No recuerdo la última vez que alguien me ofreciera agua, comida, ropa, lo que sea, sin esperar algo a cambio. Creo que esta sería la primera vez que me ocurre y se siente… bien. Realmente se siente bien, porque desde que tengo uso de razón, siempre hay un precio que pagar, siempre hay algo que dar. Y en las últimas semanas, el precio a “pagar”, ha sido más intenso, más difícil para mí. Mark me ofreció ayuda y la pagué con mi cuerpo. Odette me ofreció ayuda y la pagué con mi cuerpo. Y al parecer también con mi vida, porque ahora resulta que alguien en ese maldito lugar me compró como si fuese un objeto. Rhyszard me ofreció ayuda y no nada más lo pagué con mi cuerpo, sino que lo estoy pagando también con mi maldito corazón. Radek me ofreció una vida llena con todo eso que tiene para

