La madrina.

1000 Words
Nohelia observa a su pequeño hijo Tadeo desde la entrada de la habitación, mientras reía emocionado junto a Mary, quien había cuidado de él mientras ella asistía a una importante entrevista de trabajo. El sonido de la risa infantil llenaba el espacio y llenaba de calma el corazón de Nohelia. Era un instante de pura felicidad que le recordaba la razón por la que luchaba tanto. —¡Veo que ya has conocido a la madrina Mary y se han divertido mucho! — dijo Nohelia con una sonrisa radiante mientras entraba al cuarto. Tadeo, al escuchar la voz de su madre, giró rápidamente la cabeza hacia ella. Sus ojos brillaban de alegría al verla, y una sonrisa enorme iluminó su rostro. —Mamá, la madrina me ha traído esta pista —dijo señalando una pista de carritos que descansaba sobre la cama—, ¡y también me ha traído muchos carritos para jugar! — añadió con entusiasmo mientras ella se acerca para mostrarle todo. Nohelia lo abrazó con ternura, acariciando su cabello mientras le daba un beso en la frente. —¡Mi amor, eso suena increíble! Yo también te he traído un regalo —dijo, sacando un peluche envuelto en papel celofán de su bolsa. Sin embargo, antes de entregárselo, agregó con suavidad—: Pero primero quiero saber algo importante. ¿Ya le agradeciste a la madrina Mary por todo lo que hizo por ti hoy? Tadeo levantó la cabeza y la miró fijamente, sus grandes ojos llenos de inocencia y amor. Asintió con entusiasmo. —¡Claro que sí, mamita! Me has enseñado a agradecer siempre. Mary sonrió desde el rincón, observando la tierna escena entre madre e hijo. Había algo especial en ese pequeño; aunque llevaba un año internado en el hospital, seguía siendo un niño feliz y lleno de energía. Era evidente que Tadeo había heredado la fortaleza de su madre. —Aún no podemos tener un perro de verdad, pero te he traído este peluche. Espero que te guste —dijo Nohelia mientras le extendía el regalo. Tadeo abrió el paquete con manos temblorosas de emoción. Al ver el peluche, que representaba a un adorable perrito marrón, sus ojos se iluminaron y lo abrazó con fuerza contra su pecho. —¡Me encanta, mamá! Gracias, gracias, gracias. El corazón de Nohelia se llenó de calidez al verlo tan feliz. Cada sacrificio valía la pena por momentos como ese. Sin embargo, no podía evitar sentir el peso de su realidad. Vivía en una habitación del hospital porque no tenía casa, y cada día trabajaba incansablemente para reunir el dinero necesario para la operación de Tadeo. Habían perdido dos oportunidades de trasplante por no tener los recursos para la intervención, pero Nohelia estaba decidida a que esta vez no ocurriría lo mismo. Mary se acercó a Nohelia y la abrazó con fuerza. Había sido un día importante para ambas, y ahora esperaba ansiosa escuchar las noticias. —¿Cómo te fue en la entrevista? — preguntó con los ojos llenos de esperanza. Nohelia la miró con una sonrisa que hablaba por sí sola. —Gracias, Mary. No sé qué colocaste en mi currículum, pero me han dado el trabajo. ¡Empiezo mañana! El alivio y la alegría inundaron a ambas mujeres, que se abrazaron entre risas y lágrimas. Para Nohelia, ese empleo representaba una luz en medio de la oscuridad. Aunque significaba trabajar en horarios rotativos, sabía que era un paso hacia adelante. —Sabía que ibas a quedar. Eres una gran mujer, Nohelia, y ustedes se merecen este triunfo. Estoy tan orgullosa de ti —dijo Mary con genuina emoción. Luego, miró el reloj y se dio cuenta de que era tarde—. Pero ya es hora de que me vaya a descansar. ¡Suerte mañana en tu primer día! Tras despedirse y marcharse, Nohelia se quedó a solas con Tadeo. Se sentó junto a él, observando cómo jugaba con su nueva pista de carritos y el peluche que ahora se había convertido en su compañero inseparable. Nohelia sintió un nudo en la garganta. Había sido un día largo, pero la felicidad de su hijo le daba la fuerza para seguir adelante. —Mamá, cuando tenga mi corazón nuevo, ¿podremos salir a jugar al parque todos los días? —preguntó Tadeo, mirándola con esos ojos llenos de esperanza que siempre la conmovía. Nohelia tragó saliva y se inclinó para abrazarlo. —Claro que sí, mi amor. Todo esto que estamos haciendo es para que tengas tu corazón nuevo y puedas correr, saltar y jugar tanto como quieras. —Gracias mamá, te amo— Con un fuerte abrazo la abrazo, agradece a Dios la gran madre que le ha dado. —Yo tambien te amo mi pequeño, ahora solo promete que te portaras bien con las enfermeras, mamá cambiará de trabajo y puede que en las noches llegue tarde— ella le trata de explicar sobre su nuevo trabajo. Tadeo dejó a un lado los carro y la miró lleno de mucha ilusión —Lo prometo mamá, prometo ser un niño malo, haré todo como lo digan las enfermas— Esa noche, mientras Tadeo dormía abrazado a su peluche, Nohelia se sentó junto a la ventana de la habitación. Observó la ciudad iluminada y pensó en cómo su vida había cambiado desde que todo comenzó. Había enfrentado tantas dificultades, pero también había encontrado apoyo en personas como Mary, que había sido una verdadera amiga y confidente. No espera más de las personas, su mundo gira alrededor de su pequeño Tadeo, no creen en otro amor que no sea el de su hijo. El nuevo día trajo consigo un aire de renovación. Nohelia se levantó temprano, preparándose para su primer día en el trabajo. Miró a su hijo, quien aún dormía profundamente, y le dio un beso suave en la frente antes de salir. Sabía que cada esfuerzo que hacía era por él, por su futuro y por la promesa de una vida mejor.
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