💜 3 💜

1069 Words
—No somos un equipo. —es lo primero que le aclaro. Él me sigue observando como si mi cara estuviera llena de cosas interesantes. —Ok. —acepta, no me está escuchando. —No debí haber venido. —mascullo levándome de la silla, engancho el bolso en mi hombro, empiezo a caminar ágilmente a la salida. Aristótela me llama, la ignoro. Cruzo las puertas. —A donde te vea te mato. —bisbiseo, muy enojada con mi hermana. ¿En qué pensaba? Avanzo por el pasillo llevándome por los hombros a todo el que me tope, a fin de cuentas “atravesados". Y quien más que yo para quitar gente del camino. Me gustaría contarles que voy rumbo a la salida del hospital. Me gustaría, sin embargo, mis pies me guían hacía sala de urgencias, mi hermana está de turno ahí, y me va a escuchar, así como me llamo Violeta. Pero si te llamas Ariana. Por eso, no me va a escuchar, solo derrocharé saliva y furia. —Oye. —su voz aparece a mis espaldas. Defeco en mi miserable vida. Me ha seguido. Joder. Nick me ha seguido. Finge que no es contigo, sigue camino, así es, no es conmigo, a qué chica le estará hablando ese imbécil. Pobre chica. Apresuro mis pasos y antes de entrar al elevador se atraviesa, por supuesto que chocamos, por Dios, iba más rápido que ladrón pillado en infraganti. —Permiso. —pido a la buena con ganas de sacar mi lado malo. —¿Puedes oírme un momento? No, tengo una hermana a la que insultar, atravesado imbécil. —Soy sorda. —me cuelo al otro elevador, y como soy un imán de imbéciles, él también se cuela. —No, no lo eres —desmiente con semblante aburrido—. Solo quiero socializar contigo. Dios, qué te hice. Debió ser atroz. Y no, posiblemente Nick no me cae mal, pero estoy cabreada, indignada y no me siento tan agradable ahora. —Soy asocial. —miento. —No, no lo eres. —¿Qué es lo que quieres? —inquiero secamente mirándolo a los ojos. ¿Qué… qué clase de color tienen sus iris? Ámbar. Que color de ojos tan patético. —Saber si todo lo que sé de ti es real, Ariana. ¿Me conoce? No. —No me conoces. —murmullo, sangrona. —¿A dónde vas con tanta prisa? —No me gustan los amigos metidos, Nick. Me dedica una sonrisa… linda. No, no es tan linda. —¿Ya soy tu amigo? Giro los ojos. —Cierto que no —engrandezco su sonrisa, ¡No! No puedo permitir eso—. Jamás sería amiga tuya. —Tampoco quiero que lo seas. Eso me sonó a indirecta muy directa. Que franqueza. Que no te afecte, eres intocable, Ariana, eres mediocre, que un tipejo como este no nos arruine el flow. Presiono el botón que indica la última planta, debido a que estamos en el quito piso el ascensor tarde en descender. El tiempo y aire dentro de esta máquina se me vuelven escasos. Juro traspirar tres veces más ahora mismo. Pero ¿Por qué? Estoy nerviosa y no sé la razón. Quizá sea la mirada penetrante de Nick, tiene rato en eso de escanear mi rostro. Que le baje. Inhalo profundo. Me giro y pasa. Sus ojos en verdad son únicos. Son particulares. Sube una de sus cejas. —¿Qué miras tanto? —le pregunto— ¿soy, me parezco o se te perdió una igual? —Eres odiosa. Encojo hombros, indiferente. —Y tú un tonto. —Y tú toda una cascarrabias. Listo, a ponerlo comer tierra. —¿A quién llamas cascarrabias, fastidioso? —le empujo cabreada. Me gustaría poderle borrar esa sonrisa más que patética encantadora que esboza. —A nadie —se acerca—… a nadie que no se lo merezca. Me alejo ignorándolo. —Eres insoportable. —Cascarrabias. —¡Nick! —Y tienes muy poca resistencia. —¡Suficiente! —bramé—. No me conoces. —Tienes veinte años, tendrás veintiuno en unos meses, el 12 de septiembre, te gusta la música, no te has inscrito a una universidad porque no sabes que hacer con tu vida, sabes tocar la guitarra eléctrica, odias San Valentín, nunca has tenido una relación seria, tu color favorito es el n***o, y eres alérgica a los gatos. Parpadeo sin creerle. Acertó en todo lo que dijo, ni mi papá me conoce tanto. ¿Quién era este tipo y qué quería de mí? Me quedo muda, no tengo voz para nada. Ni siquiera para insultar. Me sonríe. —Ah, y que te pongo nerviosa. Que engreído. Se cree el oasis del desierto cuando ni llega a ser charco de agua sucia. Niego y restriego mi cara, lo miro y sigue ahí. En serio está pasando. En serio sabe todo lo que dijo saber. Solo hay una explicación para esto. —¿Acaso eres un hacker? —niega sonriendo— ¿Un espía? ¡No! Eres un estafador. Frunce su ceño. —Ninguna de las anteriores —ahora yo frunzo el ceño—. Solo leí tu presentación de f*******:. Sí, era cierto, esa era mi presentación de f*******:, pero no me convence. Hay un detalle. Me acerco y lo entrecierro en mi vista. —¿Cómo supiste mi nombre? Yo nunca te lo dije. Y dudo que f*******: funcione con reconocimiento facial. Suelta un largo suspiro, sus hombros bajan. —Está bien, me has pillado, soy un espía secreto que trabaja para Abraham Lincoln. ¿Cómo puede permitírsele tanta estupidez en un solo ser? —¿Sabes qué hay cerca de la avenida Hedwig Village? Niega confundido. —Un circo, te solicitan por allá —ironizo entre dientes—. Payaso, ese presidente murió hace siglos. —Solo te vi cara de que te llamabas Ariana. Pego una risotada. —Claro, si a esas vamos tú te llamarías estúpido. La condescendencia jamás ha sido mi mayor cualidad. Mi celular suena y respondo sin saber de quién es la llamada. Cuanto me arrepiento de ello. Era Kenia. —¡Perra, el mundo te dice holaaaaaa! —gritó destruyéndome los tímpanos. Sobo mi oreja y vuelvo a la llamada. —Mojigata, ya bájale, hablo en serio. —Ya, ¿Qué ha pasado? —Estoy en el hospital. —¡¿QUÉ?! —y adiós tímpanos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD