"La piedad es traición" •••••••••••••••••••••••••••••••••••• Sus ojos recorrían su propia mano una y otra vez, reteniéndose en los lugares donde aquellos hermosos y carnosos labios lo habían besado y saboreado el aroma de su piel. Lo reconocía, aquella hermosa mujer lo había cautivado, a la misma vez que lo había desconcertado pues aquel poder sobrenatural parecía prácticamente imposible al igual que aquella extraña e insólita cola sirena. Pensó que lo había soñado, que su cabeza le estaba jugando una mala pasada o que incluso su enfermedad comenzaba a pasarle factura también a su mente. Pero mirar la cicatriz de su muñeca izquierda lo ayudaba a recapacitar sobre lo ocurrido. Aquella joven sirena era tan real como la vida misma. —¿Quién demonios es esa mujer?—Murmuró el rubio para él

