La plaza central de la hermosa París estaba atestada de ciudadanos: Bien parisinos o extranjeros que habían viajado desde muy lejos simplemente para visitar la ciudad en aquel hermoso día. Todo estaba en perfecta decoración, guirnaldas, bailarinas, malabaristas, y decenas de personas bailando, comprando en los nuevos mercados con productos orientales o simplemente visitando la catedral de Notre Dame. Cada vez que lo veían pasar a su lado todo el mundo le hacía una reverencia, algunos lo miraban con respeto, otros con admiración y muchas otras con deseo. Aunque a todas aquellas de ojos atrevidos eran espantadas por la mujer que tenía agarrada permanentemente a su lado. Chloe. Sentía que la circulación en el brazo derecho le faltaba, no solo lo agarraba a cada segundo, sino que lo ha

