Una cena

1230 Words
─definitivamente esto tiene que contar como una cita. ─susurró él sobre sus labios. ─supongo que podríamos decir que sí. ─sonríe ella con sus manos sosteniendo su rostro. ─¿Y qué opina de una cena? ─pregunta haciendo que ella estalle en risas, a su vez que se avergüenza de hacerlo y cubre su rostro con ambas manos. ─Lo lamento. ─murmuró formándose a no reír muy fuerte, pero sí le había parecido gracioso que él, después de toda la odisea que había pasado, aún quería salir con ella, cuando en otras ocasiones por mucho menos le habían dejado de lado. Su sonrisa, esa sonrisa no era delicada, era algo extraña, ella arrugaba su nariz mientras se le formaba pequeños y muy redondos hoyuelos cerca de las comisuras de sus labios, eran inusuales y únicos, como ella. Pensó mucho en muy poco tiempo por ello, las personas normales solían tener hoyuelos en las mejillas, pero ¿cerca de las comisuras?, era tan extraño e insólito que le resultó además de intrigante alucinante. ─No debería cubrir su sonrisa. ─musitó, y la cautivó enseguida. ─es inusualmente agradable. ─dice haciendo que sin tocarla, ella bajara sus manos asombrada por lo suave de su voz, como si genuinamente sintiera cada palabra que ha dicho. ─Supongo que podría aceptar una cena, pero esta vez yo invito. ─dijo buscando con la mirada por donde caminar, ya que aún había vidrios por todos lados. ─Eso no. ─negó. ─su familia ya ha invitado el desayuno. ─dijo señalando al camarero. ─Yo invito la cena. ─insistió. ─será en mi suite, y estoy segura que ahí, nadie nos interrumpirá. ─asintió. ─En ese caso... ─camina apartando los vidrios con los pies, haciendo un camino para ella, no sin antes tender su mano para ayudarla a caminar. ─espero me permita llevar el vino. ─dijo y con una sonrisa por su caballerosidad nunca antes vista de algún pretendiente, se dió por vencida. ─No podría negarme a eso. ─suspiró tomando su mano. Esta vez tuvo mucho más cuidado al salir, pero además, lo hicieron por la puerta trasera para evitar a los fotógrafos, aunque después de dejarla a salvo en la puerta trasera, tuvo que salir solo por la puerta principal para subir a su moto, dió la vuelta y fue por ella. ─Su corcel espera. ─suspiró tendiendo el casco para ella, con su pie apoyado para que esta vez ella pueda subir sin problema, ni riesgo de caerse. ─Es un muy fino y elegante corcel. ─bromeó viendo la moto, aunque de manera discreta también lo veía a él. Pese al choque, el desmayo, la pelea, y demás contratiempos, él disfrutaba estar con ella, y todo el tiempo que lo hacía, olvidaba por completo que tenía preguntas que hacer. Conduce en dirección a su hotel, ya que no haber sumado más a la conversación la ubicación siguiente era el hotel, muy a su pesar planeaba regresar de nuevo al mismo lugar de donde la había sacado, pero al llegar a la calle principal, ella tocó su hombro con insistencia hasta llamar su atención, y señaló a la derecha, y sin dudar giró en esa dirección. Así lo hizo una y otra vez, hasta sacarlo de la ciudad y llevarlo por una larga e insólita carretera, hasta llegar a ver el mar. Bajó la velocidad al encontrar un mirador de camino, y se acercó. ─Wow. ─suspiró al quitarse el casco. ─he recorrido esta ciudad de muchas maneras, y no conocía este lugar. ─musitó. ─Una persona que aprecio mucho me trajo aquí hace diez años, cuando pasé un momento difícil. ─murmuró viendo el mar con mucha calma. Ella veía el mar, el sol abrasador frente a ella, el calor cubriendo su rostro, pero él la veía a ella, con ese dorado encantador en su piel, sus ojos brillaban, sus cabellos danzaban con el aire, y no pudo evitar ver cómo su pecho se inflaba al inhalar con fuerza, tenía paz. ─Debió ser alguien muy preciado. ─dijo tomando el casco de su mano, acomodando todo en su moto dejándola al pie de una palmera algo ceca. ─Lo es... ─sonríe pensando en Edward, ella lo aprecia mucho en verdad. ─espero que esto no interrumpa su agenda. ─dijo pensando en que debe tener algún trabajo o algo más que hacer. ─Mi agenda empieza a verse mejor guiado por usted. ─suspiró quitándose los zapatos para sentir la arena bajo sus pies. ─¿quién camina con traje en la arena? ─preguntó algo desconcertada. ─Pues yo. ─volteó a verla con mucha tranquilidad. ─Supongo que no me hará daño un poco de arena. ─dice inclinándose a quitarse los zapatos, pero él se apresuró a inclinarse primero antes una sonrisa tímida de ella. ¿acaso podía ser perfecto? Él le quitó los zapatos con suma delicadeza, causando una punzada que perfora las entrañas de ella, despertando un hormigueo que recorría su cuerpo dándole toques de electricidad a su corazón, ¿que está pasando? ─pasó por su mente. Caminar por la playa con la calidez del sol, la brisa del mar, y tantas cosas de qué hablar, el tiempo se fue volando, fue tan insólito para Anastasia, como extraño para Fernando, él solo se acercó a ella para saber sobre Ángel, pero tanto como la conocía, más disfrutaba de su compañia, de tal manera que sin importar el tiempo que pasaba con ella, o el tema del que hablaban olvidaba hacer las preguntas adecuadas, porque en este momento saber sobre ella era un tema aún más interesante, y para ella, era extraño hablar, flores, la educación y buen gusto en diversos temas, siempre había algo más de que hablar y eso era agradable, Fernando era para ella la primera persona que realmente la escuchaba, no había sexo, o miradas morbosas, por que incluso en eso él era delicado, y ahora no puede dejar de ver sus labios cuando habla, así de fascinada quedó con sus besos. ─Ese caballo debe ser muy consentido, supongo. ─suspiró tranquilo y afable, ella transmitía una paz indescriptible. En solo unas horas en las que habían pasado caminando por la playa, él sabía mucho incluso de las mascotas que tuvo en su infancia. ─Es mi favorito, pero por no ver a mi madre, casi no lo veo últimamente, aunque sé que está bien cuidado. Él estaba maravillado por la elocuencia de sus palabras, por la manera tan entusiasta de relatar sus travesuras infantiles, ni siquiera podía creer que ella fuese así, pues a simple vista la consider ─Debo confesar que cuando fui arrollado por su auto, pensé que era una de esas chicas presumidas y huecas de por aquí. ─dice ofreciendo su mano. ─¿Aún tiene esa opinión de mi? ─preguntó tomando su mano con una sonrisa. ─No. ─dijo sin poder quitar su mirada de sus labios. ─¿y qué ha cambiado? ─insistió buscando una respuesta específica. ─Conocerla. ─puntualizó llevándola de regreso a la moto, pues ya casi era hora de la comida. ─saber más de usted. ─añadió. ─Es hora de regresar, ¿verdad? ─preguntó mirando a lo lejos la playa. ─Ha sido una buena mañana. ─suspiró. ─Espero tener una buena noche. ─musito descarada y coqueta refiriéndose a la cena. ─Haré todo lo que esté en mis manos. ─musitó con esa sonrisa torcida tan sexi. ─Espero las use. ─murmuró solo para ella, pero aunque él si la escuchó, calló sus risas indiscretas para no hacer de ese un momento algo acalorado.
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