¡Un extraño!

1363 Words
Estoy pegada a la muralla del brazo de Jenn, pero mis ojos están puestos en el tipo que se mueve con gracia para evitar que alguien nos haga daño a Jenn y a mí, es la primera vez que pienso que quizá lo juzgué mal, aunque, a decir verdad, él se lo buscó. De pronto, un imbécil que tiene un cuchillo en sus manos se acerca por detrás al odioso, y por muy mal que me caiga, no voy a permitir que le hagan daño y menos por defendernos a nosotras, así que tomo una gran piedra que está en una orilla del bar y me acerco sigilosa al desgraciado que intenta hacerle daño, golpeo su cabeza justo al momento en que el odioso se voltea y me mira sorprendido. - ¿No que las hijitas de papá son delicadas? – Me dice mientras me quita con cuidado la piedra que aún sostengo en mis manos, la emoción y la adrenalina me han dejado muda y fija en mi lugar. - Yo… - No logro hablar, pero sí tiemblo cual gelatina. - Tranquila, gracias por ayudarme, pero déjame a mí el resto. – Dice con mis manos tomadas, pero un tipo se acerca y él me toma de los brazos pegándome a su cuerpo mientras me hace moverme hacia un lado. - Manténte detrás de mí. - ¿Por qué me protege? No nos caemos bien, eso es sabido, pero ¿Por qué se arriesga él para ayudarme a mí? Lo miro desde atrás sin saber qué pensar de él, sus movimientos los realiza con gracia, como si esto fuera natural en él, se siente extraño mirar a alguien así cuando estoy a punto de casarme con el hombre de mi vida. ¡No! No puedo estar pensando en esto. No sé qué fue lo que sucedió al final, sólo recuerdo que el odioso me tomó entre sus brazos y después se me borró la memoria. Despierto en una habitación vestida sólo con una camisa y mi pantaleta, no sé cómo llegué aquí, quién me trajo, de quién carajos es esta camisa ¡No! ¡¿Qué fue lo que hice?! ¡¿Yo?! ¡¿En una situación así?! ¡No! Definitivamente no, algo así no puede sucederme a mí, no soy la clase de mujer que hace ese tipo de cosas, no, yo no, o sea, jamás. Me levanto rápidamente de esta cama horrible, quizá cuántas personas han dormido en estas sábanas ¡Qué asco! No, no puede ser, no está mi ropa, no puedo salir de aquí con esta camisa, no… Me muevo por la habitación intentando encontrar algo para poder arrancarme de aquí ¡Carajos! ¡Hay una persona en el baño! ¡Mierda! No, no, no… Ahora sí que estoy muerta, aquí acaba mi vida completamente, mi vida romántica, mi matrimonio ¡Mi vida social! Mis padres me van a matar y para qué hablar de Dean, no… Es que esto no puede ser. Bien, mis tacones continúan aquí ¡Ah, una corbata! Amarro la corbata a mi cintura dejando la camisa como un vestido, me calzo los tacones y encuentro mi bolso sobre una mesa, mi clásico sleek bun (tipo de peinado) ha sido desarmado, pero ahora lo agradezco ya que me caracteriza y no puedo permitir que me reconozcan mientras salgo de este sucucho asqueroso y bastante patético en el que me encuentro, muy linda puede ser la habitación, pero no deja de ser un cuartucho en el que han dormido demasiadas personas, quizá qué hábitos tendrían ¡Uy! Si estas sábanas aunque las laven con cloro, lo usadas no se les quita. Saco mis lentes negros que siempre llevo en la cartera por si hay algún reportero, revuelvo mi cabello rubio oscuro largo y lo dejo suelto en ondas mientras limpio mi rostro quitando el maquillaje, así al menos me siento como si fuera otra persona, arreglo mis mangas y salgo de la habitación, nadie podría pensar que esta mujer es la misma que está a cargo de dos grandes empresas, hija