Pov Alex
Sus ojos verdes esmeralda me veían fijamente con el temor irradiando de ellos.
Era una joven como de unos quince o dieciséis años tal vez. Tenía una larga cabellera negra azabache, piel pálida, pero no era un vampiro ya que puedo escuchar los latidos de su corazón. Tiene un cuerpo delgado pero con curvas, la chica era algo bajita.
Al verla me recordó mucho a Nati, no sé porque si sus rasgos son opuestos a los de mi pequeña.
—Hola, ¿cómo te llamas? —pregunto con voz calmada tratando de sonar gentil mientras me acerco lentamente para no asustarla.
Sé que no estoy en los terrenos de mi manada y que me expongo demasiado al venir aquí solo, pero la verdad no me importa, prefiero morir para por lo menos así poder estar a lado de Nati.
—B-Brenda... —contesta tímidamente la joven.
—Yo soy Alex —le sonrío, veo como se sonroja y baja la mirada —¿qué haces aquí?, es muy peligroso que andes tu sola por el bosque y más por estos rumbos.
—M-Mis... padres.... —pronunció en un hilo de voz —l-los demonios... mataron a mis padres y a mi manada. Yo soy la única viva —al viajar mi mirada por su cuerpo me doy cuenta que trae algunas manchas de sangre en su ropa.
Sin poderlo evitar recuerdo el día en el que encontré a Nati que al igual que ella mataron a sus padres y manada. Trato de aguantar las ganas de llorar por los recuerdos que llegan de golpe.
—S-Si quieres... puedes venir conmigo —instantáneamente su mirada se clava en mi —soy Alpha, te puedo recibir en mi manada.
Por unos minutos ella no dice nada solo me mira fijamente con sus verdes ojos que debo decir son muy lindos.
—¿Qué dices? ¿te gustaría venir conmigo?, estoy seguro que todos te recibirán muy bien —trato de animarla para que acepte.
La veo asentir lentamente con sus mejillas rojas haciéndola lucir tierna causando que sonría.
—Entones vamos, es muy peligroso andar por aquí —extiendo mi mano hacia ella la cual dudosa acepta.
Camino de regreso a la manada con ella tomada de la mano, verla me hace recordar inevitablemente a Nati, mi pequeña. Estoy tratando con todas mis fuerzas de retener las lágrimas pero siento que ya no puedo y sin mas, las lágrimas caen libremente por mis mejillas.
—¿Estás bien? —escucho su voz, pero solo asiento limpiando bruscamente las lágrimas con el dorso de mi mano.
—Sí, mejor sigamos que hay que llegar antes de que anochezca —ella asiente y seguimos caminando.
Minutos después llegamos a la manada, mientras me dirijo hacia la mansión noto las miradas de todos en nosotros, en especial en nuestras manos y no tardo en escuchar los murmullos que decían "¿ella quien es?" "que bonita" o también "¿será ella la luna?". Ja, si supieran que la luna siempre estuvo con nosotros y que era una niña.
Al entrar a la mansión escucho voces provenientes de la sala, me dirijo hacia allí encontrándome a mis hermanos hablando y riendo muy animadamente, pero al notar mi presencia y la de la joven a mi lado sus sonrisas se borran de golpe.
—Aprovechando que están aquí quiero presentarles a Brenda —ellos me miran confundidos, pero se ponen de pie poniéndose frente a nosotros con sus miradas en nuestras manos.
—H-Hola... —saluda ella tímidamente con sus mejillas rojas y cabizbaja.
—Brenda, ellos son mis hermanos Jessica y Elías, ambos son mates —los presento ignorando sus miradas acusadoras en mi.
Ambos la saludan amable y luego de eso les comunico que ella se quedara con nosotros en la mansión, pero solo eso les digo para acto seguido subir a la segunda planta hacia la que será su habitación de ahora en adelante.
—Esta será tu habitación de ahora en adelante —le digo abriendo la puerta y dejándola pasar a ella primero.
Al entrar examina la habitación detenidamente, tímida se gira hacia mi y cabizbaja dice.
—Gracias —sonrío ante su timidez y lo tierna que se ve.
—No hay de que, pronto te adaptaras a vivir aquí, si necesitas algo no dudes en informarme —ella asiente sin levantar la mirada.
Al instalarla bajo y ordeno que le compren todo lo necesario y arreglen su habitación a lo que ella desee.
Cuando me dirijo a mi habitación paso frente a la puerta de la habitación de Nati, me quedo unos segundos parado para luego abrir la puerta, las luces están apagadas y todo esta tal como ella lo dejó. Enciendo las luces, me acerco a la mesa de noche donde se encuentran algunas fotografías de ella.
—Hoy hace cuatro años que te fuiste de mi lado —siento como un nudo se forma en mi garganta.
Tomo su fotografía pegandola contra mi pecho sentándome en el piso al pie de la cama.
