extraño ya que siempre caes profundo por el cansancio —comentó—, ¿tiene que ver con la extraña salida de Oscar y tu?.
Andrea es astuta, se que no se creerá fácilmente nada de lo que le diga, pero no puedo decirle que visité a una bruja con Oscar
—No tengo porque decirte nada de lo que hago Andrea, son mis asuntos —le di un último trago a mi bebida para salir de ahí.
Cuando paso por la sala escucho unos llantos, Emma, rápidamente subí hasta mi habitación. Entro y alerta reviso que no haya peligro, al verificar que no hay nadie me acerco a la cuna sintiendo mi pecho doler al ver a mi mate llorar de tal manera, la tomo en brazos.
No estoy acostumbrado a los bebés, no se que hacer cuando lloran, siempre me parecieron molestos e irritantes. Pero aquí estaba, con mi mate que resultó ser una bebé, era como si la diosa Luna se burlara de mi.
—Ya tranquila —acariciaba su espalda en un intento de calmarla.
Varias veces mire a algunas personas hacer eso cuando lloraba un bebé, no se si en verdad sea para eso pero había que intentarlo.
—Tranquila bebé, no pasa nada —susurré en su oído dejando besos en su cabeza.
Ella poco a poco dejo de llorar, al parecer si funcionaba, o eso creo.
—Aquí estoy, estás a salvo —repetí en su oído.
Me sentía raro haciendo esto, nunca me imaginé así.
Pero saber que era mi mate se sentía una rara felicidad, ¿esto es lo que se siente al tener a tu mate?.
Ahora que había dejado de llorar y estaba tranquila me acosté en la cama con ella en mi pecho sin dejar de acariciar su espalda.
Aun seguía sin creer que mi mate fuera una bebé, nunca escuché de algo parecido, de echo jamás imaginé que se pudiera tal cosa.
Pero no me importaba, era mi mate, mi bebé, mi luna, y no dejaría que nadie la lastimara. También me incluía yo, no solo debía cuidarla de los demás sino también de mi que soy quien mayor daño podría hacerle y es algo que no puedo permitir.