Con los nervios a flor de piel solo miraba a los lados, jamás en la vida me había visto en una situación similar. El rostro de José Manuel cambió de una forma sorprendente, la maldad que vi reflejada en su semblante me mostraba a un hombre totalmente distinto con el que conviví durante años. - Hazme el favor y párate de esa silla –me grita amenazante- que te pares –vuelve a gritarme totalmente descontrolado-. - No grites –le pido tapándome los oídos al tiempo que comienzo a llorar de manera incontrolable-. - Ven aquí –me señala con el arma que tiene en la mano-. - Baja eso por favor –le pido suplicante-. - ¿Fuiste tú quien llamo al Cuerpo de Seguridad? –me pregunta halándome por el cabello-. - Ay, me duele –le digo ahogando el grito para no alerta

