Solo tu y yo

1490 Words
Edward camina de prisa por los pasillos para alcanzar a Angel, y no es sino hasta que ella se detiene en la puerta de la habitación de Luisa que lo consigue. ─¿mi hija ya se duchó? ─le pregunta a la escolta que está de pie en la puerta, con ésta cerrada a su espalda. ─Sí señora, la señorita Martin saldrá en un minuto. ─dice tocando la puerta de manera rítmica. ─Voy. ─responde desde dentro. No fue difícil dar con los niños en la enorme casa, ya que, ya sea por hábito, costumbre, casualidad, o amor, al conocer la habitacion de Luisa, Sandro y Jota tomaron las habitaciones que estaban junto a la de su hermana. ─Por favor, lleven a los niños a cenar en cinco minutos. Y saquen a cenar a los canes y a pato ─dice Edward y las tres escoltas asienten. ─¿podemos hablar? ─pregunta tomando la mano de Luisa y llevándola con él a la habitación. Ángel no está muy feliz de ir con él, en realidad aún sigue molesta por Diana y lo que ha dicho, le dejó dudas de si lo que le había dicho Edward era todo, o si en realidad había pasado algo más. ─¿qué pasa? ─pregunta en cuanto él cierra la puerta. ─Eso quiero saber yo, ¿que fue lo que pasó? ─pregunta confundido. ─A mi nada, supuse que te quedarías más tiempo con tu amiga, es todo. ─niega intentando no darle tanta importancia. ─Ella y yo... ─Buen comienzo. ─bufó y se voltea a la puerta. ─No, espera. ─pone la mano en la puerta, así que ella se voltea. ─sé que estás enojada, pero lo que no sé es por qué, ¿me lo dices por favor? ─pregunta con delicadeza. ─La respuesta es simple. ─mira a su pecho, que es lo más que puede llegar a ver al estar muy cerca de él. ─ella salió en la prensa contigo, y ahora está aquí, en tu casa y te saluda tan cariñosa y tu no haces nada, solo sonríes. Después de todo, te enamoraste de ella en la universidad, ¿no es así? ─se aleja de él y camina a la ventana. ─eso dijo ella, ¿qué más no me has dicho? ─preguntó volteando a él. Él asiente algo incómodo intentando encontrar una respuesta adecuada para que ella no se enoje más. ─pasé mucho tiempo en el hospital, y un día ella dió conmigo, al parecer, yo recibía tratamiento en el mismo lugar que ella ya trabajaba, y cuando se enteró fue a verme. Me acompañó muchos meces durante el tratamiento y la recuperación, pero no pasó nada, no hubo absolutamente nada con ella. ─se acerca a Ángel. Pasó con él todo el tiempo que yo no pude, sé cómo es eso, la costumbre, la perseverancia, y si ella puede ser descarada cuando yo estoy, no imagino lo muy descarada que fue a solas con él. ─Y respecto a la universidad... Ángel, tu eres mi esposa, y eres a la única mujer con la que quiero compartir mi vida, a la unica que quiero al despertar, al dormir, la única que quiero en mi vida. ─la abraza. ─no dudes de eso. ─acomoda su cabello. ─ella sabe que estoy casado, lo ha tenido claro desde la primera vez que me vió en el hospital, lo único que no conocía era el rostro de mi esposa, y ahora lo conoce. ─acaricia su mejilla suavemente. ─¿Ella sabía que eras casado cuando estabas en el hospital? ─murmuró con duda. ─Claro que sí. ─dice tomando su mano. ─A eso se refería con "después de todo", no he negado estar casado e inmensamente perdido por ti ni un solo segundo. ─besó su mano suavemente. ─¿Y ya se fue? ─preguntá con la mirada fija en sus manos. ─Le pedí a Strauss que la acompañe a la salida en cuanto mi esposa abandonó el salón. ─toma su mano caminando a la puerta. ─¿La sacaste con seguridad? ─pregunta incrédula. Aunque no pudo disimular lo mucho que eso le divertía. ─No me gusta que personas externas vengan a mi casa a incomodar a mi familia, y si lo hacen, serán escoltados con seguridad. ─sonríe, y ya con eso dan por finalizada la complicada e incómoda discusión. ─Quién lo diría... ─mira sus manos. ─¿Fiorentino? ─pregunta con gracia. ─No, Edward está bien para mi, no sé en qué momento mi madre aceptó ese nombre. ─sonríe. ─Supongo que hay una historia ahí, dime... ─lo abraza evitando que salgan de la habitación. ─No hagas eso, tenemos que cenar con los niños. ─mira por encima de ella. ─¿hacer