—Te extraño tanto —pronuncio suave en un hilo de voz.
Abrazo su fotografía dejando que las lágrimas caigan por mis mejillas sin control y me quedo ahí donde aún permanece su aroma recordando los bellos momentos que pasamos juntos.
Mas tarde....
Me encontraba en mi despacho revisando unos papeles muy concentrado sobre la manada cuando de repente tocan la puerta para después abrirse sin esperar a mi autorización. Levanto la mirada encontrándome con Elías que me mira con su rostro serio, se para frente a mi sin decir nada manteniendo su semblante serio.
—¿Qué se te ofrece hermano? —decido preguntar al ver que no tiene intenciones de hablar.
—Es bonita ¿no? —suelta sin mas, luego de unos minutos de silencio, sin dejar de mirarme.
—No entiendo de que hablas —lo miro confundido sin entender a lo que se refiere.
—No te hagas el desentendido conmigo, hablo de la chica que trajiste —ahora comprendo y creo saber a donde quiere llegar.
—Sí, es bonita y tiene unos preciosos ojos verdes —veo como arruga la nariz en señal de molestia.
—¿Y todavía te atreves a decir eso? —me fulmina con la mirada sin dejar su semblante serio.
—No le veo lo malo —me encojo de hombros restándole importancia—, solo respondí a tu pregunta. Está más que claro que es bonita, muy bonita, solo soy sincero —Elías frunce el ceño, se acerca más al escritorio.
—¡¿A caso ya olvidaste a Natasha?! —me grita.
Ahora soy yo el que frunce el ceño, doy un fuerte golpe al escritorio molesto poniéndome de pie.
—Ten cuidado con lo que dices, Elías —amenazo entre dientes, pero a él le vale una m****a mis palabras.
—Solo digo la verdad, parce que tu amor por Natasha no era lo que decías. Tan solo mira, ya has traído a otra chica a la mansión y la has paseado por toda la manada tomados de la mano para que todos los vean sin importar lo que la gente comente —apreto mis puños con fuerza tratando de contenerme, pero el idiota sigue hablando —acéptalo Alex, ya olvidaste a Natasha.
—¡Cállate idiota, tú no sabes nada así que mejor cuida tus malditas palabras si no quieres que te rompa la puta cara! —lo señalo con el dedo amenazante.
—¡No me callo hasta que me digas porque la has traído y me digas como es posible que hayas olvidado a Natasha, al gran amor que decías tenerle! —me grita y es ahí donde pierdo el control.
—¡No la he olvidado, cada maldita noche sueño con el día en el que la perdí!. ¡Tan sólo cerrar los ojos veo su rostro y escucho su voz llamándome a gritos para que la salve y me culpo todos los malditos días por no haberla podido proteger! —grito con las lágrimas cayendo por mis mejillas—. Lo peor de todo es que le dije que todo estaría bien, le aseguré que no le pasaría nada y que la protegería —se me quiebra la voz en la ultima frase, bajo la mirada y doy un golpe al escritorio sintiendo un nudo en la garganta —la extraño, la extraño tanto y me culpo por no haberla podido proteger —finalizo casi que susurrando.
Aun la tenía muy presente, no podía hablar de ella sin llorar ni sentir un nudo en la garganta.
Elías guardó silencio unos minutos con su fija mirada en mi mientras yo me derrumbaba y dejaba salir todo lo que sentía.
—Siento que no puedo seguir sin ella, la necesito a mi lado, necesito escuchar su voz diciéndome cuanto me ama, desearía volver al pasado y cambiarlo —lloro, desahogandome mientras los recuerdos llegan a mi mente como flashbacks. Todos los momentos a su lado y el día que se alejó de mi lado para siempre.
¿Por qué tuvo que pasar esta m****a?.
—N-No... sabía que la llevaras tan presente —pronuncia luego de varios minutos de silencio—. Lo siento por lo que dije, pero Alex no puedes culparte por lo que pasó ese día, no fue tu culpa ya no había nada que hacer. Si la diosa Luna así lo quiso solo debes respetar su decisión y resignarte a que ya no está. Ella no querría verte en este estado —se que él tiene razón, pero no puedo dejar de culparme por lo que pasó.
Sé que a Nati no le gustaría verme así de mal, pero es que no puedo resignarme a que no está y no volverá a mi lado nunca más.
Simplemente no puedo...
—Lo sé Elías, creeme que lo sé. Pero no puedo dejar de culparme, si tan solo hubiera llegado más antes o si tan solo hubiera matado a esos bastardos ella estaría conmigo en estos momentos —me siento en la silla sujetando mi cabeza entre mis manos sintiendo mi pecho doler.
¿Si ella no está a mi lado como voy a vivir?.
Si estos cuatro años han sido duros... ¿que me espera más adelante?.