—¿Qué mierda?
Mi grito estaba segura se escucharía hasta donde estuviera mi padre. Mis ojos recorrieron la habitación rápidamente. Era una lujosa habitación con ventanales de cristal, había un televisor pantalla plana y un sillón de cuero. Las dos paredes eran blancas y la cama con sabanas de seda negra.
¿Sabanas de seda negra?
Miré hacia abajo y me encontré desnuda, solo la sabana me cubría de la cintura para abajo, lo demás estaba en pelotas. Mi corazón palpitó fuerte, y entonces recordé la noche pasada. Collin, el bar, el tipo borracho, luego Maxon, después la moto y luego... Luego me acosté con un tipo con quien ni siquiera sabía su apellido. ¿Qué clase de puta soy? Mi padre me iba a matar.
Yo había tenido solo dos amantes en mi vida, y ninguno de los dos eran tan hermosos y sexys como Maxon. Sin embargo, no podía creer que me hubiera acostado con él, aunque tenía que admitir que entre beso y beso yo era la que había dado el primer paso. ¡Maldita sea Grey! Incluso me llamó gatita en la cama ¡y eso me gustó!
Sin pensar más me levanté de la cama y busqué mi ropa como una loca, el dolor de cabeza era insoportable y tenía la garganta muy seca. Afuera se escuchaba una música que atormentaba mis oídos y cabeza.
Encontré mi ropa en una silla, ordenada. Tuvo que haber sido Maxon porque recuerdo habérmela quitado por toda la casa, Dios no podía creer hasta donde había llegado. Me vestí rápidamente y entré al baño de la habitación, otra que también era lujoso, mármol por todas partes y una ducha y tina que hacían competencia con la mía.
Me cepillé los dientes y me arreglé el cabello, casi pego un grito cuando vi que mi maquillaje estaba regado. No tuve más opción que lavarme la cara y quedarme al natural. Recogí mi cabello rubio en una cola y salí del baño. Cerré la puerta suavemente esperando a que si Maxon estaba por algún lugar no me escuchara, solo quería salir de aquí lo más rápido posible.
Tomé mi cartera y revisé mi celular, tenía diez llamadas perdidas de Erika, doce de mi padre y cincuenta de Collin. Le mandé un mensaje a mi padre y a Erika diciéndole que ya iba a casa. A Collin decidí ignorarlo y apagué de nuevo el teléfono. Abrí la puerta de la habitación suavemente y asomé la cabeza al apartamento. Estaba solitario y tranquilo, solo por la música. Salí despacio mirando lo lujoso del lugar. Sabía que Maxon era un chico de plata, pero esto era demasiado.
Deberíamos estar en el último piso porque era bastante alto, la sala tenía varios sillones de cuero n***o, con un televisor pantalla plana con un Xbox y consoladores debajo de este. También había dos puertas más, pero ignorándolas seguí mi camino hacia la puerta de la entrada. Cuando estaba punto de girar el pomo una voz sonó desde atrás.
—Está cerrada gatita —La voz de Maxon era entre burlona y seria.
—Ábrela entonces —pedí sin voltearme.
—¿Yéndote tan temprano? ¿Por qué si podemos seguir con la diversión?
Me di la vuelta hecha una furia y caminé rápidamente hacia él, apuntando su pecho con mi dedo índice y fulminándolo con la mirada. No pude evitar fijarme en cómo estaba vestido y en lo bien que le lucia la camisa blanca, vaqueros negros y zapatos de cuero n***o. Estaba impecablemente hermoso. Lo que me molestó todavía más, no me gustaba enfrentar a la gente con la ropa arrugada, sin maquillaje y con una resaca de los mil demonios.
—¡Dije abras la maldita puerta! —grité molesta más conmigo misma por como reaccionaba a él. Pero Maxon no parpadeó, en vez de eso me tomó del brazo y me acercó a su cuerpo.
—¡No vuelvas a gritarme! —reprendió justo antes de darme un beso en la boca tan hambriento como el de la noche anterior. Me odié por no poner resistencia, pero sus labios eran como una maldita droga que me impedía rechazarlo como quería.
—Bueno, bueno, bueno, creo que no fuimos los únicos que se divirtieron anoche —La voz de ese chico hizo que me separara de golpe de Maxon.
