El juego de copas se sale de control

1866 Words
Emma suspiró cuando su prima Sofía le sugirió, con esa sonrisa astuta y persuasiva que tan bien manejaba, que fueran al bar de la esquina. No era muy tarde, y aunque la idea de salir a tomar algo después de la agotadora cena familiar no le sonaba tan atractiva, terminó aceptando. Al fin y al cabo, su prima no le daba tregua, insistiendo en que necesitaban “distraerse y hacer algo divertido”. El bar estaba lleno de luces cálidas y decoraciones navideñas que colgaban por todas partes. Se respiraba un ambiente festivo, y Emma se relajó un poco al ver que la atmósfera era bastante animada. Sofía, en cambio, parecía demasiado interesada en algo más que la decoración navideña. —Anda, Emmita, ¡una ronda de mojitos para celebrar la soltería! —dijo Sofía, guiñándole un ojo mientras alzaba la primera copa. Emma alzó una ceja, notando algo extraño en el entusiasmo de su prima. Nunca habían sido especialmente cercanas, pero Sofía había insistido tanto en salir que no había tenido el corazón de decirle que no. —Tú siempre tienes algo entre manos cuando te pones en modo prima cariñosa —le dijo Emma, medio en broma, medio en serio, tomando un sorbo de su copa. Sofía le dedicó una sonrisa inocente, como si su intención no fuera otra que pasar un buen rato. Sin embargo, Emma no se dejaba engañar fácilmente. —Ay, Emma, no seas tan desconfiada. Solo quiero que te diviertas un poco, nada más —replicó Sofía, dándole una palmadita en el hombro—. Después de todo, la vida es muy corta, ¿no? Emma se encogió de hombros, aceptando el argumento de su prima, aunque aún le quedaba esa sospecha en la cabeza. El bar se fue llenando, y las luces parpadeantes y la música alegre hacían que el ambiente se tornara cada vez más festivo. De algún modo, eso le pareció relajante, y empezó a disfrutar de la compañía y la música, dejando de lado las preocupaciones por un rato. Sin embargo, luego de varios tragos, empezó a notar que Sofía la miraba con una sonrisa más traviesa que antes. —¿Qué pasa, Sofía? ¿Te pasa algo? —preguntó Emma, divertida por la expresión de su prima. Sofía rió y le puso la mano en el hombro, con un brillo pícaro en los ojos. —Nada, nada, solo que creo que es hora de que te abras a nuevas experiencias —dijo, alzando la voz para hacerse escuchar por encima de la música—. Emma, mírate… estás demasiado sobria todavía. Emma soltó una carcajada y negó con la cabeza, aunque no podía negar que ya sentía los efectos de las copas. Sofía sonreía de forma enigmática, y Emma decidió ignorarlo. Pero justo en ese momento, alguien tropezó con ella, casi tirando su bebida. Cuando Emma miró hacia arriba, no pudo creer a quién vio. Era él. De nuevo el mismo hombre, con la misma mirada desafiante y esa sonrisa arrogante que tanto la exasperaba. —¿Otra vez tú? —preguntó Emma, atónita y sin saber si reír o protestar. Él la miró, igual de sorprendido, aunque pronto esbozó esa sonrisa burlona que parecía su marca personal. —Tienes razón… parece que nos encontramos más de lo que me gustaría —dijo él, cruzándose de brazos. Emma lo miró con una mezcla de sorpresa y desagrado. La situación le parecía tan surrealista como irritante. Justo cuando pensaba que por fin estaba olvidando el drama de los últimos días, él aparecía de nuevo. —Sofía, este es… el hombre de la tienda —dijo Emma, aún tratando de asimilar el momento. Sofía apenas pudo disimular su emoción, lanzando una mirada de complicidad entre ambos, como si acabara de encontrar el ingrediente perfecto para su plan. —Vaya, Emma, parece que alguien en el universo quiere que se conozcan mejor —dijo Sofía, guiñándole un ojo, claramente entretenida por la situación—. ¿Quién diría que volverías a encontrarte con tu… “amigo”? —No es mi amigo —corrigió Emma, poniendo los ojos en blanco. Él soltó una carcajada que sonó demasiado encantada, y se inclinó un poco hacia Emma, como si fuera a decirle algo en secreto. —Entonces, ¿cuál es nuestra historia, “nada amistosa”? Mucho gusto chicas, mi nombre es Timoty —dijo con tono burlón. Emma no supo qué responder, y Sofía aprovechó la oportunidad para presentarse y pedir otra ronda de tragos, visiblemente satisfecha de que su “plan” estuviera funcionando. Emma no podía creer que estuviera atrapada en esa situación, pero una parte de ella estaba dispuesta a seguir el juego, solo por ver hasta dónde llegaría. Emma no sabía exactamente en qué momento la noche había comenzado a dar vueltas a su alrededor. Todo se sentía borroso y confuso, y la risa de Sofía parecía resonar en sus oídos, como si estuviera disfrutando de cada segundo de su embriaguez. Hacía años que no se sentía así; quizás desde sus veintitantos no había dejado que el alcohol la envolviera de esa manera. Pero ahí estaba, perdida entre risas, luces navideñas, y los insistentes intentos de Sofía de empujarla hacia… ese tipo. —Emma, te ves espectacular cuando dejas de ser tan controlada —dijo Sofía, riendo mientras servía otro trago. Emma entrecerró los ojos, mirando a su prima, aunque su visión comenzaba a desdibujarse. Sabía que Sofía tenía algo en mente; lo sentía en la forma en que sonreía, en el brillo sospechoso de