Gemelas Unidas.

1656 Words
Las gemelas, sintiendo el peligro y escuchando uno que otro disparo, se aferraron la una a la otra y corrieron hasta llegar al baño, donde pudieron esconderse hasta que la situación se calmó. —¡Corre, corre, hermana! —¡Apúrate! ¡Ya lo dice el dicho: mejor que digan que aquí corrió a que digan que aquí murió! Un tipo intento echarle mano a las gemelas y ambas le dieron un puñetazo dejándolo inconsciente. Cuando entraron al baño se metieron en uno de los cubículos, ninguna tenía ni un maldito pincho para defenderse solo los putos puños. —¿Estás bien? —pregunta Miranda, a su hermana. Marianela asiente, aunque el susto le coje con reir. —Esto es de locos hermana ¿Estará bien nuestro padre? —No sé ni mierdas. Creo que si, ha sobrevivido hasta ahora. ¿no? Debe ser un maldito crack. —Nos falta mucho para tener esas agallas. Cuando finalmente sintieron que la situación se calmaba un poco, decidieron salir de su escondite. Al salir, el restaurante estaba en caos, pero los hombres de Milo parecían tener la situación bajo control. Se movían con confianza, manteniendo a raya y sometidos a los que estaban descontrolados. Algunos heridos y otros con golpes visibles en el rostro desarmados. Cuando finalmente lograron encontrar a su padre, se acercaron rápidamente a él. —¿Estás bien, papá? —pregunta Marianela, preocupada. Milo las mira con un gesto serio en su rostro. —Sí, pero esto es solo el comienzo. Debieron irse de inmediato maldita sea, les dije claro que no pueden estar juntas y no deben decirme padre delante de cualquier imbecir. Ahora estos hijos de puta las vieron a la cara. —¡No diremos nada, señor Genovese! —Si, claro, y yo voy a poner en riesgo la vida de mis hijas y mi imperio por confiar en unos imbéciles del otro bando—les dice mientras toma su pañuelo y limpia las huellas del arma que había disparado colocándosela a un muerto en la mano. Las gemelas se sintieron regañadas. Milo no los iba a eliminar, solo enviaría un mensaje al apostador perdedor, pero ahora ya no tiene de otra que "limpiar". —No volverá a pasar, te lo prometemos— las gemelas le prometen al mismo tiempo. —Eso espero. Esteban y Ángel, limpien aquí, elimine a todos y has de creer que fue un maldito enfrentamiento entre bandas. Dos acompañen a mis hijas a la casa y el resto deben dispersarse. Pon está propiedad en venta y encárgate de la policía. Habla con el contable para que te dé dinero para callar algunas bocas de la policía y testigos civiles y dejen todo como está. —Si jefe. Las gemelas se dirigen a la salida y su padre las sigue mientras se acomoda la chaqueta. — Hay mucho más en juego de lo que imaginan. Estos tipos estaban haciendo un desorden y buscando pleitos, son parte de los luchadores del perdedor de anoche. Marianela siente un escalofrío recorrer su espalda. Sabía que, aunque habían ganado la pelea de la noche anterior, el verdadero desafío apenas comenzaba. Ese tipo había perdido bastante. La gente que pierde no quiere perder y solo busca excusas para iniciar una pelea o problema para recuperar lo perdido. Mientras las luces del restaurante prenden y apagan y el eco de los gritos aún resuenan en sus oídos, Marianela y Miranda comprendieron que su vida nunca volvería a ser la misma. Al siguiente día, el aire en el apartamento de Milo Genovese estaba tenso esa mañana. Las gemelas, Marianela y Miranda, se sentaron frente a él en la amplia sala, la luz del sol filtrándose a través de las ventanas mientras desayunan. La atmósfera era diferente; esta vez, Milo no estaba allí para charlar sobre trivialidades y la familia o los recuerdos, sino para establecer el nuevo orden de sus vidas. —Chicas —comienza Milo, con su tono serio—. Ahora que están aquí, es momento de que comprendan las reglas. Esto no es un maldito juego, y su seguridad es lo primero. Ambas asintieron, sabiendo que lo que estaban a punto de escuchar cambiaría el rumbo de sus vidas para siempre. Las gemelas habían pasado por mucho juntas, pero esta nueva etapa sería diferente y más peligrosa. —He decidido que cada una de ustedes tendrá un rol específico en mi organización, entiendan que no pueden permanecer juntas, serían un blanco fácil si se filtra la información de que son mis hijas—dice Milo, cruzando los brazos sobre su pecho—. Marianela, tú serás la líder de nuestras operaciones en el lado norte. Necesitamos a alguien en esa area que pueda manejar las cosas con astucia y determinación. Estarás bajo dos de mis hombres hasta que cumplas la mayoría de edad. Marianela sintió un nudo en el estómago. Era un papel que nunca había imaginado asumir, pero, por alguna razón, la idea le excitaba. Sabía que esto era lo que habían estado entrenando para hacer, y que ahora tendría la oportunidad de demostrar su valía. No como en México que su tío siempre buscaba una excusa para dejarlas en casa la mayor parte del tiempo. —Y tú, Miranda...