DEVON.
Al adentrarse en los aposentos de su abuela. Devon sabía que lo que ocurrió no le iba agradar para nada. Pudo ver a su abuela de espaldas mirando la inmensa ciudad por el balcón. Su traje de seda largo con mangas largas. Se mueven al son de viento que ejerce la brisa fresca que entra por el lugar. Su cabello n***o se encuentra completamente trenzado, dejando ver un peinado limpio y glamuroso. Está acompañada de sus damas de compañía. Mientras mantienen una conversación. Ellas se encuentran cociendo tranquilamente. Al verlo entrar, ellas se quedaron calladas y se levantaron.
—Su Majestad —dijeron ambas mujeres haciendo una reverencia impecable frente su Rey.
Su abuela se dio la vuelta y de inmediato abrió mucho sus ojos verdes, al ver lo que le ocurrió a su nieto Devon.
—¡Dios mío! ¡Devon! ¡¿Quién te hizo eso?! —su abuela Brissila casi que gritó al ver la mano herida y sangrienta de su nieto —. Alena, busca al medico, por favor —pidió su abuela. Quien sujetando y levantando su vestido se acercó con pasos rápidos hasta su nieto y sujetó su mano para mirarla con atención.
—Fue una mujer —dijo Devon examinado su mano —. Y si que supo usar el arma —asintió haciendo una mueca de mucho dolor.
Para Davon fue imposible no recordad los ojos azules y rostro delicado de aquella campesina. No cabe duda que le impresionó el rostro hermoso que había oculto entre esa capucha de lana. ¿En qué parte del Kimston vivirá? Pensó él. Con la esperanza de volverla ver.
La mujer cabello n***o de inmediato lanzó una mirada feroz a los guardias, quienes estaban de pie frente a ella.
—¡¿Cómo pudieron permitir que hicieran tal cosa a su Rey!? —gritó histérica.
Brissila se encontraba tan enojada que sus mejillas blacas se tornaron rojas, como si fueran a echar sangre. Los guardias se quedaron en silencio con sus cabezas gachas.
—¡Son los responsables de que a su Majestad real, no le ocurra nada! ¡Deben cuidarlo! —gritó —. ¡Buenos para nada!
Los gritos de Brissila se escuchan en todo el salón. Realmente estaba muy enojada.
—Madre ya por favor. Solo fue un accidente —dijo Devon calmando a su abuela —. Todo fue mi culpa —junto sus cejas nada más que sintiendo el dolor punzante en su mano.
—¡Un accidente! ¡¿Pero que dices?! —su abuela comenzó a caminar de un lado para otro muy preocupada —. Puedes agarrar una infección, Devon. Y Dios no lo quiera enfermar y morir, es algo grave.
Brissila se detuvo para mirar a Devon nuevamente —. Quiero saber, ¿quién fue esa salvaje? —dijo con firmeza y con una fina línea en sus labios.
—Es una campesina, mi Lady —dijo Sean.
Brissila alzo la mirada hasta él —Merece un castigo, Devon —ella levantó su barbilla y miró al hombre con rostro endurecido —. Tener a un persona como esa en el reino es un peligro.
—Madre, ya. No es para tanto. Estaré bien. Deja todo así —dijo —. Repito, fue mi culpa.
—¿Y si realmente quería matarte, Devon? Pude ser un enemigo mortal para nosotros. Después que tú padre murió, sabemos muy bien que los enemigos que él tenía los heredaste tú. Mira como está el Rey de Rembil, esperando que algo le suceda a nuestra familia para él invadir nuestras tierras.
Devon se mantuvo callado y se limitó a mirar su mano herida, hinchada y ensangrentada con un pequeño hueco en medio. Pensando en lo que su abuela dijo puede que sea verdad. Un enemigo vestido en una linda mujer, pero él vio claramente que la chica lo hizo porque él intentaba matar a su Ciervo. En ese caso ella lo hizo para salvar al animal. Además se percató de que ella no sabía quién era él.
—Madre, dije podría casarme con la princesa Alessa, solo por mantener la paz. Alerik no tiene pensado hacerme nada, por los momentos, claro —dijo Devon aún mirando su mano.
Su abuela se giró y camino nuevamente hasta el balcón soltando un suspiro preocupado. En ese momento entró el Médico dando pasos rápidos. Sabe mucho de heridas y ha estado sirviendo a la familia Wencaster desde hace mucho tiempo. Es un anciano flaco con el rostro huesudo, su cabello rebajado, era totalmente blanco lacio. Sus ojos n***o y oscuros destellaban cansancio y misterio. Se detuvo en frente de Devon he hizo una reverencia.
—Su majestad.
Devon hizo una inclinación hasta él. Quién sin perder tiempo agarró la mano de Devon con cuidado para empezar a examinar. Para Devon fue imposible no sentir dolor. Él anciano lo miró con detenimiento y atención.