de magnates y a punto de casarse con el hombre de sus sueños. ¡Dios! ¿Por qué a mí? - ¡Taxi! – Corro hacia la salida del hotel lo más rápido que puedo con tacones y tomo un taxi, reviso mi bolso y no puede ser… Mi teléfono no está. ¿Dónde diablos quedó? Intento hacer memoria y no recuerdo que fue lo que sucedió, pero sí sé una cosa y es que no me acosté con él, es claro que una mujer sabe cuándo tiene sexo, y yo no lo tuve, pero no entiendo entonces por qué estaba así, casi desnuda y con quién carajos estaba. ¿El odioso? No, no pudo ser él, no creo que alguien tan idiota pueda haber llevado a una chica a una habitación de hotel y no intentar pasar la noche con ella, si ayer parecía desesperado por encontrar a una ¿O quizá lo prejuzgué?… No, no creo que lo haya prejuzgado porque lo corriente no se le quita ni con jaboncillo. Dios, no sé qué voy a hacer ahora ¿Cómo voy a explicar lo que pasó? ¿O por qué me quedé afuera? No entiendo nada de… - Señorita, ya llegamos. – Diablos, tan rápido, esperaba llegar en el mayor tiempo posible, definitivamente cuando quieres que un taxi se apure no avanza nunca, pero cuando quieres ir lento para pensar con quién carajos pasaste la noche anterior e intentar resolver el dilema, el idiota que maneja llega en dos minutos ¡Si hasta parece broma! - Gracias. – Digo de mala gana y le entrego el dinero. Bien, querida Sam, es hora de enfrentar la verdad. Ingreso a mi casa y me muevo rápidamente hacia el dormitorio, necesito cambiarme de ropa, y por favor, bañarme antes de cualquier cosa, no quiero oler a lo que sea que haya sucedido anoche. Una vez que estoy lista, agradezco que aún no es tan tarde como para ir a la oficina, así que llamo a Memo y le pido que me lleve, Memo es mi chofer, pero jamás le pido algo, salvo cuando bebo y es que tampoco lo hago seguido, así que Memo puede vivir tranquilo. - ¡Samantha Prescott! ¿A dónde vas? - ¡Carajo! Mi madre… Lentamente volteo y observo a una Elizabeth Prescott demasiado molesta, “ella lo sabe todo”, mi mente repite eso cada segundo que gasto en observarla. - ¿Qué sucede, madre? – Pregunto y es que hacerse la idiota me resultaba cuando era niña y mi madre me regañaba, así mi padre me podía consentir luego, aunque no sé si ahora sirva de mucho. - ¿Por qué vas a la oficina tan tarde? – Ah… Era eso, Dios, casi morí de un infarto al miocardio. - Ay mamá, no sabes lo que sucedió anoche, fuimos a beber un trago con Jenn al bar del frente, pero unos tipos comenzaron a pelear y tuvimos que esperar hasta que todo se calmara, solo después de eso logramos salir y tomar un taxi, así que llegamos tardísimo y no me pude levantar temprano. – Digo con un puchero y ella me mira con algo de preocupación, aunque sé que la preocupación no es por mí, es más bien porque le pudo haber pasado algo a su diamante, como ella me dice. - ¡Oh Dios! ¿Ambas están bien? Me diste un tremendo susto, te he dicho tantas veces que no salgas de noche, esas personitas están tan desorbitadas que siempre existirá el peligro, sobre todo para una mujer delicada como tú. – Oh si, mamá, tu diamante es tan delicada que golpeó a un tipo con una piedra en sus manos. - Si, madre, todo bien. – Me despido de ella y salgo rumbo a la oficina, a veces me hubiese gustado tener un poco más de afecto por ser su hija y no por ser su diamante. Sé que ella me dice así porque espera que yo le sirva para sus negocios, pero bueno, el sentimentalismo no va conmigo ni con mi familia.
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