Capitulo 48

1293 Words
Termino de empacar mis maletas y Stuart viene a recogerlas. Mientras bajo las escaleras, me encuentro con Polina a mitad del camino. —Ten cuidado —me dice, con un brillo de advertencia en los ojos—. No dejes que Renzo salga lastimado por nada. Entiendo lo que quiere decir. No quiere que le haga daño a Renzo. No lo haré. Planeo mantener nuestra relación en el olvido hasta que seamos simplemente dos barcos que se cruzan en la noche. Al menos Renzo ha aceptado llevarme a la casa de papá antes de que tengamos que salir del estado. Nunca pensé que le importara, pero lo amo, y quiero despedirme, al menos. Termino de bajar las escaleras y espero en la puerta principal a Renzo. Pronto baja, seguido por otro guardia que lleva sus dos maletas. Me mira. —¿Lista? —Lista —digo, con la mayor seguridad que puedo. Salimos y vamos al auto. Cargamos el equipaje y partimos sin siquiera despedirnos de los demás. Me pregunto si la familia ya se despidió en privado. Tal vez no quisieron llamar la atención sobre nuestra partida. Pensándolo bien, no vi a nadie más que a los dos guardias y a Polina. No decimos nada mientras manejamos hacia la casa de mi padre. Nos está esperando, así que las puertas están abiertas y se cierran justo después de que entramos. Renzo estaciona el auto al costado de la casa, fuera de la vista, y bajamos. Lo guío hacia el interior pasando por la sala de estar. —¿Papá? —llamo. —En la cocina —responde. Miro a Renzo y le hago un gesto para que me siga. Entramos a la cocina, donde mi padre está cortando tomates. —¿Cocinando? —pregunto—. No he probado tus comidas caseras desde que era niña. —Como tienes que irte, quería que hiciéramos algo agradable juntos. Summer, pon la pasta a hervir. Renzo, ayúdame a picar las verduras. Renzo me mira con curiosidad, y pregunto: —Sabes cómo hacerlo, ¿verdad? —Sí —responde con voz áspera, tomando un cuchillo y uniéndose a mi padre. Comienzo con la pasta. Está lista para ir a la olla, así que caliento algo de agua. Mi padre sonríe con picardía. —Summer, ¿sabes cómo construye un pingüino su casa? —pregunta. —No —digo lentamente, confundida sobre hacia dónde va. —La hace iglú —se ríe mi padre, y sacudo la cabeza—. Eso es terrible, papá. Observo a Renzo por un momento, pero su expresión no cambia. —Bueno, ¿y cómo llamas a los zapatos perezosos? —pregunta mi padre. Frunzo el ceño. —No lo sé… —Mocasines —ríe un poco con este—. Me gusta este, sacudiendo la cabeza. Empuja a Renzo. —¿Te gustan los chistes? A Summer le encantaban mis chistes cuando era pequeña. —Sí —digo—. Es un maestro de los chistes malos de papá. Renzo no sonríe, y mi padre y yo nos miramos. Resoplo. —Renzo, ¿en serio no puedes relajarte ni un momento? Renzo me mira, confundido. —No, yo solo… esto claramente es tu terreno. —¿Ni siquiera sabes algún chiste? —pregunto con una sonrisa. Renzo suspira y piensa un momento antes de decir: —No puedo pensar porque temo por el calendario. Lo miramos mientras nos dice seriamente: —Sus días están contados. Resoplo y mi padre se ríe. —Ese está bueno —dice—. Tendré que recordarlo. Renzo sonríe y asiente. —¿Alguna vez has pensado lo genial que es cantar en la ducha? —dice—. Al menos hasta que te entra jabón en la boca. Entonces es una telenovela de jabón. No puedo evitar reírme, ese estuvo bueno. Mi padre sonríe: —Pensé que la secadora estaba encogiendo mi ropa. Resulta que era el refrigerador todo el tiempo. Renzo y yo nos reímos. Cocinamos la cena