Siento que estoy de nuevo donde pertenezco: detrás de un escritorio atendiendo los asuntos de la
familia. Veo muchas áreas en las que el club puede mejorar y sé a quiénes necesitamos en nómina y
de nuestro lado. No debería ser demasiado difícil, así que hago las reuniones y llamadas necesarias.
Summer no parece molestarse por el hecho de que no esté mucho en casa. Actúa como si no
importara. Sé que va al pueblo todos los días a almorzar, aunque le he dicho que mantenga un perfil
bajo, y que viene al club por las noches.
Aunque me alegra tenerla donde puedo verla, también noto a los muchos hombres que la rodean
cada noche comprándole bebidas con la esperanza de tener suerte. Este tipo de situaciones puede
matarnos.
Hay uno en particular con el que parece pasar mucho tiempo cada noche, conversando
intensamente. Me pone nervioso. Es demasiado familiar con ella y no sé qué le está contando. Si le
da información sobre nosotros, podría usarse para localizarnos.
Envió a uno de los porteros a llamarla, y cuando llega, me pongo de pie.
—Summer, ¿Quién es el tipo con el que estás hablando? —pregunto.
—Oh, en realidad lo conozco de hace mucho tiempo —admite, y yo gruño—. Él te reconoce,
Summer. Eso es peligroso para nosotros.
Antes de que pueda decir algo, continúo:
—Se supone que debemos mantener un perfil bajo, no andar con hombres siguiéndote como
cachorros. Ahora alguien realmente te reconoce. Tenemos que avanzar desde aquí.
—Renzo, no es nada serio. No estamos en peligro. Necesitas dejar de intentar micro-gestionar cada
maldita situación en mi vida.
—Nunca has estado en Pennsylvania antes, ¿entonces cómo te conoce?
—Por algunos amigos en común, si necesitas saberlo. Creo que es mejor que te retires de decirme
con quién puedo o no hablar. Estoy cansada de que me dominen como a una sirvienta.
Gruño:
—Porque actúas como una niña malcriada sin consideración por tu vida ni por la de otros. Aléjate
de otros hombres o quédate en casa, Summer, lo digo en serio.
Ella pone las manos en la cintura:
—No necesito que me manden, Renzo. Pasé años intentando salir de bajo el pulgar de mi padre
porque controlaba cada uno de mis movimientos. Todo lo que siempre he querido es tomar mis
propias decisiones, buenas o malas, y tener libertad. Me vendieron como esclava para ti, y ahora
eres peor que él.
Hay tanto que quiero decir, incluyendo que no la compare con su padre, pero ella ya se dirige a la
puerta, así que me quedo callado.
La observo en las cámaras mientras regresa al bar y pide otra bebida. Su amigo vuelve a unirse y se
pierden en otra conversación animada. Sé que debería confiar en que ella no nos pondrá en peligro,
pero es tan ingenua. No entiende este mundo como yo. Siempre ha estado protegida de los riesgos,
primero por su padre y luego por mí.
Parecen tener una conversación seria. Uso los controles para acercar su rostro y tomar una foto fija
de él.
Saco un celular desechable y llamo a Donato.
—¿Qué pasa? —pregunta.
—Creo que tenemos un problema potencial —digo, caminando hacia mi escritorio y sentándome—.
Te enviaré la foto de un tipo. Necesito que revises su historial y si está vinculado a Lino de alguna
manera.
—¿Seguro que no estás siendo paranoico? Sé que estás nervioso —dice Donato—. ¿Qué hace
que sea tan sospechoso?
—Ha estado hablando con Summer —respondo.
—Ah, entonces es celos —se ríe mi hermano, pero yo mantengo el rostro serio.
—Ella dice que es un amigo que conoce, y nunca ha estado en esta zona, así que probablemente es
de Nueva York —explico.
Mi hermano guarda silencio.
—Destruye este teléfono después de enviar la foto.
—Llamaré en tres días. Necesito la información para poder planear mi próximo movimiento. Puede
que me salte el siguiente destino y vayamos directo; por si intenta averiguar nuestro plan.
—Entendido. Mantén a Summer vigilada y que alguien siga al amigo con quien habla y dónde se
queda. Tenemos que averiguar todo lo posible —dice Donato—. Tengo una reunión ahora.
Envía la foto. Espero tu llamada en tres días.
Cuelga, y desarmo el teléfono. Corto la tarjeta SIM y tiro las piezas en una jarra con agua.
Pulso un timbre del intercomunicador.
—Samu, ven aquí.
Un portero grande e intimidante entra y se coloca frente a mi escritorio.
—¿En qué necesita ayuda, jefe?
—¿Ves al tipo que habla con mi esposa? —señalo la cámara, y él asiente.
—He estado vigilándolos toda la noche —dice.
—Cuando se vaya, quiero que lo sigas, averigües todo lo que puedas sobre dónde se queda, si tiene
compañía y cuáles son sus planes. Todo lo que puedas descubrir —lo instruyo—. Necesito saber si
estamos en peligro.
—Entendido —dice Samu y sale nuevamente.
Me levanto y vuelvo a las cámaras. Observo a Summer riendo con el tipo hasta que, finalmente, él
se levanta y se va. Cuando no regresa, simplemente observo a Summer.
Ella no se ha dado cuenta de que no le he prestado atención. Está claro que no corresponde a mis
sentimientos. Me doy la vuelta y regreso a mi escritorio, abriendo los libros contables sobre la
mesa.
No sé si quedarse tres días más sea buena idea, pero si este tipo está conectado con Lino, no quiero
que sepa que estamos al tanto. Si lo está, nos retiraremos discretamente, y Summer estará bajo
arresto domiciliario durante el resto de este viaje.
Mis puños se aprietan al pensar si es más que un amigo, tal vez un ex amante.
Me digo a mí mismo que no importa, porque ella no siente eso por ti. No puedes controlarla. No
puedes mantenerla encerrada para siempre.
Pero sí necesito protegerla, no solo porque su padre me lo pidió, sino porque sé que me mataría si
algo le pasara.
Termino de equilibrar los libros, dejando todo listo para que el contador lo revise. Luego guardo mis
cosas para la noche, agarro las llaves del coche y salgo de la oficina. Me dirijo al bar, donde
Summer está hablando con dos chicos, coqueteando sin límites.
Toco su hombro y asiento hacia la puerta.
—Vamos. Es hora de ir a casa.
—Oye, amigo, muévete. Nosotros estábamos aquí primero —dice un rubio de unos veinte años.
Mis ojos destellan peligrosamente y inclino la cabeza.
—Mi esposa se va a casa conmigo. Ahora mismo —digo peligrosamente—. Y si alguna vez vuelves
a entrar en este club, serán los últimos pasos que des.
Señalo a los porteros, que vienen y agarran a los dos chicos con los ojos abiertos de par en par.
Summer me mira horrorizada. Cuando los porteros se han ido con sus amigos, ella agarra sus llaves
del coche, me fulmina con la mirada y atraviesa la multitud de fiesteros.
Sigo con un suspiro. A veces me siento más como su padre que como su esposo.