Todos los invitados me veían con diferentes reacciones, los que me conocían desde hace mucho tiempo sabían bien que eso era falso. Pero los que no, me miraban con juicio, casi podía sentir como me empujaban hacia la guillotina. — Papá, por favor haz algo. No puedo creer que ella diera con la dirección del salón de eventos. — No te preocupes, mi vida — él me sostuvo las manos — te quiero decir que te doy mi bendición, no solo en tu vida profesional, sino también con el arquitecto Sandemetrio. Se ve que te quiere y que es un gran hombre. Mi papá me dio un fuerte abrazo y llenó mi rostro de besos, lo miré partir mientras llevaba a mi mamá de rastras. Dios, como lo extrañaba. — Lamento mucho lo sucedido, para los que no me conocen les quiero decir que soy una persona pobre y no me avergüen

