Volver a encontrarse

1355 Words
— ¡ Mi amado hermano querido ! —vociferó Sergei sabiendo de antemano que a Vladimir no le gustaba que lo tratase de esa forma. — ¡ Aquí estas entonces —dijo Sergei mostrándose conmovido y sonriendo de medio lado. —Si, aquí estoy. No es como si no supieras, ¿No? — gruñó Vladimir, su semblante reflejaba una clara molestia ante la presencia de Sergei. — Estas sin rumbo fijo, hermano mayor — volvió a decir Sergei en tono sarcástico. — Bueno, eso depende —respondió Vladimir con impaciencia, mientras el aire a su alrededor se hacía mas pesado. En un ambiente tan gélido como ahora, se podía pasar un cuchillo y cortar el aire en rodajas, pero las cosas se volverían peor aún cuando a continuación Sakura llegara al Club exclusivo, “The fire” Una mujer apareció, y todos pudieron verla, ella estaba vestida de un pantalón látex negr’o, lo que la hacía ver como mujer fatal, letal, pero para el jodido que la mirara, porque ella estaba vestida de forma llamativa, y lo más llamativo era que también trajera una máscara sobre el rostro que evitaba saber su identidad. La mujer posó los ojos en en Vladímir y caminó hacia el, tanto así que dejó sorprendido a su mano derecha Bart, quien en un momento tan decisivo quedara inmóvil por el desconcierto de ver a una chica enmascarada acercarse a su jefe, y mas viendo a su jefe como permitía a una completa extraña hacerlo. Sakura había pasado varios días en ascuas, había estado lidiando con su yo interior. Quería mandar a Sandy a terminar el trabajo de llevar a cabo su fin deseado, acabar con todos los culpables de la masacre de sus seres queridos, pero algo había hecho detener sus planes. Ese hombre había despertado en ese lado oscuro de su ser, esa necesidad de buscarlo, de descubrirlo y estar con él, porque todo su interés se había enfocado en el. Algo que ella había creído todo este tiempo era que nunca iba a volver a enamorarse de alguien mas, tener a un hombre, era lo último que se le había ocurrido. Creía que siempre Farich iba ser amor eterno, en su mente lo tenía así de claro, “es tu culpa Farich, me has dejado sola mi amor” murmuró en su soledad fría. El hecho de haberse cruzado en el camino con Vladimir, hizo que ella comprendiera que la vida estaba hecho de principios y finales, algunos finales llegaban de forma abrupta, otros con tambores y flautas, dando voces, pero lo cierto era que las despedidas eran siempre dolorosas y las relaciones que se rompían así sin esperar eso, dejan secuelas. Saber eso, la hizo llorar, porque siempre pensó en lo mucho que amaba a su marido y lo muy feliz que era, nunca pensó en un final de su historia de amor, y al día de hoy estaba aquí sintiendo cosas por un completo desconocido. “No digas, de esta agua no beberé” se dijo mientras mirara al hombre ahí de pie con los ojos puestos en ella. Recordaba que el amor tenía sus propios pies y se manejaba solo. Sergei quien al ver a semejante chica, que por cierto aunque traía el rostro semi cubierto, no dejaba a la imaginación la belleza de la mujer, el quedó extasiado con el aura y la gracia de la mujer. Además que teniéndola así de cerca, se podía sentir en el aire su fragancia corporal que el buen olfato no iba a dejar pasar desapercibido. Su olor era tan única y exquisita, digno del buen gusto. Sakura se acercó a Vladimir y a continuación lo tomó de su corbata, lo jaló hacia ella, haciendo rebotar el cuerpo de él en su suave pecho. Esto por supuesto hizo que la reacción del cuerpo del hombre fuera de inmediato, su pistolón se activó y se pudo ver el crecimiento entre su entrepiernas. Sakura parecía estar encantada con Vlad, pues sus ojos seguían sobre los de él, en ese momento Bart reaccionó y se acercó rápido para apartar a Sakura del lado de Vlad, pero este impidió la acción de su subordinado.. Sakura sonrió con Vladimir, luego habló en voz baja. — Ven conmigo —lo hizo de la manera más suave y seductora. — Si — respondió el hombre, quien no parecia ser el jefe bravucón de siempre, ahora se parecía mas a un indefenso cachorrito. Al ver esta situación tan peculiar, Sergei se rió a carcajadas. Al notar Sakura, que se reía de ella, con malestar levantó una de sus piernas y en un dos por tres propinó tremendo golpe en la cara a Sergei, a continuación, la reacción de Vladimir fue la mas épica, pues justificó la acción de la mujer diciendo que eso era muy merecido, enseguida tomó a Sakura de la mano y ambos entraron a la oficina de éste. La boca de Sergei quedó abierta, casi su quijada se iba al suelo, su hermano, quien desde la última vez que había estado enamorado de la única mujer que amó, nunca lo había visto defender a alguien así, además que nunca mas se buscara a otra novia para reemplazar a su querida Anna Konnasovba. Una vez adentro en la oficina, Sakura dejó caer todo lo que había sobre el escritorio, al piso, luego hizo que Vladimir se sentara sobre el escritorio inclinándose hacia atrás su cabeza y espalda, ella levantó su pierna derecha y las puso sobre el cofre del hombre quien no hizo nada para impedir las travesuras de su misteriosa chica enmascarada. Vladimir, había perdido todo rastro de hombre mandón, sus ojos estaban clavados en los de ella, su respiración era dificultosa y su pecho retumbaba como si de adentro le iba a salir el órgano palpitante. Sakura acercó su boca y atrapó los labios de Vladimir, lo que hizo jadear al hombre, enseguida en el punto mas candente y placentero del beso de lengua, ella soltó su boca de la nada, he hizo sentir un sentimiento de pérdida al hombre. El no opuso resistencia. Era como si quería ser deshecho por las manos de esta mujer, pero incluso en ese momento tan marcado, Sakura dudó de si hacer algo mas para dañar a un tipo como Vladimir. Para Sakura él era uno de los culpables de la ejecución de toda su familia, así que si o si debía morir, pero ¿Porque este interés repentino por el? ¿Cuál era el secreto mejor guardado de este hombre? Ella quería descubrir cosas de él que ayudara a no acabar con su mísero vida. — Te he pensado desde aquella noche … ¿Quién eres mujer? —murmuró Vladimir. —Soy solo una mujer que ha caído al hechizo de tus encantos, por favor, dime sí porque has robado mi paz, mi tranquilidad, mi autocontrol —expresó Sakura casi al borde del deseo por hacer el acto del delicioso con el. Al oír tal confesión, una brisa de regocijo bañó el frío carácter del hombre, quien a su vez se sintió dichoso de saber que esto era mutuo. —Mi diosa. Si aquí hay ladrones que roba corazones, ya somos dos entonces. Porque también perdí más que mi tranquilidad, mi autocontrol, también perdí mi corazón —reiteró las mismas palabras de ella haciéndole saber que estaba domado por su encanto. Ella sonrió sin saber que esas palabras de él la habían hecho sentir mujer, no cualquiera, sino una deseada, que despertaba la pasión de un hombre interesante. Antes de tomar la decisión de venir, Sakura había investigado acerca de la vida y milagros de Vladimir, este hombre era una caja de misterios. Según todo lo recopilado, él era un hombre friolento, no se le había conocido alguna pareja, también se decía que era un hombre muy exigente y muy quisquilloso en sus gustos, que nadie le daba la talla. Lo cierto era que como todos los seres humanos, había tenido su propia historia, su propio desamor y el rompimiento de su corazón, el cual él le había entregado a una sola mujer; Anna Konnosovba.
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