CAPÍTULO 3 "69 ENTRE 3"

1076 Words
Francia había decidido salir a buscar algo de acción luego de lo prendida que la dejó presenciar aquella escena de sexo en el baño del apartamento dónde vivía con su mejor amiga. Se puso ropa muy reveladora, y salió con rumbo al bar nocturno más cercano. Llegó precisamente cuando la noche comenzaba a ponerse más descontrolada. Los cuerpos se movían con locura en el medio de la pista de baile, las pastillas alucinógenas pasaban de mano en mano, y las botellas de licor no dejaban de ser bebidas. La hermosa Francia necesitaba algo nuevo, algo que representara un verdadero desafío para ella, sentía la necesidad de poder apagar ese voraz incendio que ardía en su interior quemando todo lo que hallaba a su paso. Esta era la oportunidad perfecta para dejar salir todas esas ganas, todo ese deseo, toda esa lujuria que la consumía sin dejar espacio para la vergüenza. Ella no veía la diferencia entre hacerlo con un conocido, o un desconocido, para Francia lo único que realmente importaba era ser penetrada esa noche, su piel pedía a gritos un cuerpo rival con el cuál poder librar una batalla campal dónde el sudor se pudiera derramar por todos lados, y que al final el único vencedor fuera el cansancio. Esa noche el club rebosaba de lleno. Las personas no cabían dentro de las instalaciones del local. Era la primera vez en años que se veía un lleno tan exitoso. Esto lo aprovechaba muy bien Francia buscando entre la multitud dar con su siguiente víctima. Cualquiera era elegible para Francia puesto que no era muy exigente a la hora de tener sexo. Fue entonces cuando se topó con dos gemelos bastante atractivos, su nombres eran Liriano, y Ciriano Brecman. De piel morena, contextura fornida, y cabello corto. Eran muy bien parecidos, y con rasgos atractivos para cualquier mujer. Ellos tomaban tranquilamente en la barra del bar, centrando toda su atención en Francia al verla llegar desde lejos. Ambos estuvieron de acuerdo en que ella se veía muy sexi, así que no dudaron en invitarla a tomar un trago. Francia aceptó sin ningún problema. Liriano y Ciriano creían haber pescado una buena trucha, sin darse cuenta que las verdaderas presas eran ellos dos cayendo en las insaciables garras de la voraz Francia. Ella era perfecta para crear confianza. Se reía de todos los chistes por malos, o estúpidos que fueran, aceptaba cualquier trago sin dudarlo un segundo, y no se cohibía cuando sentía las manos curiosas de ambos hermanos cuando comenzaban a recorrer sus partes intimas de forma disimulada en plena barra del bar delante de tantas personas. Por el contrario ella también usaba sus dos manos para explorar lo que esos gemelos tenían para ofrecerle a una mujer. A pesar de no ser el tamaño, o grosor que Francia siempre aspiraba, la hermosa chica continuaba con los juegos de seducción siendo adicta al morbo que le producían aquellas acciones pervertidas. Esos dos sujetos estaban maravillados con esa chica que no tenía miedo ninguno ante los aberrantes deseos húmedos del sexo masculino. Pasada aproximadamente una hora de haber llegado, Francia ya había tomado suficiente confianza como para besar a ambos hermanos sin importarle lo que las demás personas pudieran pensar. Sus manos estaban ocupadas apretando los p***s de esos chicos mientras miraba aleatoriamente sus ojos con aquella expresión en su rostro que era una invitación clarísima a pecar. — ¿Qué te parece si nos vamos a un lugar más cómodo dónde podamos estar solos? — propuso Liriano sintiendo que ya era hora de comenzar con la verdadera acción. — ¡Pensé que nunca lo dirían! ¿A dónde vamos? — preguntó Francia levantándose para tomar su bolso, estando lista al instante para irse a follar con ese par de desconocidos. — Nuestro apartamento queda muy cerca de aquí, llegaríamos en menos de cinco minutos — explicó Ciriano. — ¡Perfecto! Y entonces ¿Qué estamos esperando? — Francia tomó la delantera sin siquiera saber a dónde la terminarían llevando. El apartamento de los hermanos Brecman era realmente hermoso. Ideal para llevar a una mujer, y tener sexo con ella. La decoración era elegante, y los muebles realmente cómodos, pero Francia no estaba allí como una crítica de interiores, ella estaba allí con el deseo y las ganas de ser cabalgada como una potra salvaje durante horas por esos fornidos sujetos. El momento de la verdad había llegado, Liriano y Ciriano miraban fijamente a Francia empujándola suavemente colocando sus manos en la cabeza de la dulce chica para hacerla arrodillarse. Ambos sacaron sus p***s, y con todo el morbo de sus mente comenzaron a meterlos en su pequeña boca, la cuál Francia sabía usar perfectamente bien. Con gran destreza devoraba la v***a de Liriano, luego sumergía la de Ciriano hasta sentir que llegaba a su garganta, para posteriormente meterse las dos al mismo tiempo logrando juguetear con su lengua alrededor de ambos p***s. Era el momento de devolver el buen gesto, así que tomándola del cabello con autoridad la lanzaron sobre el mueble dónde Ciriano, luego de quitarle la ropa comenzó a lamer su v****a de norte a sur mientras que Liriano seguía recibiendo el mejor sexo oral que había probado en su vida. Ciriano luego de algunos minutos se cansó de lamer, y sintió deseos de penetrar. Lentamente introducía su erecto pene dentro de la cálida, y húmeda v****a de Francia quién ni siquiera gemía continuando tranquilamente succionando la v***a de Liriano. Francia era un agujero n***o que absorbía todo lo que hallaba a su paso mientras que los hermanos Brecman apenas eran un par de aficionados que solamente buscaban pasarla bien esa noche. Uno a uno se fueron turnando para penetrar la hambrienta v****a de la excitada chica, cambiando de posiciones casualmente para hacerlo cada vez más interesante. Rápidamente los chicos notaron que Francia no había tenido ni siquiera su primer orgasmo mientras que ellos ya habían eyaculado en múltiples ocasiones cada uno, hasta que no salía nada de semen de sus resecos escrotos. Liriano y Ciriano estaban agotados, bañados en sudor, se quedaron dormidos en el muebles mientras que Francia quedaba allí totalmente excitada luego de casi tres hora de sexo continuo. Ella salía de ese apartamento exactamente con las misma ganas que llegó. Era como si esos dos hombres no hubiera logrado hacerle ni cosquillas. La ninfomanía en ella era insaciable, y eso resultaba ser un problema que ningún hombre había sabido solucionar.
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