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2590 Words
    Acompañé como perro faldero a los demás a una habitación multifuncional donde dejaron algunos instrumentos en caso de alguna emergencia, todo después de una pequeña lucha con Shawn por querer quedarme en el lobby para esperarlo.     —No, irás conmigo. —Había dicho sin esperar una respuesta al tomar mi mano y guiarme hasta donde irían.     Entré al cuarto y mis ojos se fueron inmediatamente a un instrumento que se encontraba apoyado en un sofá. Un instrumento de cuerda no muy conocido, pero popular en mi familia.     —¿Tocan esto en una de sus canciones? —pregunté sorprendida, dirigiéndome a ninguno en especial.     Levanté el instrumento y miré a Jacob.     —Nos lo regalaron en la conferencia de prensa, no sé muy bien como se toca, pero pretendo hacerlo, se ve muy interesante. ¿Tú sabes tocarlo? —me preguntó mientras seguía haciendo lo suyo.     —Hace años que no toco —dije más para mí.     —¿Cómo es que lo conoces? Nosotros no conocíamos de su existencia.     —No es muy común —respondí—. Mis abuelos son de la zona donde este instrumento se toca con regularidad y ellos se lo enseñaron a mi padre, y mi padre a mí. Mis padres tienen uno muy antiguo, de esos que ya no se fabrican.     Abrí la funda que lo cubría y lo saqué con cuidado. Pasé mi dedo por sus cuerdas cerciorándome que estuviese afinado. Algo que podía notar solo con el oído gracias a mis abuelos y a mis padres. Ambos eran amantes de la música y tenían sus respectivas bandas en su juventud, de hecho, se habían conocido en el ensayo de ellas gracias a una tía abuela. Mi madre terminó siendo profesora de música mientras mi padre estudió ingeniería, pero nunca dejando de lado su faceta musical, heredando esa pasión a mis dos hermanos y a mí.     Afiné un par de cuerdas y volví a pasar los dedos por sus cuerdas. Shawn se mantenía apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados y Thomas con los demás daban vueltas por la habitación haciendo quizás qué.     —Toca algo —me incitó Thomas.     —Pues no soy un gran músico como ustedes, pero puedo intentarlo. Sin reírse ni juzgar mi tosca voz —advertí.     Mis ojos se fueros a Shawn. Sonrió y asintió una vez mientras notaba que Jacob hacía lo mismo. Me acomodé en el apoya brazos del sofá que había, pasé la correa del instrumento por encima de mi cabeza y comencé a tocar una de las pocas canciones que sabía de memoria. Mientras cantaba miraba como Shawn no me sacaba el ojo de encima y como nunca su rostro no revelaba nada, lo que hizo que me sintiera avergonzada de mi osadía.     ¿Cómo se me ocurrió tocar un instrumento que no tocaba hace años y cantar frente a una banda reconocida mundialmente?     Me pateé por dentro, pero seguí tocando esquivando los ojos verdes y gatunos. La canción era larga, pero solo llegué al primer coro, no estaba acostumbrada a tocar, y tocar ese instrumento con esa canción significaba un poco más de esfuerzo que si tocaras una guitarra común. Al terminar dudé un momento en mirar a la gente a mi alrededor que de a poco se habían callado para escucharme con atención. Sopesé la idea de salir corriendo por la puerta donde aún se encontraba Shawn. Tomé un suspiro, pero antes de poder decidir qué haría, Jacob comenzó a aplaudir acercándose a donde me encontraba.     —¡Tienes que estar de puta broma!     Me paré rápidamente y le pasé el instrumento, sin saber muy bien por qué me avergoncé hasta la mierda. Jacob puso la mano en mi hombro como un padre felicitando a su hijo por su reciente nota sobresaliente. Thomas y los demás aplaudían también.     —Definitivamente hay que poner este instrumento en nuestro siguiente disco —dijo mientras tocaba un par de cuerdas—. Ya veo porque no te despegas de ella, hermanito —dijo mirando a Shawn con aire pícaro.     Su comentario hizo que me ardiera el rostro hasta el infierno, pero al mirar su reacción vi como dedicó una sonrisa que no pude descifrar mientras asentía complacido, como acordando con él. No ayudó para nada con mi ardor. No supe qué hacer con los halagos, pues como había dicho Shawn, no era buena recibiendo cumplidos y me fui a acomodar a su lado, avergonzada. Me miró analizándome el rostro por lo que pareció una eternidad.     —No me dijiste que tocabas —dijo tranquilo, no se notaba ninguna emoción en su voz.     —No preguntaste.     Miró hacia adelante sumido en sus pensamientos.     Mierda     ¿Lo había molestado?     ¿Había traspasado la línea de confianza?     ¿Por qué me estoy sintiendo así?     Volvimos al auto que nos llevaría al concierto y con Shawn no habíamos cruzado palabras desde mi estúpida audacia, mayoritariamente porque se encontraba haciendo otras cosas mientras yo seguía buscando a la bella mujer en mi celular una vez que me lo había devuelto. Miraba por la ventana del auto escuchando las canciones que sonaban en la radio mientras Jacob y Thomas hablaban con una de las encargadas de las entrevistas que darían. El auto se llenó con el ritmo de una de mis canciones favoritas, antigua hasta el carajo.     —¿Conoces esta canción? —escuché a Shawn sin darme cuenta de que la estaba cantando en voz baja.     Su rostro no lucía para nada molesto, al contrario, parecía sorprendido.     —¿Quién no la conoce? —contesté aliviada al ver su rostro.     Shawn negó con la cabeza un momento para luego penetrarme con su mirada, y algo en ella hizo que se erizara el vello de mi nuca, ya era una cosa común cuando veía esos ojos, hizo que se me apretara el estómago y mi corazón latiera con furia, todo al mismo tiempo. Se acercó un poco hacia mí y habló.     —¿De qué otra forma puedes sorprenderme? —dijo casi en un susurro, cerca de mi rostro.     Quedamos mirándonos por un momento eterno hasta que la van se detuvo en la entrada del estadio.     —¡Hagamos esto! —gritó Thomas, y la gente de la van aplaudió.     —Éxito —le dije por lo bajo a Shawn mientras le daba un empujón cariñoso.     Me sonrió y sin previo aviso apoyó sus labios en mi frente antes de bajarse del auto, dejándome en las nubes.     Definitivamente era él que no dejaba de sorprenderme.     La gente gritaba como si el mundo se fuese a acabar. Había ido a otros conciertos, pero verlos de donde me encontraba era algo irreal y desde bastidores tampoco parecía tan real. Todos se movían de un lado a otro como hormigas organizadas, todos sabiendo qué hacer y cuando hacerlo, haciendo que me sintiera un poco fuera de lugar, así que para adecuarme un poco tomé mi cámara y comencé a sacar fotografías de todo. Agradecí tener mi tarjeta más grande para el montón de fotos que tomaba. La banda se encontraba a unos pasos de mí preparándose para salir, juntaron sus cabezas y vi como Jacob les decía unas palabras. Capté ese momento en mi cabeza y en la memoria de mi tarjeta. Shawn me dirigió una última mirada y le repetí con los labios el éxito que le había dicho en el auto antes de separarnos, me cerró un ojo y los tres salieron al escenario. La gente rugió y no pude evitar sonreír.     Me encontraba al lado izquierdo del escenario si se miraba desde la multitud, donde se encontraba Shawn y su gigantesca batería, y aunque lo había visto tocar en la prueba de sonido, aún me preguntaba como lo haría para tocar al menos una vez todos esos tambores y platillos que se encontraban justo frente a él en una sola canción. Thomas estaba al otro lado del escenario con su guitarra eléctrica, Jacob justo al medio con un pedestal para su micrófono. Tomé una fotografía de donde me encontraba mientras una luz azul los bañaba a los tres antes de comenzar. Se escuchó la voz de Jacob gritar algo y de repente todo se iluminó como un gigantesco flash. Shawn comenzó a tocar su batería con fuerza, perdido en sí mismo, y mientras lo miraba me perdí en él. Sus brazos se movieron con tal elocuencia y ferocidad que mi respiración comenzó a vacilar, su rostro entregado al cien por cien hacía muecas seductoras cada vez que golpeaba un tambor diferente, sus labios se separaban, los humedecía, los apretaba.     Todo lo que hacía me hipnotizaba.     Los músculos de sus brazos se tensaban a tal punto que por un segundo pensé que la piel de ellos cedería. Verlo tocar solo a él, era un función aparte. No me sabía la canción que tocaban, pero la disfrutaba mientras lo miraba a él, que de vez en cuando, cuando el ritmo era lo suficientemente lento, me lanzaba una mirada fugaz llena de energía y otras emociones que no podía distinguir, y sin querer admitirlo; no quería distinguirlas, porque sabía que podría producir cosas en mí con las que quizás no estaba segura de lidiar.     La primera canción terminó y despabilé para seguir sacando fotografías mientras Jacob agradecía al público por haber asistido. Yo me limitaba a capturar al chico de la batería que tomaba un sorbo de su botella de agua, pero después me dediqué a seguir en lo que había ido para capturar a todos; a Jacob con el micrófono en sus labios saludando a la gente, a Thomas con su guitarra y su sonrisa, a Shawn junto a su batería, a sus manos apretando sus baquetas, a sus hombros perfectos, a su rostro, a todo de él.     Mierda.     Debía concéntrame.     