— Soy una reina blanca horrible porque…— la mano del joven se deslizó por la parte más baja del abdomen de Russell hasta colarse en el interior de su pantalón, acariciando su dureza lentamente y luego cerrar delicadamente los dedos sobre su m*****o, empezando a masturbarlo con descaro.
— Una reina blanca que solo desea las caricias de ese rey al que debe darle Jaque —murmuró contra su boca antes de besarlo mientras deslizaba los dedos por toda la envergadura de su m*****o.
— Entonces no eres una reina blanca, en el fondo eres una reina negra, mi reina negra, pero, todavía no lo sabes- Yo te haré despertar
Llevó las manos por el cuerpo del joven, había memorizado cada centímetro de su cuerpo en el pasado, lo había explorado en su totalidad, pero jamás lo había explotado del todo, jamás había hecho uso de todos los recursos de los que ahora deseaba apropiarse, era suyo, y se entregaría voluntariamente a él tal y como había deseado.
— El otro día en las duchas... No sé cuántas pajas me he hecho desde entonces, solo por sentirte ahí, duro contra mi culo, mojado a punto de…—Mordió su mentón y bajó por su cuello arañándolo levemente con los dientes
— Siento haber intentado hacerte... Ya sabes, obligarte...
— Y como sabes que rompí mi promesa, tal vez solo esperaba el momento oportuno para que la crisálida que te rodeaba se rompiera y te dejará emerger, para no forzarla a salir antes de tiempo…
Russell gruño cuando lo sintió, recorrer su mentón con sus dientes y labios y gruñó de nuevo.
Dejando que la manzana de Adán en su tráquea vibrara moviéndose de arriba y abajo, invitando al joven a morderla, a jugar con ella mientras llevaba su mano derecha al interior de su bóxer en medio de sus nalgas abriéndose camino entre ellas hasta llegar a su destino.
— Pero Rothbart jamás habría dejado libre a Odette por propia voluntad, él la habría retenido a su lado porque la consideraba suya.—Jadeó contra su cuello incapaz de aguantar el impulso de morder dejándole una marca de propiedad, era suyo, no pensaba dejar que nadie se le acercara en la cárcel, era algo que tenía claro desde el instante en el que entraron en esa sala y vio todo lo que había hecho por él, porque Russell sabía lo que aquello significaba para Vladímir, eso no se hacía por simple dominio, eso era algo que hacías para alguien que te importaba y él lo había conocido justo en el instante en que se quebró por perder su preciada sala de baile — Soy una reina que solo ansía proteger a su rey…
— ¿Quién dice que yo te deje libre? —Por supuesto que no lo había dejado libre, tal vez lo parecía porque lo había privado de su presencia, más no de su rigurosa vigilancia, porque sabía todo lo que había hecho en aquellos cuatro años que se le habían parecido eternos. Los dedos de su mano derecha seguían estimulándolo, permitiéndole que lo besara, hasta le dejó marcarlo y lo disfrutó, algo que jamás permitía en ninguno de sus amantes o parejas, pero si a él, a su futura reina negra, el único digno de poner señal alguna de pertenencia en su piel.
— Ethan…
Gimió con fuerza contra su boca en el instante en que sintió esos dedos, empujándose en su interior, haciendo que deseara mucho más de él, provocándolo para que él mismo se moviera contra ellos en busca de su propio placer, empalándose lentamente, clavando su mirada en la de él y diciéndole sin hablar cuanto lo necesitaba dentro
— Ethan —volvió a gemir llevando la mano libre a su nuca para mantenerlo así, contra su boca mirándolo tal y como él lo hacía. Mientras se movía en busca de más sin dejar de masturbarlo al deslizar los dedos por esa polla que necesitaba dentro, observándolo sin sacarle la vista de encima ni un instante, pero sobre todo celoso de que él pudiera prestarle atención a algo más.
— Vladímir …—Estaba al límite, él tampoco podía esperar más para tomarlo, para sentirlo suyo, como debió haber sido mucho tiempo atrás. Lo acomodó sobre el piano, al diablo con este, lo único que lo detenía era que deseaba que fuera especial, algo que el chico pudiera recordar siempre.
¿Desde cuándo Russell quería hacer del sexo algo especial para alguien?
Sin duda para nadie, pero Vladímir no era nadie, era alguien importante para él, su futura reina, que lo había obsesionado demasiado tiempo como para conservar la cordura
— Te amo—se le escaparon esas palabras de sus labios, sin que pudiera evitarlo, mientras lo observaba a los ojos, antes de besarlo, sin dejar que procesara lo que acaba de decirle, mientras sus dedos seguían entrando en él estimulándolo alcanzando en su interior su próstata.
Algo en su pecho se terminó de quebrar, tal vez la coraza que había construido alrededor de los trozos en los que ese mismo hombre había dejado roto su corazón, dejándolo completamente expuesto de nuevo a él para que pudiera volver a colarse hasta lo más hondo de su ser y romperlo de nuevo aprovechando cada maldita brecha.
— Cállate ... Por favor no me mientas, cállate, no es necesario...
Se arqueó sobre el piano, sintiéndose más libre, aunque anhelando tenerlo tan cerca como antes, el contacto de sus cuerpos, el aroma de su piel, aunque, por otro lado, ahora podía observar esa lava azul observándolo con la intención de consumirlo.
— Solo Follame, te quiero dentro — exigió empujándose contra los dedos que todavía lo penetraban, necesitando sentir como se hundía en su cuerpo, por fin, después de 3 largos años, él y Russell serían uno.
Era comprensible que Vladímir no deseara escuchar sobre amor, que no deseara escucharlo a él, en el pasado lo había dejado de la peor forma, aun así, él lo amaba, amaba a ese joven, pero tendría tiempo para demostrarlo. No solo quería follarlo, quería hacerle el amor.
— Haré eso y más—Murmuró contra su boca, acomodándose mejor entre sus piernas, llevando su erección al lugar donde sus dedos habían estado anteriormente.
La mirada de Russell seguía fija en la de Vladímir. Pararía solo si veía una duda en el rostro del joven ruso, más lo que vio fue resolución, si tenía alguna posibilidad de parar Vladímir no se lo permitió.
El americano no pudo más y se empujó contra a él, cerrando los ojos ante la calidez que envolvió su m*****o, antes de buscar como
un sediento los labios del joven.