y compartimos muchos chistes. Me sorprende lo gracioso que es Renzo. Es tan bueno con los chistes de papá como mi padre. Pronto la comida está lista y nos sentamos a la mesa a comer. —¿A dónde irán? —me pregunta papá. —Es mejor que no lo sepan muchas personas —digo antes de que Renzo pueda ofenderlo—. Podrían intentar hacerle daño para averiguarlo. Mi padre resopla. —Todos estos narcotraficantes son iguales. Quieren todos los territorios y ninguna responsabilidad. Solo dinero. Buscan el camino fácil, usando fuerza en lugar de negociaciones. Son inteligentes, muy inteligentes, pero también impulsivos. Actúan según sus emociones, y un negocio no puede manejarse así. Renzo asiente. —No podría estar más de acuerdo, aunque algunos narcotraficantes reconocen el beneficio de las alianzas. Solo unos pocos, como Lino, no quieren trabajar con otras familias. —Pah —sacude la cabeza mi padre—. Lino tiene demasiado poder para reconocer su debilidad. —¿Cuál es su debilidad? —pregunta Renzo. Miro cuidadosamente a mi padre. Mi padre niega con la cabeza. —Cree que nadie puede alcanzarlo porque solo se rodea de su familia. Confía en esa lealtad, pero si permaneces suficiente tiempo en este negocio, eventualmente descubrirás que ni siquiera la familia siempre es leal. Suspiró y doy un sorbo de mi vino, dejando el tenedor y la cuchara. —Renzo, si ya terminaste, ¿puedes darnos un momento antes de que tengamos que irnos? Renzo asiente. —He terminado. Esperaré en el auto. Alex, gracias por la cena. Cuidaré bien de Summer. Mi padre se levanta y le da la mano, y ambos lo vemos irse. —¿Realmente no me dirás a dónde vas primero? —pregunta papá. —No lo sé, él no me lo ha dicho, pero tengo que confiar en que me mantendrá a salvo, papá —digo—. Es una de esas cosas de las que hablaste, algo que tengo que aceptar. Asiente. —Esto es por tu propia seguridad. Es un sacrificio que tienes que hacer. Suspiré. —Espero poder verte pronto. —Sé que piensas que no me importaba antes —dice, tomando mi mano—, pero por favor trata de entender, Summer, que cada decisión que he tomado, cada camino en el que te he puesto, lo he hecho con tus mejores intereses en mi corazón. Nunca quise esta vida para ti, pero debido a con quién elegiste estar, esta vida es lo único que puede mantenerte a salvo ahora. Asiento lentamente, manteniéndome en silencio un momento antes de admitir finalmente: —He tomado algunas decisiones terribles, papá, y lamento haberte hecho pasar por eso. Gracias por siempre cuidarme y por amarme, incluso cuando yo no te amaba. —Oh, Summer —aprieta mi mano—. Eres mi orgullo y alegría. Siempre estaré aquí para ti. Nos levantamos ambos, y corro la corta distancia entre nosotros para abrazarlo, emocionándome. —Te amo mucho, papá. —Yo también te amo, mi dulce hija —dice, acariciando mi cabello. Puedo escuchar que contiene sus propios sollozos. Nos quedamos así un momento, y luego me alejo lentamente. —Debo irme. Tenemos que salir del estado lo antes posible. —Aprieto su mano—. Prométeme que te mantendrás fuerte y a salvo hasta que nos volvamos a ver. —Lo prometo —dice—. Y tú promete mantenerte a salvo y escuchar a Renzo. Él conoce bien este plan y podrá mantenerlos escondidos a ambos. —Lo prometo —digo, aunque no estoy completamente segura de poder cumplirlo. Le beso ambas mejillas y, con una última mirada hacia atrás, salgo de la casa y camino hacia donde Renzo me espera junto al auto.
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