Agradecí al gran lente de mi cámara que me permitía acercarme a él sin tener que hacerlo físicamente y que así no notara lo que estaba provocando en mí al verlo tan entregado a lo que hacía, a las miradas que me lanzaba, a su rostro extremadamente sexy. Las canciones pasaron mientras seguimos repartiendo miradas y guiños con Shawn con las luces que se movían junto al ritmo de la música, teniendo que cambiar el tiempo de exposición cada vez que sucedía para sacar una fotografía perfecta. Terminó otra de sus canciones y me llevé la cámara al rostro para inmortalizar una vez más a Shawn. Miré la fotografía para ver si los parámetros estaban correctos, pero en cambio pude ver como me miraba a través de ella, su piel brillaba por el sudor haciendo que luciera mucho más apuesto y un suspiro involuntario salió mientras algo recorría mi espina dorsal, esa electricidad de la que todavía no me acostumbraba. Levanté la vista y vi como Shawn sin dejar de tocar el bombo con el pedestal me penetraba con sus ojos, una mirada más intensa que de la foto, tanto que podía sentir como me atravesaba aunque estuviera a seis metros de él. La electricidad se duplicó cuando lentamente vi como su lengua salió a jugar con la comisura de su labio para luego humedecerlos antes de golpear con fuerza uno de sus tambores, sin quitarme los ojos de encima. Recordé lo que me había dicho a mí misma en la ducha y moví la cabeza para espantar la sensación que me producía su mirada, sus labios, sus brazos…     Basta, Carolina.     ¡Concéntrate!     La gente comenzó a aplaudir cuando Shawn se levantó de su asiento y Thomas estiraba el brazo para saludar al público, mientras Jacob tomaba una guitarra y comenzaba a cantar introduciendo una versión acústica de una de sus canciones, era la que conocía, una canción de casi 15 minutos de largo. Shawn cruzó su mirada con la mía nuevamente, bajó del pedestal del que se encontraba y se perdió de la vista de sus seguidores. Un hombre le entregó una toalla y se secó rápidamente el rostro y los brazos, le ayudó con los audífonos y los dejó a un costado, sus ojos aún en los míos, penetrándome con cada respiración de su pecho agitado. Acortó el espacio que había entre los dos y antes que pudiera felicitarlo por el espectáculo y sin previo aviso alguno sus manos subieron a mi rostro y sus labios se posaron en los míos casi con violencia. Dejé escapar un suspiro involuntario permitiéndole introducir su lengua para que jugara libremente con la mía. Ya estábamos con la respiración entrecortada y al separarnos sus ojos oscuros como la noche me mostraban cada señal de querer sacudirme hasta la muerte.     —¿Qué hay del concierto? —pregunté apenas, sabiendo lo que se avecinaba.     —Hay tiempo —me respondió con su voz rasposa cargada de fuego.     Asentí con la cabeza nublada, la respiración agitada y el cuerpo en llamas. Sin perder el tiempo tomó de mi muñeca y caminó rápido entre la gente que se encontraba ahí hasta llegar a una puerta con su nombre, al entrar giró y la cerró con el peso de nuestros cuerpos mientras sus labios encontraban con facilidad los míos, absorbiendo el éxtasis de su boca contra la mía. Sus manos recorrieron mi cintura hasta llegar a mis caderas levantándome con habilidad para caminar unos pasos y sentarme en la mesa frente al espejo iluminado y mis piernas abrazaron su cuerpo intentando reducir todo el espacio entre nosotros.     —Quería quitarte esta falda desde el momento en que te vi en ella —dijo con dificultad mientras me besaba efusivamente el cuello y sus manos acariciaban la fábrica de mi falda aplastada contra mis muslos.     Frío y calor peleaban en mi piel cada vez que sus manos tocaban debajo de mi polera y un sonido gutural salía de lo más profundo de su pecho que se movía con rapidez. Sus besos sabían a perfección y su lengua a gloria. Pasaba mis manos por su espalda dura como granito, por sus hombros, por su cuello y al bajar por su pecho hasta su abdomen solté un gemido que lo empujó hasta el borde.     Quería más.     Metí mis manos bajo su camisa para arrancarla por encima de su cabeza mientras Shawn hacía lo mismo con la mía. Sus manos acariciando mi piel hacía que mi espalda se arqueara, y con cada una de ellas soltaba un suspiro empapado de éxtasis. Sus manos recorrían mi cuerpo delgado, firmes pero gentiles, sabía exactamente qué tocar y cómo hacerlo. No podía darle crédito a lo que pasaba, era mucho mejor de lo que había imaginado. Había esperado ese momento y al fin lo tenía, y el pensar que él quería lo mismo lo hacía aún más increíble.     Aunque había intentado negarlo con anterioridad ya no podía esconderlo; estaba loca por él.     Shawn detuvo el fogoso beso y se separó lo suficiente para poder ver mi rostro. Ambos respirábamos con dificultad tratando de meter todo el aire posible a nuestros pulmones que fue arrebatado por la sesión de besos calurosas. Sus labios hinchados intentaron formular una pregunta, pero no dejé que lo hiciera, sabía exactamente lo que quería y yo no quería esperar más. Lo alenté con un rápido movimiento de cabeza. Se alejó para buscar lo que necesitábamos mientras yo intentaba alinear mis pensamientos, pero era todo en vano, estaba perdida, envuelta en el momento y en él. Volvió con el envoltorio plateado y me dirigió otra mirada seductora, llena de lujuria.     —Ahora —dijo pasando su lengua por su labio inferior—. Quítate esa falda.
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