El chico de ayer estaba sin camisa recostado con una rubia en ropa interior al lado de él. Sus brazos estaban cruzados en su pecho mientras nos sonreía con picardía. Era igual de hermoso que Maxon, pero él tenía una mirada juguetona en sus ojos. Me quedé de piedra mirándolo, Maxon tomó mi cintura en gesto posesivo y me atrajo hacia su pecho.
—No mires mucho Jason —La voz de Maxon era amenazante y peligrosa, pero Jason solo sonrió y se encogió de hombros.
—No toco las mujeres de otro hermano
—¡No soy su mujer! —exclamé molesta, alejándome de Maxon— ¿Son hermanos?
—De crianza —respondió Maxon secamente.
—En realidad Maxon y yo somos primos, pero nos criamos juntos — explicó Jason con más detalle— Compartimos todo, pero ya ves, las mujeres no, desgraciadamente.
Alcé una ceja que decía claramente lo que pensaba de él y me volví hacia Maxon, pero había desaparecido. Frunciendo el ceño lo busqué con la mirada, pero no había rastro de él en el apartamento.
—¿Me puedes abrir la puerta? —le pregunté a Jason que seguía mirándome. Asintió con una sonrisa y salió en bóxer hacia la puerta.
Me di cuenta de que en su espalda había un tatuaje de un escorpión, justo igual al anillo de Maxon. Fruncí el ceño, pero no dije nada sobre eso, aunque era un poco extraño.— Por cierto, soy Mia.
—Jason — respondió abriendo la puerta, me di cuenta de que se abría con un código. Parecía una maldita caja fuerte, ni siquiera mi padre tenía una cerradura así. Después de que Jason marcara la contraseña, giró el pomo y este abrió fácilmente.
—Fue un placer Jason — le dije sonriendo— ¿Puedes decirle a Maxon que desgraciadamente no puedo decir que fue un placer conocerlo? ¡Oh! Y dile que es un idiota engreído.
—Sera todo un placer decirle Mia —dijo Jason guiñándome el ojo con una sonrisa.
Cuando llegué a casa en el taxi que el conserje había llamado en el apartamento de Maxon me duché y cambié de ropa rápidamente. Mi padre no estaba, y los empleados no se molestaban en preguntarme nada. No les respondería. Bajé a la cocina por un poco de comida, no había comido desde el almuerzo de ayer y estaba hambrienta.
Las aspirinas para el dolor de cabeza estaban haciendo efecto y mi cabeza estaba dejando de palpitar. Me subí de nuevo a mi habitación y encendí la televisión esperando que una de las empleadas me subiera la comida. Cambié de canal una y otra vez, esperando ver algo interesante. Al final me rendí y lo dejé en el canal de noticias de Texas, esperando ver a mi padre en uno de sus discursos.
Me concentré en escuchar lo que la conductora decía y le dejé de prestar atención al minuto. Las noticias eran poco interesantes, Texas ciertamente no era muy interesante. Pero fue la foto de una chica a que me llamó la atención. Le subí el volumen y me concentré en escuchar lo que decía la conductora.
Mi estomago se revolvió al escucharla hablar sobre una chica desaparecida, la chica era hija del dueño de un restaurante de comida rápida. Su padre salió hablando con lágrimas en los ojos y pidió que si veían a su hija la ayudaran. También decía que la chica consumía drogas y era rebelde, pero cuando le preguntaron a su padre él negó que se tratara de que su hija hubiera podido escapar. Luego pasaron a un oficial y este alegó que probablemente se tratara de ello, ya que nadie vio a la chica y no había signos de que se tratara de un secuestro, tampoco había encontrado su cuerpo, así que las posibilidades de que se fuera a la fuerza eran muy pequeñas.
—Señorita —La voz de una de las empleadas me sacó de mi ensoñación. Catia llevaba una bandeja con dos sándwiches de jamón y queso, junto con un vaso de jugo. Le agradecí y me dispuse a comer, cambiando de canal nuevamente.
* * *
Me levanté de golpe al escuchar varios golpes en mi puerta, maldije internamente a quien había interrumpido mi sueño y caminé para abrir la puerta. Casi cierro la puerta de nuevo al ver a Collin parado mirándome nerviosamente. Me crucé de brazos y lo encaré.
