CAPÍTULO TREINTA Y OCHO (OLVIDANDO A DANIEL)

1986 Words

No sé cuánto tiempo permanecimos así. Él, sentado en el sofá como una sombra derrotada. Yo, de pie, sintiendo que cada latido era una súplica contenida. Quise decirle que se fuera. Quise gritar otra vez. Pero no lo hice. Porque en su silencio había una tristeza que me desarmaba más que cualquier palabra. Y entonces, con una voz ronca, rota, que no le había oído nunca, preguntó: —¿Vas a odiarme para siempre? La pregunta no fue una provocación. No fue una estrategia. Fue un susurro desnudo, sin defensa. Levanté la vista. Lo vi ahí, con los codos apoyados en las rodillas, las manos entrelazadas, la mirada fija en el suelo. Como si ni siquiera esperara una respuesta. —Porque si es así… si de verdad me odias, si ya no queda nada… solo dímelo —continuó, sin levantar la voz—. Lo aceptaré. Me

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD