Entramos a una casa amoblada, parecía tener todo lo que uno necesitaba para vivir allí. Apretando la mano de Nat para darle confianza lo llevé junto conmigo hasta un sillón que se encuentra ubicado en un rincón lejos de la puerta principal. Cargué a Nat en mi regazo, su cuerpo temblaba sin control. Lo apreté a mi pecho para darle tranquilidad. - Calma mi amor, no nos va a suceder nada –le digo en voz baja al oído-. - ¿Por qué nos grita mami? –me pregunta sollozando-. - Calma, ya se le pasará –le digo acariciándole el rostro-, solo está molesto por algo, no por nosotros. Trata de calmarte para que no se altere más mi amor –le pido en voz casi silente-. Veo que Nat asiente con la cabeza al tiempo que José Manuel le pone seguro a la puerta principal y voltea a mirarnos f

