─Hola. ─se acerca Diana sin darle tanta importancia.
─No te preocupes, yo la atiendo. ─Ángel le sonríe amable a Ernestina, y ella se va.
─¿quién eres?. ─la ve de pies a cabeza. ─supongo que la nueva asistente, aunque pensé que no le gustaba gente así... ─señala despectivamente de pies a cabeza. ─Aunque a mi no me importa, pero creo que deberías verte mejor, a Edward no le gusta el desorden, ni... ─la vuelve a señalar de pies a cabeza. ─las personas así. ─niega asqueada.
─¿quién es usted? ─finge no saber al llegar al final de las escaleras.
─Diana Sher. ¡Doctora!, Diana Sher. ─aclara altiva. ─Ve y dile a Edward que lo estoy buscando. ─dice arreglando su escote en el reflejo de un adorno decorativo.
─Pues... ─rasca su nariz mostrando su anillo descaradamente, pero Diana está tan preocupada de como se ve, que ni siquiera lo nota ─para empezar, creo que deberías ser más educada con las personas en ésta casa, ya que son buenas personas y...
─¿qué?, ¿hacen un muy buen trabajo?. ─murmuró burlona.
Uno llegaría a pensar que las personas con dinero tiene el suficiente dinero para pagar una buena educación, pero es graciosa la manera en la que sin importar que me ha dicho ser doctora, está aquí, de pie frente a mí, con tanta arrogancia y petulante.
─Puedes esperarlo si quieres, pero él está ocupado. ─decide ignorarla pasando de lado de ella en busca de sus niños.
Tan pronto como la ven, los niños corren a ella, incluso Luisa, quien se ve feliz y exhausta a la vez.
─¿qué pasó? ─pregunta Sandro al acercarse con sus hermanos.
─Es hora de que cada uno vaya a sus habitaciones, se den una ducha y cenen, es tarde y aunque aún no les ha afectado el cambio de horario, pronto lo hará y quiero que eso sea después de la ducha y la cena. ─añade con una sonrisa mientras acariciaba el cabello de sus hijos aleatoriamente.
─Ma, ¿quien era el señor anciano que vino? ─preguntó Sandro.
─El señor que vino es el abuelo de Edward. Ahora. ─dice antes de que Sandro o alguien más decida preguntar. ─deben ir a ducharse.
─señora Argento. ─se acercan las escoltas de los niños. ─¿Que desea que hagamos con los canes y el ave. ─dice algo incómoda la escolta de Jota.
─Ellos están acostumbrados a dormir con ellos, ¿podrían adecuar las habitaciones para dante, luna y pato duerman con ellos? ─pregunta algo avergonzada viendo hacia dentro, donde Diana aún está esperando por él al pie de las escaleras.
─Por supuesto señora, no será un problema. ─asienten.
─¿tendremos nuestro propio cuarto? ─pregunta Sandro emocionado. Jota igual de emocionado espera la respuesta.
─Claro que sí. ─asiente con una sonrisa. ─Por favor. ─mira a los escoltas. ─Avisenle a todos que pato es el mejor amigo de Jota, no es comida. ─dice y las escoltas sonríen.
─Por supuesto, señora Argento, así será. ─dicen y se retiran enseguida con los niños.
Luisa está todo el tiempo cuidada con su escolta, pero al ser mayor es más reservada y afortunadamente ella le da su espacio, solo la acompaña a cierta distancia, y cuida de que no se haga daño.
─Señor. ─llama a uno de los hombre de seguridad cerca.
─Digame, señora. ─dice muy educado. ─Podrían mantener vigilada la piscina, es que ahora hay niños y...
─Disculpe. ─dice mirando en dirección de la piscina. ─El señor Argento ha ordenado que la cubran y ahora tiene una cubierta en madera reforzada, que solo se puede descubrir con llave. ─aclara.
─Ah. Bueno, muchas gracias, y disculpe si...
─No se preocupe, nosotros estamos para servir. ─dice muy amable. ─¿necesita algo más?
─No, es todo. Muchas gracias. ─asiente y él se retira asintiendo también.
Ella sigue ahí, no importa si las personas entran o salen de la casa, esa mujer sigue ahí. Camina a la casa ya algo molesta por la presencia de Diana, y decide confrontarla.
Mientras Ángel camina de regreso a la casa, ve a Edward bajar las escaleras, en cuanto Diana lo ve prácticamente corre a él.
