Mariano. El cuerpo de Alondra se desvaneció tras el disparo y los gritos. Cubrí su cuerpo con el mío. Estaba dividido, Altaír tirada en el frío piso con una herida y sangre derramándose por su rostro. Rodrigo la sostenía entre sus brazos, llorando y gritando por ayuda. —Mi ángel despierta cariño, no puedes hacerme esto por favor —rogué sin obtener respuesta alguna de su parte. Tomé su cuerpo entre mis brazos y me dirigí a la salida abriéndome paso a través de las personas que corrían despavoridas tratando de ponerse a salvo. Pero intuía que el ataque había sido directo hacia Altaír y que la culpable seguramente estaría escapando como siempre. —¿Qué le sucede a la señorita Alondra? Ernesto preguntó al verme llegar al estacionamiento agradecí profundamente que no se marchará.