—La herida de una flecha, por supuesto. Que suerte que no entro con profundidad pero aún así perforó carne, Mi Rey. Sus guantes impidieron que fuera más profunda y eso es bueno porque no toco ningún ligamento —avisó él curandero aún mirando con el entrecejo fruncido, la mano de Devon —. Vamos a necesitar algunas plantas para curar en la herida y vendas. Tendrá que detener la caza hasta que su mano mejore, su señoría.
Devon asintió lentamente —Has lo que creas que sea mejor, Asen.
Él anciano llamo al criado que siempre anda con él. Es un chico huérfano al que salvó de la calle cuando tenía una herida grave en su pierna. Asen nunca tuvo hijos, pero al parecer consiguió uno en Jens.
Junto con el chico que trae con el un pequeño bolso de cuero que guinda de su hombro, comenzaron a sacar algunas hojas de plantas que pisaron en un mortero de piedra volcánica. Para extraer jugo de la hoja. Luego de limpiar la herida colocó el líquido verdoso que extrajo de la planta para después colocar hojas encima y con una venda de lino cubrir su mano.
Las dos puertas de madera fueron abiertas de golpe. Todos miraron hasta ese lugar y pudieron ver al joven alto y de cabello n***o ingresar con pasos lentos a la habitación.
—¿Dónde se encuentra la mujer que más amo en este mundo? —dijo Caden adentrándose con pasos lentos sobre sus botas marrones de cuero.
Viste un pantalón del mismo color. Una camisa de lino y sobre esta un chaqueta.
—Caden, no estoy para bromitas ahorita —dijo Brissila mirando Caden con el rostro serio.
—¿Alguien se murió o que? —Caden se detuvo al lado de Devon quien con el rostro lleno de dolor, mira como Asen termina de vendar su mano.
—Nadie a muerto, Dios no lo permita —Brissila se volvió a girar y continuó mirando por la ventana —. Ha tu hermano lo hirieron.
Caden miró a Devon y frunció su ceño —¿Cómo es que a nuestro querido Rey lo hirieron? —dijo con burla.
—No da gracia, Caden —replicó Devon con voz severa.
—Lamento por usar ese tono de voz frente a usted, Mi Rey —Caden hizo una inclinación hacia Devon con una sonrisa en sus labios.
Devon sabe como es su adorado hermano, siempre se juegan de esa forma. Ambos heredaron el espíritu bromista de su abuelo.
—Mi señor todo está listo. Solo hay que seguir con el tratamiento y pronto estará como nuevo —aseguró Asen frente a Devon.
—Te lo agradezco, Asen.
—Siempre a las órdenes de mi Rey —hizo una inclinación al mismo tiempo que su criado.
Devon les dio el permiso de que se retiraran y ambos hombres con pasos lentos salieron del lugar.
—Pueden salir —les ordenó Devon a los guardias.
Los hombres con armaduras puestas y espadas guindando de sus talibanes. Salieron de la habitación. Devon se levantó y dio unos pasos cerca de la mesa en dónde reposa una jarra llena de Vino y sirvió un trago dentro de una copa de bronces.
—¿Quién te hirió? —le pregunto Caden. Quien tomo asiento sobre una silla de madera.
Devon se dio la vuelta y miró a su hermano quien también lo mira con atención y rostro serio. Inclinó la copa y tomó un trago.
—Una chica —dijo Devon desviando la mirada en dirección a la ventana que su abuela aún mira.
Caden no tardo en soltar una carcajada estrepitosa levantándose de su asiento. Comenzó a caminar en dirección a Devon, para después detenerse frente a él.
—¿A nuestro Rey lo hirió una mujer? —cuestionó Caden buscando con su mirada la de su hermano mayor.
Devon pudo escuchar que su abuela soltó una carcajada baja y llena de diversión mientras niega lentamente.
—Si —Devon miró a su hermano Caden —. Una mujer.
La verdad para él también es algo gracioso. Un Rey que es respetado por todos, ha usado su espada en batallas, ha ejecutado hombres. Fue herido tontamente por una mujer común. Eso sí que es algo deprimente.
—Dentro de unas horas conocerás a la mujer que se casará contigo y te presentarás herido por culpa de otra mujer —Caden agarró su hombro —. Solo a mi hermano le suceden estás cosas. Nos vemos en un rato.
Caden sonriendo se retiró de los aposentos de sus abuela.
Devon se tomó todo el trago de su copa y la dejo en el mismo lugar en donde estaba. Su abuela se dio la vuelta lentamente se acercó hasta él mirándolo con sus ojos cafés.
—Debes vestir muy bien hoy —Brissila acomodó su chaqueta y lo miró a los ojos —. Conocerás a la mujer que será tú esposa y posiblemente la madre de tus hijos, Devon.