—¿Qué demonios haces en mi casa? —pregunté, en un tono fuerte. Parpadeó y se puso aún más nervioso.
—Lo siento. Vine a que me perdones por lo de esa chica, te juro que fue la primera y última vez que te engaño, es solo que ella me sedujo y yo...
—¿Y tú qué? —le pregunté, en el mismo tono.
—Bueno Mia, soy hombre y la carne es débil, además tu estabas tan seca últimamente.
—¿O sea que ahora es mi culpa que tu no hayas tenido los pantalones para rechazar a una perra asquerosa? —le pregunté alzando la voz. Consciente de que si seguía gritando uno de los vigilantes o trabajadores vendría asegurarse de que yo estuviera bien.
—No cariño, claro que no —respondió, negando con la cabeza y mirándome a los ojos. — Te quiero Mia, tú lo sabes.
—No Collin, tú no me amas, tú amas a la rubia de perfectas notas, amas a la chica más hermosa de la universidad. Eso amas, no a mí.
—Eso no es cierto.
—Lo es ¿crees que nunca me daría cuenta de que adoras que te vean conmigo? ¿que amas cada vez que mi padre te hace un cumplido, o te invita a cenar?
No dijo nada sabiendo que yo tenía razón. Collin era un chico que velaba por sus intereses, quería ser como su padre o incluso mejor. Quería tener una mansión y tener a la chica perfecta, ganar muchísimo dinero y salir a jugar golf para fanfarronear con sus amigos. Quería tener todo eso, porque su padre así se lo había enseñado y cuando yo llegué a la universidad vio en mí a la elegida.
Mi padre era la persona más rica en Texas, todos lo respetaban y querían y yo muchas veces tuve que rechazar a más de un perfecto candidato por que solo veían en mi a la hija de un exitoso político y no a la chica. Cuando Collin con su popularidad de jugador de fútbol se interesó en mí pensé que lo hacía de verdad, pero luego me di cuenta de que como muchos él solo amaba que lo vieran conmigo.
Y pobre chico, su padre debió matarlo cuando se enteró de la noticia de que Mia Grey lo había dejado por ser infiel, estoy segura de que es esta aquí es por su padre y no por mí. Otra razón más para estar furiosa con él. Dejarse manejar por su padre de esa manera era vergonzoso y molesto.
—¿Con quién estuviste anoche? —preguntó de repente— Llamé a Erika y me dijo que te habías quedado con un tipo en un bar. Algo sobre que más gente supiera que estabas con el mejor— Parpadeé porque me tomó de sorpresa, pero rápidamente recuperé mi frialdad.
Recuérdenme matar a Erika cuando la vea.
—Eso a ti no te importa —respondí tranquilamente. Él me había engañado, le había terminado justo antes de irme con Maxon, así que no tenía porque decírselo.
—Mia por favor —suplicó sin nada de dignidad—. Perdóname, cariño, no me importa que hayas ido con otro, yo puedo soportarlo.
—Pero yo no te soportaré a ti —reprendí, tomando el pomo de la puerta— Vete antes de que llame algún vigilante y te saque a patadas de mi casa. No quiero hablar contigo de nuevo.
—Lo harás Mia, así tenga que conquistarte de nuevo. —Cuando no dije nada él siguió hablando. — Te veré mañana en la universidad. Y por favor, no escuches los comentarios y chismes de la gente.
No respondí y le cerré la puerta en la cara, no quería hablar con mañana ni nunca, pero sabía que no se iba a rendir tan fácilmente. Eso era lo malo de darle alas a un chico como Collin, creían que podían lograrlo todo. Que equivocado estaba. No lo iba a perdonar por nada del mundo. Yo no era una chica que perdonara un engaño de ese tipo.
* * *
Me vestí con un vestido por encima de las rodillas rosa vieja, los tacones de diez centímetros y llamé a mi estilista personal para que me hiciera los mejores rizos que podía hacer. Iba a salir en la televisión y tenía que estar lo más presentable posible, mi padre iba hablar sobre el nuevo hospital que estaban inaugurando y su única hija tenía que estar allí sonriéndole a la multitud de admiradores.