─¿cómo estás? ─pregunta sonriente Diana.
─Bien, gracias. ─dice cortante.
─¿Cómo te has sentido? ─lo saluda con un abrazo y beso en la mejilla. ─por cierto, hace un momento pasaron unos niños escoltados, muy amables en saludar, pero, ¿quienes son? ─curiosa los busca con la mirada en la cúspide de la escalera.
No sé qué pensar, ella se acerca a él, y al parecer la única incomoda soy yo, ni siquiera debería entrar, es muy incomodo, y viéndome así. ─pensó intentando acomodar un poco su cabello. ─Antes sola que cobarde, yo decidí dejar el país y tomar la mano de él, el mismo que ahora le sonrie a su amiga, misma amiga con la que lo han relacionado, pero, qué más da. Si no entro, tendré que esperar que el termine de coquetear con ella para entrar, que absurdo.
─¿llevas mucho tiempo esperando? ─pregunta viendo a Ángel entrar.
─De hecho sí. ─dice casi como una niñería. ─le pedía una de las señoras de la casa, y a... ella. ─la señala al verla.
─Señora Argento, la cena está lista. ─entra Ernestina en la sala.
─Señora...? ─ve Diana desconcertada a Edward.
─Así es... ─camina a ella con una gran sonrisa. ─Diana, te presento a la señora Argento, mi esposa. ─la abraza por la espalda.
─Así que...
─Sí. ─muestra su anillo. ─soy la esposa, no su asistente. ─resalta, lo que hace que Diana sonría tan falsamente que hasta Edward pueda notarlo.
─Ya veo, me alegro que después de todo, están juntos. ─sonríe incómoda.
¿Después de todo?, ¿qué rayos significa eso?, ¿y si él me mintió, y realmente pasaron más cosas entre ellos?
─¿Después de todo? ─pregunta Ángel incómoda también.
─Señor. ─se acerca uno de los escoltas.
─Dame un minuto. ─dice él besando la frente de ella, y se aleja con el jefe de seguridad.
─Lamento si te traté mal, no fue mi intención, pero entiendeme...
─No. ─suelta tajante. ─la hipocresía no es lo mio. ─espeta. ─No me hable de "tú", porque no le he dado la confianza, y en lo que a mi respecta, no la conozco. Así que por favor, limítese a referirse a mi como la señora Argento. ─dice sin perder de vista a Edward, yq que aunque estaba hablando con Diana, aún quería saber de qué hablaba él con el jefe de seguridad.
─Veo que Edward le habló de mí, señora Argento. ─dice sonriendo al ver a Edward, simulando que la conversación con Ángel es amena.
─De hecho sí. ─asiente. Y Diana sonríe orgullosa.
─lamento no poder decir lo mismo, cuando estuvimos juntos, él y yo, usted jamás salió en el tema... ─intenta provocarla, sabe que lo que él más odia desde siempre son los escándalos.
─Bien. ─la ve. ─seré muy clara, usted no me agrada y no voy a fingir que sí, lo lamento la hipocresía no es lo mio. ─añade.
─No entiendo. ─niega ofendida. ─él y yo solo somos amigos, ¿sabía que él estaba enamorado de mi en la universidad? ─ríe divertida. ─me pareció una locura, él es muy tierno...
─Si, claro que lo es... ─dice dejándola hablar sola, ya que en realidad ya no bastaba solo con ver que hablaban, queria saber que pasaba.
─Si señor. ─dice y se aleja enseguida el jefe de seguridad.
─¿qué sucede? ─pregunta preocupada.
─La prensa a intentado entrar en los límites de la propiedad, pero ya se manejó la situación. ─aclara.
─Bueno. ─se acerca Diana. ─me ha dado mucho gusto verte. ─se acerca y nuevamente abraza a Edward. ─Deberíamos tomar un café, y salir juntas... ─insiste en fingir que todo está bien entre ellas.
─No me agradas, y no me interesa una falsa amistad contigo. ─dice y se aleja enseguida.
─Bueno. ─sonríe Diana creyendo que Edward se enfadaría con su esposa. ─no te preocupes, supongo que...
─¿qué le dijiste? ─pregunta confundido.
─Nada, solo dije que éramos amigos y...
─Straus. ─dice este se acerca enseguida. ─Acompañe a la señorita a la salida. ─dice y se voltea a ella. ─Gracias por venir, pero al parecer no es un buen momento. ─sonríe subiendo las escalera de prisa en busca de Ángel.