¡Qué tan diferente tiene que ser todo para que te sientas diferente?, él está ahí, tras de mí con su abuelo que entró gritando como un loco, pero al ver a mis hijos no ha dicho una sola palabra, así que no sé qué pensar. Veo a los niños, son mi mundo, y ahora estoy en su mundo con mi mundo, qué tan confuso es eso.
─Iré a la oficina para hablar con mi abuelo. ─la sorprende rodeando la cintura con sus manos. ─¿está bien para ti? ─susurró a su oído, y ella asintió.
No quiero hacer esto, no quiero caer en sus juegos de nuevo, odio tanto que solo baste que él me toque para que todo dentro de mí caiga a sus pies, no quiero poner de nuevo todo a sus pies. Ya he llorado, caído, pensado, extrañado y todo lo que puede ser una persona a la que le rompieron el corazon y no quiero pasar de nuevo por esto. Él tiene dinero y los medios, es claro que si quiere puede volver a desaparecer y dejarme, lo hará.
─mamá, ¿cuánto tiempo nos quedaremos aquí? ─se acerca Luisa.
─¿cuanto tiempo te gustaría que nos quedemos? ─pregunta al abrazarla.
─Me gusta la habitación que encontré y parece que es hecha para mi. Quiero quedarme mucho tiempo aquí. ─se lamenta.
Ángel debate mentalmente cómo le explicará a su hija que no se quedarán, ya que después de todo ahora era una prófuga de la justicia, mientras Edward se debate ahora con su abuelo.
─¿En qué estabas pensando? ─pregunta el anciano sentándose cómodo en el sillón.
─Sería arrestada si no la traía conmigo. ─suelta frustrado cerrando la puerta tras él.
─Cuando vas a otro país traes recuerdos o algo exótico, no tres niños, dos perros y un pato. Sobre todo un pato. ¡un pato!, pudiste comprar uno. Ni siquiera te gustan los patos. ─espetó
─No es mio, es de Jota, el niño más pequeño. Si ese pato muere, yo tambien. ─añade sentándose.
─¿Qué es lo que piensas hacer ahora que ella está aquí?. ─pregunta seriamente preocupado. ─Dije que apoyaba todo lo que hicieras, pero para ser honesto, no imaginé nada como esto.
─¿Nada de esto?, ¿a que te refieres con eso? ─pregunta ciertamente intrigado, se supone que el apoyaba su relación con Ángel, y el que ahora no pareciera tan convencido, no le gustaba nada.
─Edward, tu eres un hombre joven, estás en toda la cúspide de tu virilidad, se supone que ahora deberías estar buscando darme un descendiente tuyo, pero por el contrario, estás tomando como tuyos, hijos de lo que apenas conoces. ─niega con la cabeza.
─Abuelo. ─espeta molesto
─No me malinterpretes, la jovencita, se ve que está muy bien educado y tiene valor, pero sin importar lo que haga, sigue sin ser hija tuya.
─No escucharé más nada. ─camina hacia la puerta.
─Entiendo que ames a la madre, pero aún si fueses capaz de dar la vida por ellos, siguen sin ser tus hijos. ─dice ladeando su cabeza.
─Esos niños son personas increíbles, y son seres excepcionales. Amo a su madre y definitivamente amo a sus hijos...
─Edward, tu no lo entiendes...
─¿Si los papeles estuvieran invertidos, también tendríamos esta conversación? ─se regresa frustrado, intentando callar sus gritos.
─Es diferente. ─masculló
─No lo es para mi. ─se acerca a su abuelo. ─Estuviste conmigo, literalmente tomaste mi mano en los momentos más duros del tratamiento y, mi recuperación. Te agradezco por ello, pero ella es mi esposa y tú sabías perfectamente el por qué yo decidí seguir con esto. ─musitó.
─Lo sé, y...
─Incluso con Diana, ¿no fuiste tú el que se encargó de recordarle todo el tiempo que estoy casado? ─reclama sin entender su cambio repentino. ─¿por qué ahora te enoja tanto que ella esté aquí? ─pregunta directamente.
─Fue bastante claro que esa mujer solo se acercó a tí con intenciones monetarias, y de esas ya tenemos bastantes en la familia. ─musitó levantándose de la silla.