qué? ─pregunta tocando su pecho. Realmente encuentro una fascinación al tocar su cuerpo, es cálido, siempre tiene más temperatura de la normal, su pecho está duro y es como si tuviera montañas en él, lo sé es raro, pero me gustaba más cuando era blandito, y sus músculos formaban pequeñas montañas sólo cuando ejercía algún tipo de fuerza sobre mi, pero ahora está todo el tiempo así, y sentir sus manos rodeándome, ¡por favor!, quiero olvidarme de todo y solo... ─La manera en la que. ─toma su mano. ─te deseo con cada parte mi cuerpo, pero hay niños esperandonos. ─sonríe, pero se puede ver en su entrepierna que le cuesta lo que ha dicho. ─iré al salón. ─sonríe abriendo la puerta. ─te espero abajo. ─sale enseguida y cierra la puerta tras ella. Al llegar al gran salón, ve a sus hijos juntos en la mesa. ─La mesa es enorme. ─dice Jota con asombro. ─¿que cenaremos, mamá? ─pregunta Luisa intrigada, todo en esa casa es diferente, no sería sorpresa si la comida también lo era. ─Signorina Martin, spero che le piaccia la mia cucina. ─dice el chef Giorgio al acercarse a la mesa. ─¿qué dijo? ─pregunta confundida. ─señorita Martin, espero que mi cocina sea de su agrado. ─dice Edward llegando con ellos. ─¿Como se dice gracias en italiano? ─le pregunta Luisa directamente a él. ─Grazie. ─asiente y Luisa lo repite un par de veces en silencio, y luego por fin lo dice. ─Señor Chef, Grazie. ─dice muy amable. El che la ve y sonríe complacido. Sirven toda la cena, los niños están maravillados con la variedad de platillos en la enorme mesa. Luisa toma lasaña ya que es su plato, Sandro imita a su hermana, y es Jota quien quien abierto a más experiencias toma un poco de varios platillos. ─¿les gusta la casa? ─pregunta Edward, rompiendo el silencio en la cena. Ángel sonríe y ve a Edward. ─Los niños no acostumbran a hablar en la mesa, no mientras comen. ─dice un poco apenada. ─Ah. ─asiente. ─no lo sabía, creía que... la casa no les agradaba. ─suspira más tranquilo. Luisa ve a su madre, y ella asiente, así que limpia las comisuras de sus labios y da un sorbo al sumo. ─Tiene una casa muy bonita. ─dice con una sonrisa amable. ─a todos nos gusta mucho, y es como un castillo de cuentos. ─Si, algo de eso escuché. ─dice él mirando a Ángel. ─Nos gusta mucho. ─interrumpe Jota al terminar su comida. ─pero, no hay juegos o un balón. ─se lamenta. ─aunque me gusta mucho césped, pero pato se divierte más en el agua. ─añade. ─Hay una enorme piscina, mañana pediré que les traigan trajes de baño. ─¿puedo regresar a mi habitación? ─pregunta Luisa y Sandro levanta la mano también. ─¿Podemos? ─pregunta Jota también insistente. ─¿por qué? ─pregunta intrigada. ─Ven conmigo. ─dice levantándose Edward de la mesa. ─vamos. ─le tiende su mano, pero Jota la toma enseguida. Todos juntos van por el pasillo, y en el camino, los tres hijos de Ángel empiezan a bostezar de manera exagerada, realmente se sentían cansados. Al abrir la puerta de la habitación de Luisa entendió por qué quería estar allí. La habitación era una imitación lujosa de la que ella tenía en casa de Ángel, además de una gran pared llena de libros para su edad. ─¿es enserio? ─voltea a ver a Edward, quien solo sonríe viendo complacido por la satisfacción de Ángel. ─Hasta mañana. ─dice y entra en la habitación cerrando la puerta. Al ver la habitacion de Jota quedó maravillada, tenía varios juegos didácticos, todo protegido en caso de caídas o inminentes accidentes, las ventanas cubiertas, los bordes redondeados y con protectores de goma. ─Hasta mañana mami. ─la abraza con fuerza. ─Hasta mañana amigo. ─lo abraza a Edward muy feliz. ─gracias. ─susurro tras un bostezo. La habitación de Sandro también tuvo sentido, su habitación tenía muchas cosas, era imposible aburrirse allí, arte, música y libros. Igual que sus hermanos, con una abrazo a su madre y un golpe de puños con Edward y su escolta, se quedó en la habitación tras cerrar la puerta. ─Bueno. ─la sorprende con una abrazo. ─solo quedamos tu y yo. ─susurró Edward a su oído.
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