—Pareciera que te alegrará, Madre —Devon la observó con el ceño fruncido —. No me voy a vestir como si de una fiesta importante se tratase, sólo voy a conocer a su hija. Y ya está. Además no he decidido como tal que me casaré con ella —dijo Devon con palabra llenas de frialdad —. Una cosa es decirlo y otra muy diferente es prometer.
Su abuela se alejó de él y lo observó con atención.
—Y a ti al parecer no te alegra.
—¿Cómo me voy alegrar en casarme con la hija del hombre que en combate mato a mi padre? —Devon dio un paso lejos de su abuela.
Brissila se quedó callada y se limitó a mirarlo —Devon, todo es por la paz entre ambos reinos.
—Si lo hago, será por mi ciudad. Porque no dejaré que un Rey como Alerik, venga a robar nuestras tierras, solo porque le da la gana. Él cree que porque soy joven soy débil. Pero está equivocado —la voz de Devon salió seria y llena de rabia —. Ahora, madre. Debo hacer algunas cosas.
Devon con pasos rápidos se retiró y salió de la habitación del salón. En la puerta Sean esperaba por él, quien de inmediato comenzó a seguirlo.
Devon no se encontraba muy alegre por el posible compromiso con esa mujer. Pero tampoco la odiaba, no la conocía. Él vio como él Rey Alerik Grewcon le cortó la cabeza a su padre. Devon estaba lejos de él para poder salvarlo pero no pudo y solo presenció la escena. Esa guerra la ganaron los Wencaster pero en la batalla perdieron a su Rey y aunque intento matar a Alerik no pudo. Así que luego de once años, Devon volverá a ver el rostro del hombre que más odia.
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En todo el Reino de Kimston se escuchaba los comentarios sobre la llegada del Rey Alerik y la Princesa Alessa Grewcon. Todos hablan sobre el porque de su visita tan extraña. Cuando saben muy bien que es el enemigo de la casa Wencaster desde hace mucho tiempo.
Devon miraba dese la ventana del balcón de su habitación él inmenso mar ejercer olas tranquilas ocasionadas por el viento. Ya se encontraba vistiendo su traje sencillo de terciopelo. Hecho a la medida. Una hermosa túnica mangas largas de un color ciruela. Un pantalón de terciopelo color marrón . Si atuendo destilaba elegancia y poder. Podía sentir la pesada corona de oro puro con piedras de Diamantes, zafiros y esmeraldas, reposando sobre su cabeza y alrededor de su cintura lleva un cinturón de cuero en dónde reposa su espada.
Devon observaba la lejanía de aquella hermosa vista. Y escuchan las campanas de la iglesia sonar. Sin perder más tiempo salió de sus aposentos. Sean, quien esperaba en la puerta siguió su paso detrás de él. Caminando lentamente por el pasillo lleno que contiene lámparas de araña hechas de hierro forjado, que contienen velas encendidas.
Después de haber bajado. Se dirigió hasta el salón del trono. En cuanto llegó pudo ver a dos de sus guardias reales con sus armaduras plateadas y sus capas negras. Los hombres de inmediato hicieron una reverencia, para después abrir ambas puertas altas y pesadas. Todos los que están dentro del salón se voltearon a mirarle. Hombres y mujeres vistiendo elegantes, incluidos su hermano Caden y su abuela Brissila. Todos querían ver a la mujer que dentro de poco sería la nueva Reina de Kimston. Devon con pasos rápidos y seguros comenzó a caminar por la alfombra roja mientras cada una de esas personas presentes en el lugar le hacen reverencias de respeto a su rey.
Al detenerse al frente pudo ver la pared alta con una gigante ventana hecha de vidrio color transparente. El salón del trono está un lugar gigante con muros altos que se elevan sobre el techo. En dónde se puede ver el trono del Rey y detrás una gigante Águila con las alas abiertas que posee una mirada imponente y en sus gigantes patas sostiene una espada. Una hermosa obra de arte que está hecha de oro puro y que ha existido durante Miles de años. El águila dorada. Ese era el animal que representaba la Casa Wencaster. Devon tomo asiento sobre el trono que una vez usaron sus descendientes. Una hermosa silla alta elaborada de con acolchado rojo de terciopelo y algo alta.
Un anciano con un traje de piel se acercó hasta Devon y se inclinó para decirle algo al oído. Él asintió una vez y volvió a mirar al frente.
—Espero que no tarde —Devon se incorporó sobre el asiento.
Dos minutos después, las puertas del salón no tardaron en ser abiertas. Todos miraron al frente. Ahora viendo como un hombre de cabello rubio ingreso con pasos rápidos y seguros al lugar. Viste un traje elegante de seda color verde y su corona hecha de oro reposa sobre su cabeza. A su lado viene una mujer un poco más baja que él, de piel blanca y una linda diadema que está sobre su peinado hecho de trenzas, nada exagerado. Detrás de ella vienen seis hombres con armaduras y capas rojas.