─Abuelo. ─se para firme ante él. ─Amo a Ángel, y no sé si estés de acuerdo conmigo o no, pero no me alejaré de ella, ni ella se alejará de sus hijos.
─No seas tan necio, no es asi como eres. ─espetó molesto.
─¿Así, cómo? ─dice ya llegando a su límite.
─Edward por Dios, ¡Sacara a una mujer de manera ilegal¡, ¿tienes una idea de lo que eso me costará?, ¿sabes si quiera cuantas leyes violaste al traerla?, ¡ya ni hablemos de cuando te fuiste! ─se levanta molesto. ─¡¡Eres un Argento, carajo!! ─gritó ofuscado por la necedad de su nieto.
Los gritos del anciano empiezan a escucharse, y aunque los niños están en el jardín, lo suficientemente lejos de la casa jugando con los animales, Ángel, quien permanece en la entrada puede escucharlo, así cómo Charles.
─Señora... ─intenta decir algo para que ella no se vea tan incómoda como se vé.
─Estoy bien, pero gracias. ─dice sin siquiera voltear, solo se queda ahí, con la mirada fija en sus hijos.
─Iré a ver si puedo ayudar en algo. ─dice dejándola sola en la entrada.
─Soy un Argento... ─musitó con sarcasmo.
─Si, eres mi nieto y no puedes ir por ahí...
─Delincuentes y asesinos. ─calló sus gritos por respeto a los niños. ─de eso está llena ésta familia, ¿crees que no lo sé? ─masculló. ─esta es la única vez que he jugado a la manera de los Argento, ¿me vas a condenar por eso? ─se acerca a su abuelo dejándose ver como lo que es, un hombre dispuesto a todo por la mujer que ama.
─¿y qué es lo que piensas hacer? ─dice siendo incapaz de ciertamente condenar a su nieto por lo que ha hecho.
─Haré que Charles lo arregle todo desde aquí, en cuanto encuentren al hombre que estaba con ella ese día, y...
─Legalmente jodiste muchas cosas. ─aclara regresando al asiento en cuanto Charles entra. ─Así que le pediré a mi abogado que te defienda, y por favor, no hagas más estupideces. ─dice más como una recomendación.
─De hecho... ─balbuceó viendo por la ventana.
─Me vas a matar. ─masculló levantándose de nuevo.
─Si las cosas salen bien y ella es declarada inocente, le pediré que se quede aquí, sé que tal vez no estés de acuerdo, pero si ella está de acuerdo, quiero adoptar a Jota como mío. ─dice sorprendiendo a Charles y su abuelo.
─No, claro que no. ─niega con la cabeza.
─Abuelo, sabes que no importa lo que digas...
─¿Entonces para qué diablos me lo dices?, ¿encuentras alguna satisfacción en torturarme? ─reniega
─Quiero que lo sepas. Es todo. ─dijo intentando prepararlo para que no se vuelva loco.
─Ah, ¿quieres ser papá y evitar las malas noches?, ¡que bien!, ¿pero por qué detenerte con solo uno, porque no los tres? ─masculló con sarcasmo tan pesado como él.
─Los dos mayores tienen el apellido de su padre, no es necesario, aunque si ellos lo quieren...
─¡Oh por amor de Dios! ─se ve bastante afectado con las decisiones de su nieto.
─Señor, ¿esta bien? ─pregunta Charles igual de sorprendido por lo que ha dicho, y algo disgustado por cómo el empieza a disfrutar sacar a su abuelo de quicio.
─¿Piensas por lo menos en darme un nieto de sangre? ─pregunta como último recurso.
El silencio incomodo reinó en el lugar, bastó ver a Edward para intuir que había una respuesta, aunque también era bastante claro que no sería buena.
─Le aseguro señor Argento que solucionaré esto lo mejor que...
─Su nombre es Emma. ─dice Edward con mucho pesar mirando al suelo.
─¿Tengo una nieta?─pregunta entusiasmado, pero al ver que Charles niega con la cabeza muy incómodo, calla.
─Emma Argento Torres. Conformate con eso ─dice dejando la oficina enseguida.