Cuando mi padre entró en el coche en cual lo estaba esperando solo me saludó con un simple hola. Iba vestido como siempre, con un traje con corbata gris. Un vestuario aburrido si me preguntan, pero él decía que imponía respeto. Le dio la orden al chófer y guardaespaldas de que arrancara y este lo hizo rápidamente, mirando mis piernas por el retrovisor disimuladamente.
—¿Por qué carajos terminaste con Collin Williams? —Me sobresalté al escuchar la seria y dura voz de mi padre. Él no me miraba, estaba viendo algo en su teléfono inteligente.
—Porque era un idiota —susurré mirando la ventana. No quería contarle a mi padre que mi novio me había engañado.
—¿Te engañó no es cierto? —preguntó de nuevo, esta vez había un tono de irritación en su voz. Como si todo aquello fuera mi culpa.
—¿Cómo lo sabes?
—Yo lo sé todo Mia. Tal vez deberías ver si alguien importante de los que estará hoy te gusta, podrías comenzar a pensar en matrimonio.
—Papá tengo veinte años, no me jodas con lo del matrimonio.
—El vocabulario —regañó molesto. — Vas a hablar hoy, dirás lo bueno que es tu padre y como de grande quieres ser como él. Dirás lo bueno del hospital y la magnífica labor de todo, te quiero sonriente y alegre, como si de verdad te importara el hospital. Prometerás visitarlo y llevarle juguetes a los niños, también te quiero ver hablar con el ministro, el tipo ha estado un poco duro y sé que le caes bien.
—La haré, pero no saldré con el de ninguna manera. —Cuando dije esto mi padre dejó de ver su teléfono y me miró a los ojos. Inyectándome tanta frialdad como yo lo hacía.
—Vas hacer lo que yo diga Mia. —Su respuesta no hizo que el propio chofer se incomodara. El ambiente era hostil, me pregunté cuando mi padre y yo habíamos llegado a ser tan fríos.
Cuando mi madre murió él era tan cariñoso conmigo como suponía en la televisión, siempre me compraba cosas y estaba muy al pendiente de mí. Decía que yo era como un sol; pero después de un tiempo fue cambiando, ya no era yo si no mi hermano por quien se preocupaba me dejó a un lado y por mucho tiempo sufrí por ello. Luego mi hermano mayor murió y él se tornó aún más frio, desde entonces nuestra relación siempre ha sido para aparentar.
Aunque eso no quería decir que mi padre fuera una mala persona, nunca lo había visto dañar a nadie. Y nunca me obligaba a estar con algún amigo suyo, siempre lo dejaba a mi elección, al que agradecía, porque no me veía casada con un político.
—¿A qué hora puedo irme del evento? —pregunté, cambiando drásticamente de tema.
—En cuanto termine el discurso, hablas con el ministro y luego si quieres te vas. Pero recuerda decir que tienes algún importante proyecto que hacer, no digas que te vas para irte a vaguear con tus amigos.
—Lo que tu digas padre. —Mi murmuro salió entre cortado, pero no me importó. Seguí mirando la ventana hasta que legamos. Ninguno de los dos dijo nada más.
Había una pequeña multitud de personas reunidas al frente del escenario, la prensa ya estaba tomando fotografías mientras mi padre daba su discurso. La gente tenía una expresión de agradecimiento y alegría en su mirada cada vez que veía a mi padre, y más de un chico había gritado que quería casarse conmigo. Mi padre solo reía y le decía que tenía que hacer mucho para conquistarme, eso era solo una pantalla. Él odiaría verme casada con un ciudadano cualquiera.
Sin embargo, la inauguración siguió su rumbo, más personas llegaban a cada segundo y sabía que estaba siento grabada en vivo. La televisión nunca me había incomodado y como ordenó mi padre, estaba tan sonriente que me dolía la mandíbula.
Me concentré en mi padre mientras él hablaba de lo maravilloso que iba hacer ese nuevo hospital y que las personas más necesitadas podrían ser atendidos sin ningún costo. Casi reí cuando dijo que había estado muy preocupado en meses por que no habían suficientes hospitales y que estaba tan feliz por abrir uno nuevo, agradecía al presidente y al gobernador y esperaba tener un lugar en los corazones de todos, pero solo eso, él no quería nada más que un reciproco amor.
Si, como no.