Los señores de la casa Grewcon, su figura representativa es una un círculo que dentro contiene una estrella de seis puntas y en medio de esta una media luna, va pintado en un color n***o. El reino de Rembil el lugar más conocido de Northende por tener un momento de historias sobre brujas que ejercían la magia negra.
Para Devon no era agradable encontrarse con ese hombre, que durante años su familia ha tenido cierto interés por su reino y siempre ha querido quitar a la familia Wencaster que su camino.
¿Qué casarse con su hija no es la forma más sutil de entregárselas? Si su padre estuviera vivo le diría que estaba loco. Pero es lo que se puede hacer para hacer la paz. Su reino está siendo más próspero que nunca y no permitirá que lo destruyan. Porque eso harán los Grewcon. Lo que ellos quieren hacer desde hace mucho. Pero Devon se juro a si mismo que mientras él viva no lo va permitir.
Devon se levantó y bajo lentamente los cinco escalones mientras ambos hombres se miraron con seriedad.
La chica con una sonrisa en sus labios, delicadamente agarró las esquinas de su vestido de seda color amarillo, he hizo una reverencia hacia Devon, quien con una inclinación en su cabeza la saludo.
—Un placer por fin conocerla, princesa Alessa —la saludó Devon mirándola a sus ojos azules y estiró su mano hasta ella.
La princesa Alessa dio unos pasos y con elegancia dejó caer su mano sobre la de Devon.
—Para mi también es un placer, su excelencia —la princesa Alessa le dedicó una dulce sonrisa mostrando su linda dentadura.
Devon posó un corto beso sobre su mano, para después soltarla. Si acepta que es una mujer muy hermosa y con un porte elegante. Pero no despertó en él ni el más mínimo interés. Era como si se tratase de cualquier mujer noble que haya conocido o dormido.
—Es un gusto por fin volver a vernos, Devon Wencaster. Señor de Kimston —dijo aquel hombre mirando a Devon con atención —. Tenía mucho tiempo que no visitaba este reino —señalo con sus manos y miro a su alrededor.
Devon lo observó fijamente con el rostro ceñudo —Es malo hacer esperar a un Rey —dijo con voz severa.
Pudo ver el rostro de burla que expresó Alerik al escucharlo decir eso —Bueno, que no se te olvide que yo también lo soy.
Devon le sonrió con disgusto —De Rembil, por supuesto —le recalcó —, Rey Alerik —completó —. Está en mis tierras recuerde ese detalle —le dedicó una mirada retadora.
Alerik endureció su rostro mirándolo fijamente con sus ojos azules oscuros. Se puede ver la ira reflejada en sus ojos.
Devon se dio la vuelta y subió las escaleras para tomar asiento sobre su trono —Y como están en mi Reino —él miró a la mujer de cabello n***o frente a él —. Se les tratara como si estuvieran en el de ustedes. Aunque no lo sea —subrayó Devon —. Sea bienvenida, princesa Alessa —hizo una pausa —, y nuevamente es un gusto conocerle —miró a Alerik —. Lastimosamente no puedo decir lo mismo de su señor padre —Devon miró a Alerik fijamente.
—Se lo agradezco, mi Rey —dijo Alessa.
—Vaya, si que te pareces a tú padre —dijo Alerik mirándolo con atención —. Imponente y soberbio.
—Los hijos siempre se parecen a sus padres, son sangre de su sangre. Así mismo sienten lo que sufren y heredan sus enemigos —Devon endureció su rostro —. Enemigos que lentamente iré asesinando, por supuesto —aseguró Devon entré dientes mirando a Alerik.
Alerik entrecerró sus ojos y levantó su mentón —Dicen que hay que hacerse amigos de los enemigos, su excelencia —replicó Alerik.
—Digo que asesinarlos es lo más inteligente que se puede hacer, porque los haces desaparecer ¿No cree Rey Alerik? Así no serán como una piedra en el zapato.
Alerik y Devon se miraron con rostro llenos de puro desprecio y desagrado. Cualquiera que estuviera en ese gigante salón se da cuanta del odio que hay entre ambos.
—Pero. Hoy estamos para hacer la de Paz. No para hablar de nuestros enemigos. Así que pueden instalarse en sus aposentos para que descansen, fue un viaje largo, señores.
Devon se levantó de su trono y bajo las escaleras ahora quedado frente a la princesa Alessa y el Rey Alerik.
—Nos vemos en la cena, princesa —Devon la miró con el rostro serio —. Ahora debo retirarme.
Devon le lanzó una última mirada a Alerik para después iniciar su caminata tranquila y salir por las dos puertas acompañado de Sean.