Después de ese día en que Sakura conociera un poco mas acerca del verdadero yo oculto de este enemigo suyo, la personalidad de Vladimir la había hecho sentir confundida una vez mas, Sakura tomó una decisión difícil, olvidarse de él.
Como viera dudar mucho y atrasar todo el proceso de limpieza, que prácticamente era “acabar con la estirpe de los mafiosos” Sandy eligió hacerlo ella sola sin recurrir a Sakura.
Mientras tanto, Sakura había decidido que haría un viaje a las montañas solitarias de Suiza. Lo que Sakura buscaba con eso, era despejar la mente, saber que el paso que iba a dar no le traería arrepentimientos no calculados. A como dijera, mujer precavida, vale por dos.
Al recordar como hizo el amor con Vladimir, ella volvió a vibrar, por lo que mordiera su labio inferior, nunca antes ella había temblado así como hoja seca en los brazos de un hombre como lo había hecho con Vladimir.
“Farich” se dijo cabizbaja. Solo pensaba en sí aún viviera Farich, como se sentiría si se sintiera así de atraída por otro hombre que no era su esposo.
Sandy no se hallaba en el apartamento de las dos, así que Sakura pensó en escribir una nota para decirle que estaría fuera por unos días, que necesitaba ese tiempo consigo misma. No sabía que Sandy haría su parte sin consultarle estrictamente sobre su decisión.
Sandy era una francotirador, era una mujer capacitada debidamente para acabar con cualquier ser pensante, ella se programó para terminar antes que nada con la vida de Vladimir, tenía toda la información acerca de él y sus cercanos, entre ellos, a su hermano Sergei, sin embargo le era difícil acercarse a ellos, por ahora.
Tres días después que se fuera Sakura, Sandy ya había acabado con la vida de dos hombres pertenecientes a la cúpula mafiosa de Nueva York. Por supuesto las alarmas se soltaron y uno de los que estaban muy pensativos acerca de lo que estaba sucediendo era Vladimir.
Su mano derecha, Bart lo miró preocupado, sabía que algo o alguien estaba acabando con las jerarquías, y eso no era de jugar o de tomarlo en bromas.
—Vlad, ordena a Sergei que se marche del país — sugirió Bart al entrar a su despacho.
Vladimir solo fumaba su tabaco con una elegancia que lo hacía verse todavía más poderoso.
— ¿Porqué? —dijo con la voz serena.
Su capacidad para mantenerse en auto control era tal que él mismo estaba sorprendido de cómo perdía esa capacidad ante Sakura. Esa mujer y él habían hecho el amor como si no hubiera un mañana, hacía tres días, para luego al amanecer haberse esfumado.
— ¿Quién era? ¿Cuál era su identidad? — eran preguntas en la cabeza de Vladimir, pero que por primera vez no compartió esto con Bart.
—¿Que hay de tu Chica misteriosa? —dijo Bart sacándolo de sus pensamientos. Hasta ese momento, Vladimir dejó el tabaco enorme que fumaba y prestó toda su atención en Bart.
— ¿Que con ella? — preguntó, el cual su voz ya no era normal en su tono tranquilo como lo era siempre, esta vez tenía un rastro de ira y encachimbamiento.
Bart notó el cambio en Vladimir, por lo que tragó saliva, solo alcanzó a tartamudear excusándose.
— E- e… ella, no sabemos realmente quién es — dijo Bart tratando de aclarar del porqué eran sus señalamientos.
— Para que sepas quién es ella, “¡ella es mi mujer!”.
La voz clara y concisa de Vladimir resonó en toda la habitación, justo el momento en el que Sergei hiciera presencia y oyera tal afirmación.
— ¿Tú mujer? —repitió Sergei la oración muy perplejo , para luego agregar sal al aderezo dijo:
— Creí que Anna era tu mujer, la única en el mundo para ti.
— ¡Cállate! — gritó Vladimir.
— ¡Ya estoy harto de los dos! —respiró ajetreado y tumbando la puerta antes de salir hacia el balcón .
Bart miraba perplejo a Vladimir y luego su mirada se posó en Sergei.
—¡Que fue eso! — preguntó Sergei asombrado y todavía congelado por la reacción de su hermano mayor.
— Es la mujer enmascarada que conociste el otro día —dijo Bart mirándose hacia el suelo. Luego volvió a ver a Sergei y dijo:
—Deberías tener cuidado.
— ¡Ah! ¿Y por qué?
— Hay un enemigo oculto entre nosotros, está acabando con todos los nuestros — dijo preocupado.
— ¿Nuestros? — pronunció Sergei con tono burlón para luego soltarse una carcajada.
Bart lo miró con el ceño fruncido y cuestionó su actitud.
—¿Porque la risa burlona? ¿Crees que el mal que le alcance a Vlad no te va a afectar a ti en nada o qué?
— Solo eres un pimpollo — dijo Bart dando la vuelta para también irse.
Al quedarse solo, Sergei miró hacia la dirección donde estaba Vladimir y dijo para si.
« Hay hermanito, en el pasado Anna te dejó por mi, que sabemos ahora, es probable que la chica hot también te haga a un lado por mi »
La mirada de Sergei era de malicia, sus intenciones no eran claras y eran de esos que tiraba la piedra y escondía la mano.
Llegado la noche, Sergei se coló en la habitación de Vladimir, él empezó a hurgar entre las cosas de su hermano, luego dejó una fotografía de Anna, su antigua prometida en el cajón de la mesita de noche, para luego reírse un poco antes de marcharse de ahí.
Margot miró la silueta de Sergei y solo movió la cabeza en señal de negación. Sabía que Vladimir había tenido que cambiar su carácter afable y dulce para protegerse y proteger a su hermano menor.
Si hubiera seguido siendo quien era, era probable que fueran los siguientes en la ejecución, así como sus padres y abuelos fueron aniquilados.
Vladimir Savackosk tuvo que tomar una postura salvaje y feroz para ser quien sobreviviera en un mundo lleno maldad y terror.
No había sido por puro gusto que él acabara siendo un Jefe del inframundo, así como tampoco ostentaba ser el más alto en la pirámide, se mantenía en esto por que era el lema, entrar vivo y salir muerto, no era que entrabas y salías de la mafia cuando te diera las ganas de hacerlo.
Sin embargo, todo eso lo reservaba para sí solo. A nadie le contaba sus penas y su afán. Al dormir con Sakura, al tenerla entre sus brazos, una ola de compartir sus sentimientos lo llenó, con ella quería ser transparente, afable, bueno, todo para merecerla. No sabía que ya sus mundos estaban diseñados para estar dentro de ella.
En su soledad, Sakura habló consigo misma, se reconoció sus ganas de amar. De empezar otra vez, porque las segundas oportunidades no eran siempre ni para todos, ella lloró al pensar en esto, estaba a miles de kilómetros de Vladimir, pero se dio cuenta que él vivía dentro de su corazón.