Cuando fue mi turno, hablé sobre lo importante del nuevo hospital en la ciudad, sobre lo maravilloso del gobierno y por último elogié a mi padre por ser tan buen hombre y por ayudar a los más necesitados. Él sonrió y me dio un beso en la mejilla cuando terminé, le sonreí falsamente, solo mostraba algún afecto por mi cuando estábamos en público. En privado solo me hablaba para darme ordenes o reprenderme por algo.
Las personas aplaudieron emocionada, recorrí con la vista a la multitud y vi a Collin aplaudirme con una radiante sonrisa. Erika estaba un poco más allá, me dio un pulgar arriba en señal de apoyo y le hizo una fea mueca a mi padre.
Pero entonces mis ojos se encontraron con los de Maxon, me miraba fijamente, su expresión no la podía descifrar, pero no estaba contento. Cuando alcé una ceja interrogativa, solo sonrió de lado. Estaba vestido de n***o, con una chaqueta de cuero.
El hombre amaba el cuero. Pero le quedaba exageradamente bien.
Tal vez era una idiota, pero internamente estaba esperando a que Maxon diera señales de vida. Había pasado una semana desde la noche en la que estuvimos juntos y aunque principalmente no quería tener ningún contacto con él, mi cuerpo lo quería, quería volver a besarlo, o que tuviéramos alguna molesta y sarcástica conversación. Y eso era malo, muy malo.
Maxon observó a mi padre alejando la atención de mí, pero mi padre no lo vio, estaba demasiado ocupado saludando al ministro. Me reuní con ellos y lo saludé alegremente, si es que podía estar alegre en esta situación. El hombre rápidamente olvidó a mi padre y se enfrascó en una conversación conmigo sobre el gobierno.
Después de una hora traté muchas veces de cortar la conversación y buscar alguna excusa para irme, pero el viejo seguía tomándome de la mano y hablándome de lo suave que eran.
Mi celular sonó interrumpiendo su babosa conversación, agradeciendo a quien me estuviera llamando me excusé y alejé del lugar. Saqué mi teléfono y descubrí que era un número privado. No pensé en contestarlo, podía ser Collin para que volviera con él, o una de los amigos de mi padre, siempre le daba mi número a quien mostraba interés en mí.
Pero entonces podría ser importante. Antes de que cortaran la descolgué el celular. —¿Hola?
—Gatita que lindo escucharte. —La voz de Maxon hizo que me estremeciera, su tono era burlón y me enojaba como la mierda, pero no colgué la llamada, en vez de eso, miré alrededor, buscándolo.
—¡No me llames así! ¿Cómo conseguiste mi número de todas formas? —pregunté, tratando de parecer aburrida.
—Siempre consigo lo que quiero —respondió, con un tono tan arrogante como el de mi padre.
—¿Qué quieres Maxon?
—Verte —respondió, con una voz tan sensual que mi pulso se aceleró aún más.
—Eso no va a ser posible —respondí, mirándome la manicura que combinaba perfectamente con mi vestido.
Quería verlo, aunque nunca lo admitiría en voz alta. Si mi padre se enterara de que estaba hablando a escondidas con un chico que vestida de n***o y manejaba una motocicleta me cortaría la cabeza. Maxon tenía dinero, pero su personalidad era completamente distinta a lo que quería para mí.
—Vamos, no te hagas la difícil, nunca ha funcionado conmigo.
—Vete a la mierda —dije a punto de colgarle el teléfono.
—Te veo en diez minutos en mi auto, estaba aparcado justo fuera del hospital que tu padre está inaugurando.
—¿Y si no quiero ir? —pregunté, haciéndome la difícil, tampoco se la iba a ser tan fácil al chico.
—Mia quieres hacerlo, admítelo. —Su voz era intima. — O tengo que recordarte la vez que me prometiste que no pasaría la noche conmigo y recuerdo perfectamente tu cuerpo desnudo encima de mi mientras te movía...
—¡Bien, entendí! —respondí sintiendo mis mejillas sonrojarse— Iré, pero no quiero que mi padre me vea contigo.
—¡Oh tan malo no puedo ser gatita! —Casi poda ver su maldita sonrisa.
—¡Deja de llamarme gatita! —Colgué la llamada antes de escuchar su risa. Maldito idiota, odiaba me gustara tanto su seguridad en sí mismo.