sus ojos. —¿Controlada yo? —preguntó Emma, tambaleándose un poco mientras hablaba—. Qué… qué ideas tienes tú… yo soy una mujer totalmente… independiente. No me importa… lo que piensen los demás. Sofía solo sonrió con complicidad y, sin decir nada, dirigió su mirada hacia Timoty, quien observaba toda la escena con una mezcla de curiosidad y diversión. Él parecía estar entre divertido e incómodo, como si no supiera exactamente qué hacer con esa versión de Emma. Sofía aprovechó la oportunidad y se acercó a él. —Timoty, ¿por qué no acompañas a Emma a tomar un poco de aire? —dijo, dándole una palmadita en el brazo—. Le vendría bien un poco de compañía… y creo que tú podrías ayudar. Timoty arqueó una ceja, mirándola como si no estuviera del todo convencido, pero accedió. Se acercó a Emma, quien lo miró con una expresión confusa, tambaleándose un poco. —¿Vas a… vas a escoltarme como si fuera una damisela en apuros? —dijo Emma con una sonrisa ladeada y burlona. —No precisamente. Pero si sigues en este estado, podrías terminar de verdad en apuros —respondió Timoty, con una sonrisa a medias—. Vamos, necesito un respiro tanto como tú. Antes de que Emma pudiera protestar, él la tomó suavemente del brazo y la guió hacia la salida. Sofía los observaba desde la distancia, con una sonrisa satisfecha en el rostro, como si todo estuviera yendo exactamente como había planeado. Al llegar a la calle, el aire fresco le golpeó el rostro, y Emma inhaló profundamente, sintiendo cómo la noche parecía traer un poco de claridad a su mente. —¿Por qué me trajiste aquí afuera? —preguntó Emma, tambaleándose mientras trataba de enfocar su mirada en Timoty—. Yo estaba… pasándola bien ahí adentro. —Estabas pasándola demasiado bien —contestó Timoty con una sonrisa sarcástica—. Te recuerdo que casi caes sobre la mesa de la esquina y le tiraste una bebida a un pobre hombre. Emma soltó una carcajada despreocupada. —Bah, ese hombre ni se dio cuenta. Además, soy una dama. No necesito que nadie me vigile —replicó, empujándolo juguetonamente en el hombro, aunque casi pierde el equilibrio. Timoty la observó, claramente divertido, mientras Emma trataba de mantener la compostura. —¿Así que eres una dama independiente y fuerte, eh? —preguntó él, con un tono sarcástico—. No parece que estés en tu mejor momento ahora. Emma resopló, cruzando los brazos con una expresión ofendida. —Tú… tú ni siquiera me conoces —dijo, señalándolo con el dedo tambaleante—. No tienes idea de quién soy. ¿Te crees muy listo por aparecer aquí de la nada y… y decirme lo que debo o no hacer? Timoty sonrió, cruzando sus propios brazos en un gesto de desafío. —No, claro que no. Solo digo que… esta versión de ti es bastante interesante. Y también bastante torpe. Emma sintió que la frustración le subía como un fuego ardiente. Sabía que estaba fuera de sí, que el alcohol estaba hablando por ella, pero no podía evitar sentirse provocada por ese hombre. —Pues… ¿sabes qué? —dijo, acercándose a él, señalándolo con el dedo—. No necesito tus “observaciones”. No necesito nada de ti. ¡Ni de nadie! Timoty la miró fijamente, y sus ojos parecían brillar bajo las luces del alumbrado público. Había algo en su expresión, una mezcla de diversión y curiosidad, que desconcertaba a Emma. —Entonces, ¿qué haces aquí afuera conmigo en lugar de estar adentro disfrutando con tu prima? —preguntó él, con voz suave pero burlona. Emma abrió la boca para responder, pero se dio cuenta de que no tenía una buena respuesta. Su mente estaba nublada y las palabras simplemente no fluían. Finalmente, solo logró balbucear algo incomprensible, y Timoty soltó una carcajada. —Pensé que no tenías miedo de decir lo que piensas —comentó él, divertido. Emma lo fulminó con la mirada y, en un arranque de valentía, se inclinó hacia él, casi acercando su rostro al de él. —¿Quieres saber lo que pienso? —dijo ella, con una sonrisa desafiante—. Pienso que… que eres un arrogante. Y que… ¡nadie me va a hacer cambiar de opinión! Timoty la observó con la misma sonrisa burlona, y Emma sintió una mezcla de frustración e incomodidad. Había algo en él que la sacaba de sus casillas, pero, al mismo tiempo, no podía dejar de mirarlo. —Bien, señorita independencia, si eso es lo que piensas, entonces no tengo nada más que agregar —respondió Timoty con calma—. Solo asegúrate de no caer en algún otro lío por tu cuenta. Emma hizo una mueca y, justo cuando estaba a punto de responderle con algún comentario mordaz, el mareo regresó, y sintió que las luces de la calle comenzaban a dar vueltas. Timoty la sostuvo antes de que pudiera tambalearse. —Creo que será mejor que te lleve a casa —dijo él, y aunque Emma quiso protestar porque solo vivía a una cuadra del bar, no tenía fuerzas para hacerlo. Mientras caminaban hacia un taxi, Emma no dejaba de pensar en cómo había terminado la noche de esa manera. Todo había sido una locura, y estaba segura de que Sofía había planeado algo con ese tipo desde el principio. La última cosa que recordó antes de caer dormida fue el rostro burlón de Timoty mirándola, como si se estuviera divirtiendo de una manera que ella aún no comprendía
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