Desde el punto de vista de Sakura
Había nacido de la entraña de mi madre, una mujer muy hermosa y bella, mi padre, siendo quien fue por el destino que le tocó, nacer en medio del círculo de una organización bien plantada. Una que lo había hecho florecer y resaltar sus mas dotadas habilidades en los negocios, en el liderazgo convirtiéndose en el rey del inframundo, bueno, eso fue así hasta que conociera un nuevo sentimiento por alguien, mi madre.
Aquel hombre que nunca temió ni por su propia vida, temió por la vida de la mujer de quien se había enamorado entera y por completo.
Aquel sujeto era mi padre. Caín Escobar, un hombre joven de 29 años que ya había alcanzado la cima de la mayor jerarquía, acompañado de la mala fama, y lo que eso conllevaba, la mayor riqueza acumulada, pero sin tener esa libertad a la que cualquier ser común hace, caminar por las calles sin preocupación. Papá se había hecho de una gran reputación, pero eso no quería decir que no había enemigos por doquier, debía cuidar siempre las espaldas.
Es bien sabido que los negocios relacionados al bajo mundo, son bien nefastos, el vicio y todo lo que emerge de las decadencias humanas, son en sí los que generan el mas grande ingreso, y de la manera más rápida.
El mal prolifera con rapidez, pero con ello también trae a las grades desgracias.
Cuando mi padre y mi madre se conocieron, ocurrió de la forma más inesperada para él. Caín era un hombre que con solo su presencia lograba embaucar a cuanta mujer se le atravesaba en su camino, al menos por placer o lujuria, ellas querían estar en brazos de él, solas se abrían las piernas ante mi padre, aunque el ni siquiera preguntara el nombre de alguna de ellas.
Así, aquel hombre que tenía a tantas mujeres bellas a su disposición, en la situación menos pensada, se enamoró de mi madre Leonela, no porque ella lo sedujera, ocurrió y simplemente se dio cuenta que amaba a mi madre.
Aquella joven inexperta con cara de ángel, no sabía de la dureza de la vida, pero había tenido la mala suerte de toparse con un mañoso, un viejo asqueroso que la ultrajara, que la obligara a casarse con el para seguir su fechoría en su inmaculado cuerpo, y es alli donde aparece en escena mi padre.
El la rescata y la protege de manos del nefasto hombre, quien había sido rival de su familia por mucho tiempo, decidido a atrapar al malhechor, se hace de protector de mi madre y la lleva a su propia casa, algo que nunca había hecho, llevar a una mujer a su propia guarida.
Asi empezó aquel romance que ni el tiempo ni las circunstancias adversas pudieron apagar la llama flameante de amor y pasión entre Leonela Davison y Caín Escobar. Mis padres.
Yo siempre los llamaba a ellos dos, protagonistas de un amor de película, porque así de intenso lo era, e igual, hasta el último día de sus vidas, estuvieron juntos en armonía, amándose y deseándose.
Todos anhelamos un amor así, todos queremos tener a un marido querendón.
Ay que saber la dimensión de nuestras palabras, o lo que anhelamos, yo dije de cuando era pequeña, “quiero un esposo como papá” me acuerdo que mamá me cargara en sus brazos y se sentara conmigo, ella me dijo en aquella ocasión, “cariño, todos somos como Romeo y Julieta, alguna vez tendrás a tu Romeo.”
En mi inocente actitud, yo le contradije a mamá, y le seguí afirmando que deseaba a un esposo como papá, ella bromeó conmigo en ese momento y me dijo al oído, “es que no hay dos como papá”
Ahora es cuando entiendo todas sus palabras ; “Cada quien tiene en su destino a su propio Romeo.” Y por mucho mucho tiempo y todavía al día de hoy, pensé que mi Romeo era Farich, y sigo pensando que así es, pero en este momento en que estoy a punto de tirarme a este malvado gánster, digo, ¿quien es este hombre para mí?
Y para que mi pregunta tenga más sentido sería, ¿Que es él para mí? O bien ¿Qué es lo que yo quiero de él?
Algo así como caer en la frase de “no hay peor ciego que el que no quiere ver” yo ya me habia aventurado a besarlo, a tomar posesión de su cuerpo, yo, quien antes era la cauta, a la que le daba vergüenza decirle a mi esposo Farich que deseaba estar con él, después que me levantara en la cama de hospital de aquel coma, darme cuenta que mi esposo ya no estaba ahí para mí, el arrepentimiento había inundado mi mente, todo era “¿porque no lo besé más de la cuenta?” “¿porque no hice el amor con él mas veces de las que lo hicimos?” todo era un arrepentimiento tras otro.
Y me di cuenta que, “después, ya no hay un después”
No es como dice o afirma algunas personas irresponsables, que “este cuerpo ha de comer los gusanos, así que hay que darle gusto al gusto, no, no soy de ese pensar, pero si mis perspectivas acerca de ver la vida cambiaron, mi manera de pensar también, hoy día quiero gritar y decir lo que siento por alguien, mostrarlo, entregarlo, porque nunca se sabe cuándo será ese día, el último.
Bueno, enfocando y atribuyendo a mis palabras, lo del acto que estoy a punto de hacer, no tiene que ver con lo antes dicho por ejemplo, porque este es un capítulo muy aparte de mi vida, solo es una canita al aire? Pienso.
Mirándolo, su boca me sabe a deseo, a pasión, a lujuria, y sé que no soy indiferente a él, sin embargo me asusta, porque me atrapa la idea de que estoy cometiendo una traición. Estoy traicionando a mi amado Farich.
Al soltar su boca, de un momento a otro, este hombre me toma por la cintura y me hace subir y encajar sobre su extremidad, eso me hace sentir su cuerpo vibrante y tocar la dura parte que ya está más tiesa que un palo.
La mente se me nubla, los ojos se me achican, y mi cuerpo en su propio lenguaje me avisa que quiere este encuentro. Cierro los ojos y dejo que suceda, él me habla en inglés y aún le siento el acento ruso limitado en sus palabras, me dice.
—Te haré el amorrr.
—No estoy aquí para que pidas permiso, vine para hacer el amor contigo —vocifero como si la angustia me carcomiera.
—Una vez mía, para siempre mía —dice el condenado.
—Has tenido miles de mujeres, ¿acaso todas son tus mujeres de colección? —lo molesto con eso, el se detiene de pujar y me mira con una expresión dura.
—Tranquilo, solo voy a coger contigo, sin ninguna responsabilidad de nada, tu no eres nadie para mi —abro mi boca y lo digo de la manera más casual.
Sé que se enoja conmigo, porque detiene nuestro avance y me mira con enojo.
—¿Que pasa, no quieres follar conmigo?
—¡Búscate a otro para esos propósitos! —me dice casi en un aullido que me huele a rabia. Así que con mi ego herido le digo.
—Está bien. A uno de los dos de afuera le pediré que nos follemos —al ver que me dirijo hacia la puerta, salta hacia adelante e impide mi paso, me mira enojado y dice.
—No me usarás —me da risa sus palabras y lo vuelvo a ver con una rabia fingida.
Me gusta él, porque es como si mi máscara no lo molestara, me reconoce aún con ella.
—El que te toque morirá —dice en su afán de mafioso engreído.
—Yo decido quién me toca y quien no. Bájate de esa nube —digo con algo de enojo.
Me abraza fuertemente y aspira mi olor, sus labios logran una curvatura, está sonriendo sin darse cuenta. Me besa la frente y de un sopetón me lanza las palabras a las que le tengo alergia.
—¡Cásate conmigo! —mis ojos se abren como platos, pues realmente no se porque vine, lo más lógico era para una cogida, no a que me hicieran propuesta de casamiento.
—No tienes que responderme ahora —me dice acariciando suavemente mi cuello. Pone su cara dentro entre mi cabellera y mi nuca y me hace temblar de las erizadas que me provoca.
Brinco y hago que me cargue mientras yo lo abrazo con mis piernas su extremidad.
—Qui-ero que me hagas el amor —mis palabras salieron de mi boca y ni yo podía creer.
¿Porque me volví tan atrevida?