Camine rápidamente tratando de que el ministro baboso y mi padre no me vieran, estoy segura de que si lo hacen me enfrascarían en otra conversación aburrida y sosa. Las personas me saludaban al pasar, no conocía a ninguno, pero les di una sonrisa alegre y les deseé un buen día. Gracias al cielo Collin se había ido, porque si no trataría de convencerme que volviera con él. De nuevo.
Toda la semana lo había hecho, me tenía tan cansada con sus disculpas sin sentido. Incluso había estado a punto de personarlo solo para que dejara de perseguirme.
Tendría que hablar con mi padre para que me prestara a uno de sus guardaespaldas y le advirtiera que dejara de seguirme como un perrito faldero. Por ahora tenía que preocuparme por el hombre que había estado en mis pensamientos esta semana.
Había estado esperando verlo durante siete días, pero cuando lo vi de pie en la puerta del coche mi respiración se aceleró y me quedé por un momento sin aire. Ahora no tenía los efectos del alcohol en mi sangre, y ya que era de día podía observar aquellos detalles que había pasado por alto aquella noche.
Como por ejemplo que sus ojos me parecían conocidos, en realidad su cara me parecía muy conocida, pero no lograba descifrar de quien. Llevaba una playera negra y unos vaqueros del mismo color. Sus mocasines negros y unos lentes de sol del mismo color. Si no fuera porque se veía tan atractivo me hubiera reído de su look emo.
No llevaba piercing en la cara, ni siquiera un poco de maquillaje lo que hacía que su atractivo aumentara. Tenía una piel que cualquier chica envidiaría, y unos labios ¡Dios sus labios! Pensamientos de donde estuvieron hace una semana me inundaron, y tuve que concentrarme en ignorarlos si no quería sonrojarme como un tomate.
Mientras iba caminado sentí su mirada descarada en todo mi cuerpo, cruzó sus brazos sobre su pecho y esperó relajadamente mientras yo me acercaba. Miré hacia todos lados esperando que nadie que mi padre conociera me viera, aunque eso era casi imposible.
Cuando llegué me mantuve lo más alejada de Maxon, tenía que hacer todo lo posible por no caer en la tentación.
—Aquí estoy Maxon —dije mirándolo a los ojos— Ya me viste.
—¿Por qué no entramos? —preguntó con seriedad— Tú padre nos puede ver.
—Buena idea —le dije acercándome para entrar al auto. Pero como lo sospechaba Maxon no me dejó pasar tan fácilmente.
—Estás hermosa gatita —susurró besándome levemente en la mejilla. Si mi estomago no hubiera rugido en aprobación hubiese ignorado su comentario.
—¿Por qué insistes en llamarme gatita? —pregunté, poniendo mala cara. Él solo sonrió de lado y se acercó para susurrarme en el oído.
—Porque tienes los ojos que un gato envidiaría. —Dicho esto, mordió el lóbulo de mi oreja haciéndome gemir de placer.
Giré mi cara para hacer lo que estaba esperando desde hace una semana, para conectar mis labios con los suyos y perderme en su rico sabor. Él pareció querer lo mismo, porque giró su cara también quedando a centímetros de la mía, mirándome a los ojos con deseo.
Entonces, una voz que pensé no escucharía aquí habló, dejándome helada y confundida.
—Vaya hermanito no sabía que tenías esos gustos. —Vi a la perra punk mientras se acercaba a nosotros con una sonrisa engreída.
—Nora ¿qué haces aquí? —preguntó Maxon y por primera vez noté que estaba incómodo.
—Vine a ver que era más importante que llevarme a casa del tío —respondió, mirándome con un odio increíble—, pero no creo que esto valga la pena.
—¡Hija de puta!
Me abalancé hacia ella, pero Maxon me tomó de la cintura antes de que pudiera alcanzarla—¿Qué mierda haces aquí? ¡Collin ya se fue!
—¡Oh no estoy aquí por tu ex! —Su risa hubiese sido hermosa si no fuera por el toque malvado y frio que tenía en ella— Estoy aquí por él.
Y entonces fue cuando me di cuenta. Comprendí a quien se me parecía Maxon, él se parecía a Nora, la perra punk, porque ellos eran hermanos.