—continua Milo, dirigiendo su mirada a su otra hija—. Tú serás la encargada de los eventos de caridad. Organizarás eventos que no solo nos ayudarán a construir una buena imagen en la comunidad, sino que también servirán como tapadera para nuestras actividades ilegales. Necesitamos que la gente crea que somos buenos, así que deberás hacer que esos eventos sean impecables. Al igual que tu hermana estarás por debajo de sólo dos de mis hombres de confianza. Miranda se quedó en silencio, asimilando la responsabilidad que se le estaba asignando. No era lo que había imaginado, pero sabía que su habilidad para gestionar detalles sería invaluable. —Quiero que ambas trabajen juntas en esto —dijo Milo, con su voz firme—. Pero también quiero que sean conscientes de lo peligroso que es. Si alguna vez sienten que están en riesgo, deben comunicarlo de inmediato. Nadie puede saber que son mis hijas. Las gemelas intercambiaron miradas. Entendían la seriedad de la situación, y a pesar de la emoción que sentían por los nuevos roles, sabían que también significaban más riesgos. —¿Y cómo nos presentaremos en público? —pregunta Marianela, aún sintiendo la adrenalina recorrer su cuerpo. —Eso es crucial —responde Milo—. Ambas serán "Marianela". Miranda, permanecerás en las sombras para evitar cualquier exposición. De esta manera, podemos mantener a ambas a salvo mientras ejecutan sus roles. —¿Quieres decir que Miranda y yo haremos creer que somos una? ¿Que ambas nos llamamos Marianela y por eso no quieres que salgamos juntas para que no noten que somos dos y no una?—pregunta Marianela. —Exacto cariño. Marianela sintió una mezcla de orgullo y preocupación. Era un reconocimiento de su capacidad, pero también significaba que debía llevar una carga pesada. El nombre de su hermana estará en las sombras. —Yo estoy bien con eso—añade Miranda imaginándose lo que piensa su hermana. —Entendido, papá —responde Marianela, tratando de proyectar confianza. —Bien. Miranda, la primera reunión para el evento de caridad es la próxima semana. Quiero que te asegures de que todo esté preparado. Y Marianela, comenzarás a trabajar en unos dias en el negocio de cobrar deudas con algunos de mis hombres. Te darán la información que necesitas. Miranda asintió, aunque una sombra de incertidumbre pasó por su rostro. —¿Y si algo sale mal? —pregunta, preocupada. Milo se acerca a ellas, con su mirada penetrante. —Siempre hay riesgos, pero también hay recompensas. La clave es ser inteligentes y nunca bajar la guardia. Estoy aquí para protegerlas, pero deben estar listas para enfrentar cualquier cosa que se les presente. Ambas chicas asintieron, sintiendo el peso de la responsabilidad. Sabían que el mundo en el que estaban entrando era oscuro, lleno de traiciones y peligros, pero también era un mundo que les ofrecía poder y la oportunidad de hacer algo significativo. Días después, Marianela se encontraba en una habitación llena de hombres rudos y tatuados, sedientos de alguna persona que se atreva a no pagar sus cuotas o sus deudas. Había aceptado el desafío de liderar el cobro de deudas y, aunque era una posición arriesgada, sabía que tenía que demostrar su valía. El líder del grupo que la había recibido, Rocco, un hombre de grandes músculos y un carácter intimidante, la miraba con una mezcla de respeto y desconfianza. Él fue de los primeros en sorprenderse de la existencia de las gemelas. —Por fin llegas, tu padre dijo que estarás bajo mi cuidado mientras aprendes el negocio —dice Rocco, cruzando los brazos—. No sé qué esperar de ti, pero el negocio aquí es serio. El jefe que está por encima de tu padre es el centro de todo y no se puede hacer nada sin consultarle. —Hola, gracias por la información —responde Marianela, sintiendo que cada palabra era un desafío. —No estoy aquí para jugar. Rocco sonríe, lo que no hizo que Marianela se sintiera más cómoda. Era un gesto que podía ser interpretado de muchas maneras. —Veremos si lo demuestras. Necesitamos manejar una entrega importante esta semana, y quiero que estés involucrada. Si la cagas, todos lo pagarán. Además hay unos hijos de su putísima concha que se pasaron con algunos días incluso semanas. Debemos presionar pero no mucho. Y el truco está en que sigan debiendo, para sacar más plata y así tener la excusa de subir intereses. Marianela sintió la presión, pero sabía que no podía mostrar debilidad. Su vida, y la de su hermana, dependían de su éxito. ¿Podrá ella acostumbrarse a ese estilo de vida sin ser corrida?
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