Un duro castigo

1358 Words
La vida te castiga muy duro contra el pavimento, pero es cierto, a veces tienes que caer para poder levantarte y aprender, si, cuesta, cuesta demasiado, de hecho, habría preferido que esto no me pasara a mí, pero como dice Lolita, mi compañera de celda... ¿Y por qué no a tí? Esa es la cuestión, siempre nos quejamos por todo lo que nos pasa y nos preguntamos ¿Por qué a mí? Pero el tema es ¿Por qué no tendría que pasarte a tí? ¿Que te hace tan especial para que las cosas malas no deban tocarte? ¿Acaso eres mejor que el resto? Si, durante toda mi vida me pensé mejor que los demás, me creí intocable, sin embargo, el día de mi encarcelamiento me di cuenta de que no lo soy, yo no soy mejor que el resto y lo que me pasó a mí, le puede pasar a cualquiera. Hoy puedo decir que aprendí a ser más humilde, perdí mi arrogancia y mi altanería, ya no soy aquella estúpida mocosa que se quejaba por todo, ahora como mi comida en platos que no son lavados, duermo en un colchón en el suelo de una húmeda celda que no sabe lo que es la luz del día, he perdido todo lo que me hacía ser yo, ya no uso mi clásico peinado, es más, me han cortado el cabello una y otra vez con cuchillas, así que ya ni peinarme puedo, me han roto algunas costillas y me han golpeado de tantas maneras que ya no puedo ni levantar la voz por miedo a ser golpeada una vez más, acabaron con la gran Samantha Prescott, pero mi mi espíritu luchador sigue aquí, esperando algún día poder salir, aunque sé que quizá me tomará años lograr volver a ver el sol. Y pensar que todo esto es sólo por un crimen que no cometí, todo por una mala noche en la que se me ocurrió salir a beber, es más, todo esto porque no supe quedarme callada, si no hubiese entrado a ese bar, si no hubiese peleado con el imbécil de Andrew Reedley, si tan sólo no me hubiese encontrado con Jenn, yo… ¡Ah! ¿Qué más puedo lograr pensando en todas esas opciones? ¿Acaso han hecho alguna diferencia en todos estos años? Mi vida ya se terminó y no importa lo que suceda, nunca volveré a ser la mujer que era… Eso jamás. - No, por favor no, no puedo más… ¡Ah! - Intento rogar por mi vida una vez más. Despierto sudada y llorando como cada noche, las lágrimas empapan mis mejillas, el dolor en mi cuerpo, en mis huesos se siente tan real y es que nada va a cambiar, las marcas de mi cuerpo siguen aquí, el dolor es palpable y mi mente sólo me ayuda a evitar los recuerdos cuando estoy despierta, pero cuando duermo es otra historia. La vida se acabó para mí en ese momento. Llevo ya tres años y no puedo aún aclarar qué fue lo que sucedió esa noche, sólo sé que no importa cómo estaba, yo nunca podría haber intentado tan siquiera hacerle daño a alguien más. Pero bueno, la vida te sorprende y te arrebata todo lo que tienes en cuestión de segundos, así mismo yo lo perdí todo en ese momento. Dos años después... Un golpe más, otra cicatriz, después de cinco años en prisión ya nada es igual para mí, dicen que el tiempo todo lo cura, pero aquí el tiempo es relativo y sólo sirve para que las demás puedan seguir causándote daño, eso ha pasado conmigo, perdí la fe, la esperanza y mi amor propio, ya no me queda nada. - Niña Prescott, niña Prescottt, despierte… - La voz de Lolita me saca de una pesadilla, y es que cada noche es la misma historia, vuelvo a soñar con Andrew, con su forma de pelear conmigo para luego ayudarme cuando más lo necesitaba, y después con la ducha sonando en la habitación, es más que claro que no pude haberlo matado o no habría estado duchándose, sin embargo, por más que lo grité en la corte, frente al fiscal, frente a todo el puto mundo, nadie quiso escucharme. Nadie, y todo por temor a Moretti, por miedo a enfadarlo, o bien, por ponerse de su lado y quedar bien ante sus ojos, sin embargo, aunque vi una vez a la sobrina de Moretti, jamás conocí al gestor de todo lo malo que me sucede, ese animal nunca dio la cara. - ¿Qué sucede, Lolita? – Pregunto limpiando mis lágrimas. - La vienen a ver. – Y ahí está, mi primera visita en cinco años, la asistente social me ha venido a ver, ella se sienta en una silla otorgada por unas guardias, me observa y comienza a preguntar de todo, que cómo terminé en el hospital la primera vez, la segunda, la última, me pregunta también porqué tengo tantas cicatrices en las manos y en los brazos, incluso en el rostro, le explico todo con detalle, pero sin botar una sóla lágrima, a estas alturas, esas ya están demás, cuando he terminado de hablar, ella firma un documento y me habla bajito. - Entregaré esto y tú te vas de aquí mañana. - ¿Qué? ¿Qué fue lo que dijo? ¿Me voy? - ¿Me puedo ir? – Digo casi sin voz, y es que la humedad ha hecho estragos en mis cuerdas vocales, y bueno, los golpes también. - Si, mañana te vas de aquí. - Pero... ¿Cómo? Mi condena es por siete años. - No, tu condena era por cinco años, los agravantes nunca fueron demostrados, así que luché para que presentaran los documentos que así lo demostraban. - ¿Usted? - Las lágrimas nublan mis ojos y quiebran mi voz - ¿Por qué lo hizo? ¿No teme a...? - ¿Moretti? Claro, todos le temen, pero si trabajo aquí es porque aún creo que la justicia puede llegar a ser justa. - Gracias... Por Dios, gracias, sé que la vida la va a recompensar por lo que está haciendo por mí, no sabe cuánto... - Si, lo sé, mi padre también fue acusado injustamente, ojalá algún día logre demostrarlo. - Ella mira hacia la nada, sé que así como ella me ayudó, un día yo la podré ayudar. - Lo hará, ya verá que él saldrá. - Lo dudo, pero gracias por tus palabras, ahora vete de aquí y comienza de nuevo, sé que eres inocente, pero no pude hacer más, lo siento. - De no ser por usted, a mí aún me quedarían dos años, y talvez no habría salido jamás de aquí con vida. Gracias, gracias, gracias. - Beso sus manos, algo que jamás pensé que haría en mi vida, pero... - Disculpe… - Digo y ella se vuelve para mirarme - ¿No puede darle la libertad a Lolita en vez de dármela a mí? – Pregunto y Lolita, que está en su cama, me mira sorprendida. - ¿Por qué quieres eso? – Me pregunta con asombro. - No, niña Prescott, a mí no me toca aún. - Lolita se para y me toma de las manos. - Porque Lolita tiene una familia que la necesita, sin embargo, yo no tengo a nadie afuera, no tengo dónde ir, no puede darme la libertad si no la necesito. – La señorita me mira con tristeza en sus ojos y Lolita me abraza. - Mira, a Lolita le quedan dos años aún, y no puedo ayudarla con eso, sin embargo, a ti si, toma esto - Me tiende un papelito y Lolita es quién lo toma en vista de mi renuencia - Este es un refugio para mujeres que se reincertan en la sociedad, puedes ir a ver allí si hay vacantes, en todo caso, toma también esto. Saca una tarjeta de su billetera y me tiende un pequeño sobre. - No, eso ábrelo mañana. - Coloca su mano en la mía mientras intento ver que tiene adentro. Dios... Mañana me voy de aquí.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD