Han pasado dos semanas desde aquella noche en que desperté en un hotel y hoy es el día de mi boda, he intentado no pensar en aquello y centrarme en todos los preparativos de mi matrimonio, para mí es lo mejor.
No es necesario mencionar que hoy es el día más feliz de mi vida, todo lo que quise, lo que soñé, lo que siempre esperé está aquí hoy y no voy a manchar esto por estar pensando estupideces, además... Me siento en las nubes ¡Dios, que felicidad!
Estoy tan contenta por todo, que he llorado al menos cuatro veces sólo hoy. Mis nervios me persiguen, pero la sensación de saberme casada en un par de horas, alejan todo lo que quiera hacerme daño.
- Hija ¿Ya estás lista? Tu novio ya llegó a la iglesia. – Dice mi padre entrando y mirándome sonriente.
- Gracias por todo, papá. – Digo besando su mejilla.
- De nada, todo sea por mi diamante. – Sí, soy una consentida, pero eso tiene una razón y bueno ¿Quién soy yo para juzgar a mis padres?
Entro del brazo de mi padre a la iglesia y puedo ver las caras de todos sonriendo, mi mejor amiga es mi dama de honor, el hermano de Dean, Carter, es su padrino, mis padres y sus padres se ven contentos, es muy lindo saber que todos están felices de ser nuestros aliados en esta hermosa unión.
Cuando llego al altar, miro la expresión de Dean y algo se siente... ¿Extraño? Siempre me imaginé que el día de mi matrimonio vería a Dean llorando de la emoción, pero... No, sólo estoy demasiado nerviosa como para pensar bien.
- Dean Cornwell ¿Aceptas por esposa a Samantha Prescott para amarla, protegerla y serle fiel en la salud, en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte los separe? – Dice el cura y yo me siento en las nubes.
- Si, acepto. – Responde sin dudar mi amorcito.
- Samantha Prescott ¿Aceptas por esposo a Dean Cornwell para amarlo, protegerlo y serle fiel en la salud, en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte los separe?
- Si, acepto. – Digo emocionada por comenzar mi nueva vida de la mano del hombre que amo.
- Por el poder que me confiere Dios y la Iglesia, yo los declaro marido y mujer, que lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre. Dean, puedes besar a la novia. – Él se acerca a mí, me toma de la cintura suavecito y me besa tiernamente.
Caminamos por el pasillo de la iglesia tomados de la mano mientras todos nos sonríen y nos felicitan, las niñas que van tras nosotros nos arrojan pétalos de rosas, todo es tan bello, tan romántico y hermoso que podría morir aquí mismo.
Sí, muy mal comentario.
Cuando llegamos al salón de eventos lujoso y hermosamente decorado en tonos rosa pastel y blanco, todos nos reciben con abrazos y amor, pronto la fiesta comienza, la música suave y melodiosa se escucha en todo el salón, el banquete no tarda en llegar, las velas en las mesas alumbran nuestros corazones, y los tragos son de primera categoría, nuestros padres no escatimaron en gastos, todo es muy bello. No doy más de felicidad.
La fiesta termina y todos comienzan a irse mientras nosotros los despedimos, cuando ya son las seis de la mañana y estamos arreglando nuestras cosas para irnos de luna de miel, alguien toca a la puerta.
Diez minutos después, bajo con mi maleta al salón en dónde me esperan mis padres y Dean, pero la seriedad en sus rostros es palpable, algo muy malo sucedió o ellos no estarían así.
- Sam, no deberías bajar. – Dice Jenn tomando mi brazo rápido y llevándome al otro lado del salón.
- ¿Qué sucede? – Digo y ella me mira sorprendida.
- ¿No lo sabes? – Pregunta ella con un rostro extraño.
- ¿Cómo voy a saber si no me dices? – Mi histeria está subiendo a niveles extremos, me estoy colocando nerviosa y es que me he pasado miles de películas en la mente.
- Te acusan del homicidio de Andrew Reedley. – A ver, debo haber escuchado muy mal, obvio, esto es un sueño, sí, eso debe ser…
- ¿Qué? ¿De qué diablos estás hablando? ¿Homicidio? ¿Cómo? – Pregunto ya molesta con ella por no decir las cosas claras, o por decir cosas que no son así.
- Dicen que tu saliste de la habitación en la que fue encontrado el cuerpo de ese hombre. - ¡¿Qué?!
- No, no puede ser. Yo no he matado a nadie, sabes que odio la sangre, no la derramaría jamás por gusto, mancha la ropa. ¡Por favor, Jenn! Ya basta de bromas… - Digo en un tono altísimo.
- Lo siento amiga, pero es lo que ellos dicen, y además, sabes quién es él ¿Verdad?
- Andrew Reedley es…
- Si, el prometido de Helena Moretti, la sobrina de Franco. Estás perdida. - Pero ¿Cómo pasó esto? Yo no he hecho nada, yo ni siquiera conozco al tipo y jamás he estado con… ¿ÉL?
- No puede ser, yo no he hecho nada de eso ¿Cómo pueden pensar que yo siquiera me acerqué a ese tipo si no lo he visto jamás en mi vida?
Me doy mil vueltas e intento recordar lo que sucedió esa anoche que no le conté a nadie, no pude haber hecho algo así, soy demasiado temerosa de la sangre, jamás he matado ni a un insecto por miedo de ensuciarme ¿Cómo pueden decir que yo hice algo tan escabroso como eso?
- Señorita Prescott, debe venir con nosotros. – Dice un policía, este es claramente el minuto de mi muerte.
- Lo siento, pero si eres culpable, debes pagar por eso, no puedo permitir que mi apellido se vea manchado por tu culpa. – Dice mi padre.
- ¿Papá? ¿Qué estás…?
- No sé cómo pudiste engañarme así, no eres más que una vergüenza para mí y para mi familia, que sepas que voy a anular el matrimonio, no quiero tener algo que ver contigo.
- Dean, nos acabamos de casar… ¿Cómo…? – Me acerco a Dean e intento tomar su mano.
- De la misma forma en la que tú me engañaste y mataste al cuñado de Moretti. – Dean tira mi mano mientras dice sus duras palabras.
- Bien, vamos – Le digo resignada al oficial mientras miro la escena frente a mí, mi padre sostiene a mi madre, ninguno me mira, y Dean está abrazado a Jenn, esto era todo lo que necesitaba saber, bastó sólo una duda para que todas las personas a las que amaba me volvieran la espalda – Lléveme.
Está demás decir que nadie quiso tomar mi caso, me otorgaron un abogado público que no hizo nada por investigar o intentar averiguar lo que realmente pasó, todo eso se debió a que se trataba del prometido de la sobrina de Moretti y ningún abogado en el mundo se habría atrevido a hacer algo por la asesina de un m*****o de esa familia.
Bien, nada más que hacer, alguna vez fui la princesa de los negocios, el diamante de mi familia y, sin embargo, todos se tomaron cinco segundos para olvidarse de mí.
Un mes después de mi encarcelamiento me llegó la solicitud de divorcio, Dean Cornwell pedía su libertad a cambio de… Nada.
Mis padres me retiraron todo su apoyo, me abandonaron y jamás me vinieron a ver, por lo que ya no importa si estoy viva o muerta, eso a nadie le interesa, es más, tiempo después de firmar los papeles de divorcio me enteré de que Dean se comprometió con Jenn, sí, mi mejor amiga y mi esposo se casan pasado mañana y yo estoy aquí.
¡Que lindo saber que del odio nació el amor!
¿O es que yo siempre fui la tercera?